¡Vamos, muchachos!

Jugar contra Argentina tiene su propio cuento, no solo se trata de un país vecino, sino que también de una nación profundamente relacionada al fútbol, desarrollando a través de este toda una cultura que se vive segundo a segundo. Pero, además, ha sido especial en nuestra historia porque durante decenas y decenas de años supo ser una cordillera infranqueable. Evidentemente los tiempos de desarrollo y profundidad conceptual entre un fútbol y otro no iban de la mano, aunque aquello pueda ser bastante objetable al presenciar diariamente el nivel y el alcance de la discusión que se aprecia en medios argentinos, con técnicos y jugadores involucrados. En definitiva, la posibilidad que hoy nos brinda la inmediatez de la información globalizada ha expuesto más allá de los rumores, y sin cortina queda claro que tampoco daba para tanto.

Por nuestra parte, el fútbol ha caminado por vías contradictorias: fielmente popular, pero excluido de la valoración trascendente. Seguramente en esto tienen que ver mucho los resultados, pero también la expresión de juego. La Roja siempre tuvo niveles de aprecio y apoyo que escapan a cualquier institución del país. Queremos a nuestro equipo, el Nacional generalmente se ha llenado, desde siempre, de hecho, antes más que hoy, cuando los precios están ridículamente altos. Sin embargo, la personalidad con la que juega esta versión de la selección chilena compromete en un sentido más amplio. Este equipo no espera que las cosas pasen, fabrica que ocurran, en una mecánica grupal, y ciertamente ese es un eslabón nuevo en nuestro idioma patrio. Al menos desde su impacto.

¿Asegura aquello un buen resultado para hoy? Por supuesto que no. Las cosas claras: favorito es la albiceleste. Y en ese reconocimiento no hay complejo, más bien una simple descripción perceptiva. Jugar de local inconscientemente ayuda y en el 11 inicial tienen a varios de los mejores jugadores del mundo. Pero eso no quita a Chile sus opciones. Este deporte no es una suma de obviedades; existe una estructura colectiva, estrategias, inspiraciones individuales, errores inesperados, fortuna e infortunios. Las ausencias de Vidal y Díaz son importantísimas, ambos son jugadores calados y determinantes en su función dentro del sistema, pero aquello abrió un desorden inspirativo en el técnico rival: Bauza ha creído que Chile no tiene mediocampo y ha descuidado el suyo, envalentonándose con un cuarteto ofensivo que da miedo: Messi, Di María, Agüero e Higuaín. ¿Pero si así jugó Argentina en el mundial de Brasil? Sí y no. Para las rondas avanzadas mutó y el técnico no era bauza, quien nunca ha jugado de esta manera. La presencia de Fuenzalida, por ejemplo, responde a lo mismo: tapar el ala de Di María y sumar presencia en el medio terreno. Argentina puede ser capaz de hacernos ver muy mal si logra imponer los términos, pero no sería extraño que si Chile juega aplicado, con calma y personalidad, pueda quebrar el circuito y adueñarse del balón por pasajes importantes. En la medida en que el juego esté equilibrado, el tiempo correrá a favor nuestro. El fútbol tiene mucho de emocional y los desesperados son ellos.

La primera vez que fui a ver a la selección tenía 6 años: perdimos 0-1 con Argentina. Nunca antes me sentí tan chileno porque puta que me dolió. Hoy no vamos a ser menos ni peores chilenos si se pierde, ni tampoco mejores si se gana en Buenos Aires, pero vaya que sería trascendente un gol de Alexis en el minuto 90. ¿Lo podrán fabricar? Jugando como equipo han logrado lo que nunca y quizás hoy agreguen nuevas palabras a este idioma, y a este cuento que de a poco ha ido cambiando. Ya quiero que empiece. Me dio sed. ¡Vamos, muchachos! #BB

Acerca de Roberto Meléndez 391 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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