Un año de regalo

Su nombre es Tony Skeffington, vivió 51 años, aunque debieron ser sólo 50. Trece meses atrás le descubrieron un avanzado cáncer que ya le estaba haciendo el hoyo del cajón. Así se lo dijo el médico, quien le dio cuatro semanas de vida. Una vez Tony tragó lo que venía para él, no dudó, entró a su casa y raptó los gemidos de su mujer, la chica que amó desde la primera cerveza en el bar. Sabía que sería una mierda, pero los segundos con ella valían la pena, y quiso lucharla. Pero esa lucha no la hizo solo, fue junto al equipo de su barrio, al que seguía a la hora que fuese desde Australia, con los fracasos de siempre, sin dudar de ese apego.

Leicester, el club de sus amores, pasaba el critico momento de estar al borde del descenso, pero a pesar de eso y que tenía las horas contadas, Tony no cedió y fielmente continuo mirando los partidos. No se trataba de tiempo. Y aunque le quedaran migajas y los posibles resultados minaran el ánimo, tan sólo el hecho de hacerse parte y proyectarse en los colores que definian buena parte de su historia y de su vida, parecían ser argumentos definitivos. El argumento de la felicidad, que no es andar cagado de la risa o arriba de un yate, es sentir que la vida cruje adentro del cuerpo.

Inesperadamente Leicester comenzó a ganar y ganar, salvándose así del descenso. Tony tomó aire, mejoró el semblante, gritó goles y también uno que otro orgasmo. El pillín le estaba haciendo el amague al diablo, e incluso se rumorea que se dió más de algún gusto comiendose un par sanguchitos. El desahuciado seguía vivo, comenzó un nuevo torneo y el modesto Leicester seguía ganando.

Hace menos de un mes Tony concedió una entrevista en la que se declaraba reencantado de vivir, disfrutando la salida del sol cada día, fascinado con los besos de su mujer y excitado con la campaña de su Leicester, que al igual que él, estaba rompiendo con todos sus pronósticos. Lamentablemente, Tony falleció hoy, es cierto que se lo estaba pasando en grande, pero su cuerpo dijo basta, necesitaba descansar; la adrenalina de los 90 minutos eran un buen placebo, lo mismo que las caricias de su chiquilla, pero el dolor era intenso y ya le quemaba hasta la voz. Gritó el último gol de Vardy, puteó al arbitro y en ningún momento dejó de ser hincha.

Ella lo despidió con un “Te amo”, Leicester con la punta del torneo a cuatro fechas del final. No alcanzó a ver el desenlace, pero se regaló un año más de vida, un año más de besos y vibró como se hace cuando pendejo cada encuentro de la temporada. Y pudo imaginarlo cierto, porque lo imaginó durante 50 años, pero este último lo sintió posible, y con esa sensación en el pecho, cerró los ojos. #BB

Acerca de Roberto Meléndez 414 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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