Siempre habrá otro partido de fútbol

Se juntaron todos en una pequeña casa con piso de tierra y una televisión enganchada a una vieja antena. Encerrados ahí sienten la ilusión de estar protegidos, aunque no por las paredes, sino porque sus cabezas por algunos minutos podrán desentenderse del ambiente, de ese miedo que los rodea. Beben algunos refrescos, como pocas veces ríen sin sentirse forzados a hacerlo y de a poco el corazón se agita moviendo los nervios de cada uno de ellos; conocen esa sensación, pero esta vez la desean, la disfrutan. La selección de Honduras está en la cancha, jugará frente a Corea del Sur por lo cuartos de final de los Juegos Olímpicos, algo impensado para muchos antes del torneo, pero ya eliminaron a Argentina en la fase de grupos y los que ahora están en esa casa lo viven con adrenalina e ilusión; ellos son hondureños, fanáticos del fútbol y sienten un sutil respiro dentro del ritmo de pendencia y bala en su natal San Pedro de Sula.

Corea del Sur domina el juego y el portero hondureño ya es figura del encuentro antes de los 15 minutos. El equipo de Pinto trata de controlar su ansiedad, de bajar el ritmo del juego, pero nada puede hacer frente al frenético transito de los coreanos. Los garabatos surgen espontáneos entre el grupo de amigos, criticando con insistencia el planteamiento de la selección catracha. “¡¡Por abajo!!” “¡¡Mete foul!!” “¡¡Qué alguno tire al arco!!”, es parte del repertorio que se escucha.

El entretiempo son 15 minutos de debate, de descanso, de espacio intermedio. Paralelamente en la ciudad por todos lados se vive algo similar. Es una pausa expresiva, un rato de paz que se atesora en medio de la tensión del partido. San Pedro de Sula es una de las ciudades con más homicidios durante el año, un lugar donde el poder está atado a las fuertes pandillas que dominan el narcotráfico. Caminar muchas veces es presenciar el miedo, cualquier espacio publico puede ser de pronto una cacería y cualquier terreno un nuevo cementerio. Sobrevivir en los barrios populares en muchos casos es anidarse a un grupo y ser un peón del delito; el resto fluye obstruido por el susto y una valentía que a veces pareciera no tener gran sentido, aunque la dignidad nunca ha necesitado caminar acompañada de la utilidad.

Corea sale fuerte y merodea las barbas del arco rival, parece ser cosa de tiempo; el mismo tiempo que luego del partido volverá a la normalidad para cada uno de esos hondureños que deben resistir el flagelo en el que viven. Sin embargo se escapa Quioto, llevando un contragolpe que parece interminable, con todos los coreanos corriendo detrás de él. Engancha, le da aire al fútbol y de un pase cambia de lado. Viene Ellis solo, entrando al área. Define suave a un costado: gol. Explota un instante eléctrico, junto con abrazos y el griterío descontrolado. El resto es aguantar, contener la emoción y seguir aguantando hasta el pitazo final. Hasta que llega. Honduras 1, Corea del Sur 0. Honduras a semifinales. Honduras sueña con una medalla.

Los muchachos de la casa celebran, exultantes, felices y orgullosos, quiméricamente, de ser de donde son. Es que no se trata del país ni de lo que les ha dado, se trata de transportarse por algunos minutos en esos jugadores, que tal como ellos, han pasado por lo mismo. Después todo volverá a la normalidad, pero los recuerdos son capaces de secuestrarse más allá del transcurso corriente. Y pase lo que pase, siempre habrá otro partido de fútbol. ‪#‎BB‬

Acerca de Roberto Meléndez 414 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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