Sin colores no tiene sentido

Para algunos era un caos, para otros una fiesta, para nadie algo desapercibido. Las calles del norte de Londres colapsaban frente al ritmo de pasos y canticos de más de veinte mil alemanes, de todas las edades, hombres, mujeres y géneros modernos. La marcha descolocaba a la usual mesura, mientras desde las oficinas del Emirates Stadium traslucía el nervio en la voz de la organización: “Está la cagá afuera”, reconocían con pánico coloquial. La hinchada del Colonia, luego de 25 años, volvía a salir del país a ver a su equipo competir en un torneo europeo. Se vivía con éxtasis, con exageración…, como el fútbol se vive cuando no se le cuestiona. Y más cuando el club no brinda Copas, sí penas, e idioma del apego.

El fervor de la visita contrastaba con la atención local, quienes a tranco lento avanzaban por un partido que no querían jugar. Tras dos décadas de elite, el tradicional Arsenal ya no escucharía el himno de la Champions; ni jugaría un martes o miércoles; ni al frente estaría el campeón de Italia, o Francia, o España; no, aquellos tiempos recientes se alejaban a medida que la cancha estaba encima, el partido a cuestas y las tribunas despobladas. Para colmo, el único jugador que ha sabido quebrar el desencanto de temporadas insulsas hasta hace poco quiso irse, hiriendo lazos.
Alexis Sánchez ya no corre de un lado para el otro por el camarín. La sonrisa le sale espontánea, aunque cada vez menos. Se siente extraño, no preso, pero sí acorralado; tal vez, de sus propias expectativas. El fin de semana oyó silbatinas en su contra; de los mismos que hace poco hacían filas por su camiseta. Los entiende, aunque no deja de molestarle, mal que mal, es su vida, y en el fútbol los segundos son más breves.

Los 2900 boletos estipulados por UEFA para los hinchas del Colonia no dieron abasto. Los guardias de seguridad fueron envueltos por la masa, mientras el flaco de la caja sudaba, temía por su vida y blasfemaba hacia sus adentros con la falsa promesa de dejar, esta vez sí que sí, el alcohol. El pobre flaco se cagó de susto. La barra, imperturbable, con la voz maciza, no dejaba de avanzar, obligando a retrasar el encuentro. Se dispusieron más boletos para la hinchada del Colonia, algo así como siete mil. El resto, con descuentos, a uno que otro bar. Los cantos serían los mismos, durante todo el tiempo: locales en la galería y con la chela.

Los jugadores del Colonia, así como su hinchada en el tablón, saltaron al campo de juego de forma explosiva; viviendo la historia, jugando a la pelota. En breve, tras cagada de Ospina y una defensa sin reacción, una bomba de 35 metros del colombiano Córdoba desataba la locura visitante. Golazo y carnaval. El público local, a los murmullos, apenas respiraba rabia; del otro lado, alegría, de esa sincera, de esa que se conoce como simplemente momentánea.

El encuentro estaba 1-1. Arsenal no lucía, pero logró empatar al comienzo del segundo tiempo. Colonia no sufría demasiado. Alexis lo intentaba desde atrás, generando juego, aunque a ratos predecible. El chileno, igualmente, una vez más mostraba ganas naturales por tener el balón, por ir al frente, por ser él. Y fue así que corrió a un mal pase hasta la línea lateral, y desde ahí comenzó a enganchar hacia adentro y ver qué pasaba, y no pasaba nada, así que siguió gambeteando hasta encontrar el área, y siguió, y ya no pensó: golazo. Derechazo cruzado y al ángulo. Goles son amores y a celebrar.

El partido terminó 3-1. No hubo grandes festejos de la parcialidad gunner, sin embargo, el siete, a su modo y poco a poco, está de vuelta, por más que tenga plazo definido. Y ganar es ganar, eso es así en cualquier pichanga. Como un golazo, que por más resistido que sea el contexto, se grita igual, y Alexis necesitaba el desahogo.

La hinchada del Colonia tragó una nueva derrota, una más, pero tanto la garganta como el sentimiento siguen intactos, porque por más que el tiempo para algunos sea más breve, sin colores no tiene sentido.

El flaco de la caja está en un bar, cantando en alemán, bebiendo schop. #BB

Acerca de Roberto Meléndez 391 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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