Una postal inolvidable

Se jugaba el tiempo suplementario y Argentina buscaba, sin demasiadas ideas, el gol que tranquilizara la fatiga del estrés por esos 23 años sin títulos. Lo mejor para la albiceleste parecía haber pasado: fue cuando se dedicaron a jugar, once contra once, y presionaban bien Chile, además le llegaban. Sin embargo, tras la expulsión de Marcelo Díaz, sintieron el peso de verlo tan cerca, de verse atorados y sin derecho a los matices: no habían excusas y eso confundió la convicción con prepotencia. El equipo de Messi se olvidó de la pelota y comenzó a usar la suela de los zapatos, desnaturalizando la guapeza. Con uno menos, la selección chilena supo reagruparse y redoblar la concentración. Los nervios en el rival comenzaron a llegar y la desesperación se ilustró en Marcos Rojo: patadón desde atrás a Vidal y a las duchas. No fue un hecho aislado, fue una consecuencia de las pulsaciones que nublaban al cuadro que por supuesto ‘derecho divino’ debía llevarse la Copa.

Diez contra diez, el campeón de América definitivamente se tranquilizó, y aunque le costaba profundizar, se instalaba como equipo grande conduciendo el ritmo del partido. Los dirigidos de Martino, al igual que su técnico, mostraban desesperación en todo momento, como niño mimado al que no le compran el regalo, y se ofusca y reclama. Además de seguir creyendo que podían intimidar a las patadas, cuando eso en realidad a su oponente le prendía todavía más la llama. Y Argentina se quemaba.

Las piernas flaqueaban, aunque aleonadas por el espíritu de esa deliciosa droga que es confiar en tus argumentos. Sin perfección, pero seguros. Con todo, la intención argentina seguía sumamente viva:

Messi observa a 40 metros qué hacer. Tiene tiempo para pensar mientras la pelota está detenida ahí, es lo único detenido en el mundo. Cobra la falta y el balón camina limpio y brillante hacia el área chilena. Se eleva Agüero, emboca el cabezazo. La ruta es curva, directa a la malla, camino a la redención. El aire se extinguió un momento, un mínimo momento inolvidable. Pero es el portero Claudio Bravo quien se apodera de la memoria: vuela, vuela hacia atrás, retrocediendo la dirección del destino, y estira el brazo definiendo el futuro. Alcanza a desviarla. Tapadón. El drama persigue la inmortalidad, obviamente golpea en el travesaño y se va afuera. Chile conserva el cero a cero de la mano de su arquero, de su capitán. No es Dios, ni exige derecho divino: es insistencia y trabajo humano.

Falta poco para lo mejor. Mientras tanto, Argentina siente el césped y lo terrenal le parece un infierno. ‪#‎BB‬

Acerca de Roberto Meléndez 414 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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