Ya no le compran

Hasta hace poco, cada vez que debía referirse a Alexis Sánchez, lo hacía con una sincera sonrisa en el rostro; incluso cuando debía consignar sus errores, explicaba apuros y excesos con frases como “el muchacho tiene espíritu”, “es un ganador”. Sin embargo, en un par de semanas -aunque fruto de un proceso más profundo-, tanto el semblante del técnico, como la textura de sus palabras, han cambiado.

Recuerdo el clásico de Arsenal frente a Tottenham en White Hart Lane la temporada pasada. Ambos equipos, escoltas del sorprendente Leicester, se jugaban probablemente el último cartucho para presionar en serio al puntero. Además, el conjunto de Ranieri esa jornada tan sólo había conseguido un empate. Era el momento. Tottenham salió a barrer; Arsenal, con sello contemplativo, a calibrar el juego. Pudo ser goleada para el local, no obstante, Alexis lo igualó cuando menos se esperaba -golazo- e incluso estuvo cerca de ganarlo sobre el final gracias a otra gran jugada del chileno que desperdició el invento de Ramsey.

Una vez acabó el partido, tanto Wenger como el resto de sus muchachos festejaron la igualdad con abrazos, en semblante aprobado. El título, definitivamente, se escapaba como chance, pero ellos se sentían conformes tras el esfuerzo y con no perder en casa enemiga. Light. Europeo. El fútbol es tan sólo un juego. Alexis, sin mirar a nadie, con la vista clavada en las emociones, se fue solo puteando todas las células del ecosistema, abatido y enrabiado ante el fracaso. Con apenas dos años en el club, se expresó como si fuese un jugador promovido desde las mismas inferiores, sintiendo a fuego la pertenencia de la camiseta; aunque en este caso, su camiseta no muta y siempre es la misma, desde la pichanga de Tocopilla, esa de piel brava que refleja el fútbol pasión.

El sábado, al enterarme de la noticia de que sería suplente frente a Liverpool, un partido tradicionalmente importante y más viendo que disputan punto a punto un lugar para la Champions League de la próxima temporada, junto con caer en un obvio escepticismo, corrí a prender el computador e intentar buscar alguna causa que lo justificara. No pillé nada, e incluso confirmé que físicamente estaba 10 puntos. Insólito. Obviamente, como chileno, quiero ver jugar a Alexis, me embalo, grito sus goles, me proyecto un rato. Inevitable. No sé cuántos partidos he visto de Arsenal durante estos tres años, pero son muchísimos. Y lo odio. Detesto su expresión cansina de jugar, el lujo que sobra cuando el equipo es chico y la tiritada de piernas que aflora cada vez que el momento es de verdad o el de al frente pone cara de perro. Todo muy en línea bajo el manto deslavado de su técnico, quien ciertamente construyó desde su perfil un club mejor pero que no supo renovarse frente a la intensidad del fútbol actual. Intensidad que sí demuestra Alexis Sánchez. Y el contraste es absoluto.

“Quería jugar con dos jugadores altos cerca del área para disputar los balones aéreos”, fue el razonamiento dado para la suplencia de Alexis. Definitivamente algo estúpido; no sólo porque el 7 es su mejor jugador – y por escandalo- sino que además renuncia al discurso que siempre ha defendido, ese de toque fino y juego a ras de suelo. El equipo de Klopp, que venía a los tumbos, solo necesitó de predisposición para aplastarlos. Y Alexis, enviado de urgencia inmediatamente en el segundo tiempo, requirió solo de 3 minutos para inclinar la cancha y a los 10 ya asistía para el descuento.

Dicen que al técnico le molestan los gestos de Sánchez cuando las cosas van mal. Puede ser. Pero quien ha entrado a una cancha sabrá que cuando las cosas no van, al menos hay uno que debe gritar y putear. Por reacción, por efecto latido, porque la hueá no puede ser tan light. Tal vez se excede. Pero nada que dos adultos no puedan conversar. No. La verdad subyace al insomnio mismo de autoridad que vive el estratega y que el delantero nacional ha hecho notoriamente visible. Porque Alexis brilla igual y desborda espíritu competitivo, y no juega como si se hablara gentilmente de la vida en una sobremesa.

Wenger no sólo es el técnico de un equipo, es el manager y ocupa un rol clave en las finanzas del club; es verdad, en la faceta de los números azules es un mago, comprando harto francés barato y saliendo cuartos año por año. Pero la vitalidad de Alexis les recordó a esos hinchas que la celebración en el fútbol está en la cancha, y no en un banco. Y ya no le compran, menos si al mejor lo pone en la banca para ir a ganar un cabezazo que nunca ganó. #BB

Acerca de Roberto Meléndez 414 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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