Supo caminar como dueño de casa

El escenario esta vez no es el mismo, pero los rivales sí. Planteles pasan, clásicos quedan y desde ahí emergen figuras que consolidan o promueven su estatus en la memoria del hincha. Es ese partido que va en la piel, mucho más que puntos.

Iván Zamorano, combatiendo la convicción del entrenador Jorge Valdano, se había mantenido firme en la tienda ‘merengue’. El delantero chileno no estaba dispuesto a soltar así como así la oportunidad que una vida llena de sacrificio le había dado: jugar en el Real Madrid. Tras romper redes en el Sevilla, el desafío de usar la 9 de Hugo Sánchez parecía exigente, pero a la vez insaciablemente atrapante. El hogar que se mueve.

No fue sólo Iván, todo un país acompañaba el destino del goleador, semana a semana, frente al televisor. No importaba el club, Zamorano lograba la trascendencia y enorgullecía a un pueblo desacostumbrado a observar de cerca -aunque fuera a través de un compatriota- el significado de rodearse, codearse con la elite. Por esos años, un fútbol chileno aislado y de escaso peso internacional, se sujetaba en los hombros de Iván, y con él cabeceaba.

Un buen primer año, una pésima segunda temporada, y una tercera que se brindaba como improbable. Valdano aseguró que sería la última carta en todo. Pero testarudo, confiando plenamente en sus condiciones, en el valor del trabajo diario y en la importancia de sentirse respaldado por millones, se quedó. Hubo muchos que desconfiaron, que creyeron que sólo anteponía un arcaico orgullo, pero nadie es grande sin un resto de él. Y ya en la fecha 16, frente a Barcelona, era titularísimo y el cobrador de su equipo. Valdano, no se cazó de su intención inicial, demostró flexibilidad, pero también aprendió una buena lección: los prejuicios tampoco son sanos en el fútbol. Hasta el día de hoy se la tiene que tragar.

El Bernabéu está hasta las banderas, el equipo de a poco comienza a adquirir sustancia; Laudrup ha rejuvenecido, y tanto el joven Raúl como Amavisca facilitan los espacios de un ataque que comanda Iván Luis. Hay mucha pica, por el significado de estar frente a frente, pero también por los últimos antecedentes. El laureado Real Madrid no vive precisamente un momento estelar de su historia, más bien parece resignado a un segundo plano internacional, y también nacional; a diferencia del Barcelona de Cruyff, que lo ha ganado todo y que lleva el mote de ‘Dream team’. Pero la expectativa madrileña está en el borde alto; el cuadro catalán ya no domina el juego como antes, mientras el de Valdano goza de un nuevo aire. La última vez que estuvieron cara a cara, Barcelona le endosó un 5-0 inapelable al equipo de la capital. En el túnel la respiración no dejó de ser agitada, además de miradas sin demasiada cordialidad. Se vive como lo que pretende, como clásico.

El Madrid no dio tiempo, salió sin preguntarse cómo, simplemente a matar. La inercia dejó a Iván a 15 metros del arco y sacudió la zurda: ángulo y 1-0. 5 minutos y el Bernabéu deliraba, Zamorano lo festejaba sin bajar los decibeles.

El 9 del Madrid jugaba su partido; hueviaba, picaba, se asociaba, incluso creaba. Así llegaron varios, algunas terminaron en gol. Dos, y la revancha a manos del desahuciado. 3-0, «Bam Bam» el epicentro. La segunda parte mantuvo el ritmo protagónico del chileno, que estuvo presente en ambos goles que sellaron la revancha. 5-0 y un festejo colectivo. Nada contra el ‘barza’, sólo disfrutando junto a el nuestro.

No hay tregua, es resquemor perpetuo, una cosa de piel. Barcelona versus Real Madrid, el mundo observa. En su historia, Zamorano supo caminar como dueño de casa. #BB

Acerca de Roberto Meléndez 414 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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