Sin rehenes, Chile va a Rusia

Al autodeclararse un rehén consiguió el descredito y de esa forma la vía de salida, porque sólo un golpe bajo al orgullo podía destrabar la amarra que lo sujetaba. Ni siquiera su oscilante discurso, ni tampoco su sueldo tributado en paraísos fiscales -grave- logró el impacto que provocó su declaración al pastel del Caco Villalta. Ya no hay más vueltas, el fin del tiempo de Sampaoli en la banca de la roja es un hecho, una sentencia que su propia lengua persiguió. Irritó a enemigos, sacudió el piso de amigos; nunca fue claro, salvo cuando quiso poner el punto final, y de la peor forma, sin dar la cara, mandando al Caco Villalta. Sí, es verdad, al Caco Villalta.

Esgrimió razones, blandas, algunas atendibles, aunque las reales estaban en la cancha, porque ahí está la verdadera obsesión y su paso por Zúrich lo confirma: Sampaoli quiere dar el salto, ya no aguanta tener que ver partidos por el CDF -normal-, Chile le quedó chico o eso piensa él, y esa razón, la real, quema la piel de todos. Tiremos toda la mierda del mundo, asociémoslo con Jadue o culpemos a Jadue, digamos que sólo le importaba la plata o que en realidad no le llegaba ni a los talones a Bielsa, incluso podemos ponderar el rol de la prensa -que harta caca tiró- o que en realidad de fútbol no tenía idea; saquemos la mierda, qué importa, si esto es fútbol y somos hinchas. Pero la realidad es que Sampaoli nunca se vinculó con el país como nosotros queríamos, nunca lo quiso como pretendimos que lo quisiera; para él esto ha sido un trabajo, uno apasionante y del que seguro está agradecido, pero jamás su causa ni su último destino, y eso siempre huevió, siempre fue un puñal al ‘chilecentrismo’ que nos identifica. Y para él, luego de todo y sumado lo que vino, ya había llegado el momento de volar; fugarse según sus términos. Rompió con nosotros de la peor manera, al mensajito subrayado.

La gozamos viendo jugar a la roja de Sampaoli, un equipo atrevido, corajudo, que volvió a la vida luego de la noche de las poleras negras en el monumental tras el fin de Don Marcelo; la remontada en esa eliminatoria en que quedó claro que la banca es clave y que no se trata sólo de poner jugadores buenos para la pelota, como era el discurso que imperaba por esta tierra antes del 2007; el triunfo a España, la Copa América ganada o ese último 2-0 a Brasil que pareció tan natural y de equipo guapo. La pelota no se mancha y en el juego Sampaoli no fue anécdota.

También estuvo el agravio, porque no asumió la responsabilidad ni fue valiente a la hora de resolver; adujo sobre su imagen, pero él jamás salió a dar respuestas ni aclaró nada, la verdad está en su voraz deseo de estar en Europa. Asumirlo desde este lado saca chispas y no hacerse cargo a tiempo desde su lado una pendejada. Jadue lo maniató porque era su caballo de batalla, pero él ingenuo no fue. Tampoco quiero crucificar, porque no idealizo lo que somos, la cagamos, callamos y faltan cojones, y en más de una lo de al lado es menos importante, mucho menos, que lo que se busca.

Arturo Salah, abra la puerta y acalle el dinero con dignidad, al menos reparta un testimonio y eduque con grandeza. La oportunidad es delicada, se viene difícil y el banco quema, pero sobreviviremos, qué no. Tuvimos a Pedro García y hasta hace poco don Nelson se autoproclamaba el mejor técnico de la selección de todos los tiempos; venimos de abajo y hay que saber gambetear, como en el barrio.

Lo pasamos bien junto a Sampaoli, no hay que ser mal agradecidos, puta que lo pasamos bien, pero toca ponerse los pantalones e ir para adelante, porque sin rehenes, Chile va a Rusia. #BB

Acerca de Roberto Meléndez 414 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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