Una pareja explosiva

Debe ser de los hechos más comentados de estos Juegos Olímpicos. El sudafricano Wayde van Niekerk barriendo con todos sus contricantes por pista 8 en la final de los 400 metros planos, quebrando un record mundial que parecía imposible para tiempos actuales. 43,03 segundos para el asombro, pulverizando los 43,18 del mítico Michael Johnson, una marca que hasta antes de la carrera de Wayde se creía inmutable por decadas. Y en paralelo a la incredulidad del mundo y del mismo atleta, la camara de televisión recogiendo la imagen de una señora brutalmente emocionada llevandose sus manos a una cabeza de pelo blanco, bien blanco. El desconocimiento y la rutina normal de nuestros juicios, también llamados prejuicios, condujeron a lo aparentemente obvio: seguramente se trataba de su abuela, o algun familiar cercano del joven de 24 años. Sin embargo no era así; la mujer, más allá de sus 74 años bien vividos, era su entrenadora.

Wayde viene de familia de atletas, tanto su madre, como su padre e incluso su padrastro lo eran. Comenzó en el atletismo por estructura del ambiente, y también por revancha. Su familia sufrió la postergación y los obstaculos propios del ‘apartheid’, la segregación con la que se vivía en el país africano hasta no hace mucho entre colonos y originarios. Ese hecho limitó las posibilidades de desarrollo de muchos atletas sudafricanos, y con esa espina clavada construyó el sano alimento de la reivindicación, eso le dio fuerzas. la pasión era un grito de la misma genética.

En sus incios fue un destacado saltador de alto; con 2.03 metros batió el record juvenil de su país y el futuro aspectaba interesante. Claro que las rodillas sufrían y el entrenamiento le parecía monotono. Además, con la cuota de vanidad necesaria que requiere cualquiera que tenga aspiraciones insolentes, a él le gustaba la pista. Sus tiempos eran buenos, quizás no los mejores, pero bastante decentes. El cambio en breve hizo magia y el crono cada vez se detenía antes. Había más que potencial.

Paralelamente a la historia de Wayde, está ella, la entrenadora que aún no conocía: Anna Sofia Botha.

Anna es de Namibia, del seno de una familia importante. El atletismo se trataba de un deporte elite, ella lo practicaba. Con él conoció el mundo, siendo una destacada velocista y saltadora en largo. Al conocer el mundo descubrió el flagelo de las raices del pueblo que con ella conlindaba mas no se involucraba. En Namibia se vivía una situación similar a la de Sudafrica, quizás no tan exagerada, ciertamente menos mediatica. Anna decidió ser entrenadora de todo aquel que la requiriese, fuese alguien blanco, negro, un extraterrestre o Salfate. Con los años ganó reputación, por su arrojo, quizás descaro para la época, pero también porque lograba resultados.

Se conocieron en el mundial juvenil del 2010, pero sería recién el 2013 cuando comenzaron a entrenar juntos. Fue ella quien se le acercó a él. Lo normal, Wayde es timido, ella una chica atrevida. Se ofreció para mejorarlo, sin ánimo de lucro inmediatio, simplemente porque observaba que el muchacho tenía con qué pero no lo estaba aprovechando. Dudó en un primer momento pero los comentarios acerca de Anna eran extraordinarios. Al aceptar se le vino el infierno. La apacible mujer comandaba una rutina severa y modificó gran parte de todo lo que antes había hecho, comenzando por la distancia a competir. De la velocidad pura de los 100 y 200, a la vuelta completa. Los que saben dicen que es el entrenamiento más crudo que se puede llegar a tener. Y así fue. La razón del cambio de distancia no estuvo dada por la existencia de Usaín Bolt, sino que principalmente porque el atleta sufría de continuas lesiones en los isquiotibiales, y en la basta experiencia de Anna, el entrenamiento debía mutar y desde ahí aspirar a otro tren de carrera; uno suicida, pero que sería efectivo.

Después de dos años de vomitos, vomitos y más vomitos, el flaco pasaba de dar la vuelta de correctos 45 segundos a 43.48 y campeón del mundo. Parecía ser un milagro, pero fue simplemente un gran, un fabuloso trabajo. Nunca le restó velocidad, sólo le aumentó una potencia que ella creía podía ser trabajada. Demás está decir que el día que fue campeón del mundo se fue derechito a la clínica. Es que la carrera de Wayde van Niekerk es de kamikaze: sale con todo y no se frena. Cubrió los últimos 100 metros en más de 12 segundos, con la lengua afuera, pero lo ganó cómodo.

Con la ruta clara había que insistir en la resistencia y esta vez fue campeón olímpico con un record del mundo técnicamente impecable.

Ella confiesa que su metodo es trabajar con mucha pasión, observar intensamente a sus pupilos y rescatar todo lo rescatable que exista en el trabajo de otros. No se cree el cuento. Y tiene cuerda para rato, pues asegura que quiere seguir entrenando, porque esa es su vida y así quiere extinguirla, con fuerza y muchas emociones.

Wayde ahora va por bajar la barrera de los 43, algo hasta hace poco humanamente imposible; pero con Anna, asegura que hay que estar preparado para lo imposible. Ahora se toma un descanso, no quiere pensar demasiado en la vuelta a los entrenamientos. #BB

Acerca de Roberto Meléndez 414 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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