Silencia la historia y escribe la propia

La cancha del Rod Laver repleta. No era para menos, frente a frente el mejor jugador de la actualidad, Novak Djokovic, y tal vez el mejor jugador de siempre, Roger Federer. El favoritismo es presente y lo del actual número 1 del mundo cumplió con ello, por momentos de manera aplastante, brutalmente perfecto; la estrategia, la intensidad y la muñeca, todo en línea, y bajo la absorta mirada de quien observaba el juego, el serbio rendía una catedra maciza, y nada menos que contra su gran rival.

Un rápido 61 y 62 en apenas 54 minutos representaban sin exageración, un juego exageradamente bien pensado; desde el atributo mismo de la capacidad hasta el necesario soporte de la convicción. Un saque profundo y variado, el revés comandando la estabilidad y una derecha cruzada que dañaba en lo más profundo; y sí, profundo, cerca de las líneas, ahogándole el paso a su oponente, estableciéndolo torpe, algo increíble tratándose de Federer. Djokovic no soltó el revés de Roger, quien de esa manera extendía los peloteos, marcándose en una defensa que no le es propia; y cada vez que el vigente campeón de Australia tuvo que correr, lo hizo con el overol bien puesto, y cada vez que fue preciso soltar la mano y proponer una delicadeza, ahí estuvo eso. De devolución fue implacable, ganando casi todas las que venían de segundo servicio, su revés paralelo prendido y un registro de apenas 6 errores no forzados durante esos primeras dos mangas, un dato elocuente.

Roger Federer representa la fantástica trilogía unida de la técnica, la estética y la victoria. Sus números son claros, pero por sobre todo su juego, que engancha, emboba, saca el aplauso espontaneo y también el forzosamente apasionado, porque se supone que no se puede, y pudo. No es esa llegada con la gota de sudor en los ojos y allá, bien lejos de la línea de base aparece un passing surreal -aunque también tiene de esas-; lo suyo va en la ejecución sobresaliente, en el anticipo y mejorar lo obvio. Federer mejora el manual con su estilo. A sus 34 años sigue vigente, cerca de la cima, aún buscando más gloria; en definitiva, haciendo lo que le gusta, y eso se nota, y por eso es así de grande.

Sin embargo, hoy la cima tiene dueño, uno que no afloja ni cede en lo más mínimo en una ambición deportiva que acojona. Federer lo sabe, entiende que debe dar un poco más y en eso aumenta la presión, también su imprecisión y la consecuente irregularidad. Hay un interesante estudio que analiza la aceleración de tiro de Roger Federer en relación al resto del tour y Djokovic: contra el serbio el impacto suele venir un poco antes, eso conlleva mayor cantidad de errores no forzados, pero es acaso hoy la única vía para lograr imponer sus términos. Hoy lo que venía del otro lado lo maniataba: ni acelerando lo superaba, ni regulando lograba abrirse chances. Su saque no lo ayudaba, de revés no lograba ser profundo y con la derecha comúnmente llegaba exigido.

Todo lo anterior ocurría, la expresión de Roger denotaba impotencia y natural incomodidad; Boris Becker con semblante placido aplaudía la exhibición de su pupilo; el publico, ya sin esconderse, tomó banderas por el suizo. Local en todas las canchas, al genio le estaban dando una dura, pero el publico australiano no lo dejó solo. La máxima del tenis de apoyar a quien va perdiendo una vez más, y más si al que había que rescatar era al sublime de Basilea. Y el ídolo tampoco pretendía irse así de vapuleado, los cracks tienen vergüenza, y es esa humanidad la que se rebela e intenta modificar lo que parece sentenciado. Y aunque no le alcanzó, Federer fue digno y niveló la batalla; no sólo eso, ganó el tercer set y brindó los puntos más espectaculares, como suele pasar cuando él está en la zona y comienza a dibujar. Pundonor, aplomo y harta malla, brindando la versatilidad requerida y yendo a buscar un poco más; y si había que sacar un drop shot, pues dale. La pista se puso eléctrica y los gritos de la gente, su euforia, hacía olvidar que acá eran las 7 de la mañana. Es que había que verlo, y ese 63 para Federer lo confirmaba.

Con todo, para vencer a Djokovic, y más a 5 sets, se necesita pactar con la insolencia y que él también colabore con yerros propios; y si bien estos llegaron, tampoco fueron abundantes. Además, si existe un jugador capaz de sacar ventajas aun de sus momentos delicados, es este.

El partido vive un momento relativamente inestable, pero sumamente parejo. Federer ya dio caza en los ritmos, se avalancha e incluso gana los duelos alargados desde el fondo. 3-4 en el cuarto set, sirve Roger 15-30: luego de un peloteo sin arrugas, para todos lados, Roger la corta; lo suficientemente buena para ganar el punto en cualquier instancia, lo suficientemente larga para que Djokovic llegue; y llega, mandando flor de globo; Roger corre desaforado para atrás, quiere hacer una Willy, pero no alcanza, saca el derechazo a medio giro, a ver qué pasa; Djokovic está adelante y volea, pero vuelve, y volea nuevamente -los ‘ohhh’ de la gente están desatados-; finalmente es Federer quien con un revés paralelo a la carrera gana el mejor punto del partido. Ovación, de pie -¡Si hasta un tipo en silla de ruedas se paró!-. Federer empuña la mano y desde acá, reconozco que lo grité como si fuese un gol de Chile, es que Federer es Federer, cómo no quererlo. En el mejor momento emotivo para el ex número 1, el actual número 1 se concentra y dicta la esencia del tenis, también del día a día: punto a punto. Cara de perro y ganó los dos siguientes puntos, quebrando la secuencia como película de Hitchcock. Sorprendiendo, siendo el que es. Tras el quiebre, con su saque no dudó y lo cerró
finalmente: 61 62 36 63. Djokovic a la final, en busqueda de su undécimo grand slam, con esa admiración silenciosa que se ganan los antihéroes.

Aplausos para Roger, un icono que lo sigue intentando. Eso si, mientras tanto, por ahora y quizás por cuánto, Djokovic silencia a la historia, y escribe la propia. #BB

Acerca de Roberto Meléndez 414 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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