Una noble batalla nocturna

Sólo quería la cama, irme a negro y no volver más hasta el día siguiente. Respiración trastabillaba, piernas que latían y la cabeza recorriendo aún el gol perdido. Una ducha breve, el plátano típico y a rendirse. Me eché, puse un rato a The Doors y redacté un mal mail. Pensé en escribirle un mensaje a ella, pero a decir verdad, no tenía nada qué decirle y llega el momento en la vida de un hombre en que ya te cansas de buscar excusas.

Al día siguiente me esperaba un placido viaje en el metro y recorrer un par de amables oficinas de lo publico. Asustado, cerré los ojos y traté de pensar en cosas mejores, sin embargo, ese gol desperdiciado me seguía dando vueltas, ‘debí meterle tres dedos de primera’, lo tenía claro y eso era peor. Con todo, luego de los cachos, ya tenía claro que mi destino sería un barros Luco en alguna vieja y estilosa fuente de soda. Eso me calmó y ya nada era tan malo.

Cuando el silencio parecía que se apoderaba de mis pensamientos y el cuerpo desintegrarse, un ruido conocido acechó mi oído derecho. ‘Tsssss’ y la sensación de un vuelo lento, rasante y convencido. Apliqué un rápido derechazo que pasó de largo hasta mis mejillas y la vil amenaza seguía por ahí. “Zancudo de mierda”, lo amenacé a viva voz y encendí la luz. Levanté mi cuerpo molido y fui por él. Astuto, había desaparecido.

Me acosté nuevamente, esperando por su arremetida. Era su instinto, sabía que volvería; como ella sabe que en algún momento llegaran las excusas. Son instintos.

En el velador un libro pretencioso de palabras complejas, sólo de palabras complejas; intelectuales rebuscados. Me acordé de mi viejo un rato, puse Gipsy Kings y por unos minutos, lo pasé bien. Cuando la imaginación le estaba ganando al presente, ‘Tsssss’ y a la guerra nuevamente.

Era gigante, jurásico, de otros tiempos. Sorprendido le mandé un par de cachetadas que esquivó con talento. Era un digno rival, así que lo tomé con seriedad.
Mientras perseguía su camino, observé en el espejo que sigilosamente ya me había dejado un regalito en la frente. “Ahora si que cagaste”, lo increpé y fui por la venganza. Cuando lo tenía capturado, sentí compasión y audazmente lo arrinconé al punto que le di salida por la puerta de mi pieza. La cerré, me puse mentholatum en la frente y volví a intentar dormir, pero no pasaron ni 5 minutos y había regresado; le gustó mi sangre y dos momentos de compasión son para mejores almas que la mía. ‘Tsssss’, gire mi cuerpo con una movilidad que no se veía desde los 9 años y sujetando una zapatilla, le planté mi mejor revés.

Al día siguiente vi su cuerpo aplastado sobre la pared, también una roncha kilométrica arriba de mi ceja izquierda. Fue una noble batalla nocturna. #BB

Acerca de Roberto Meléndez 414 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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