Que Pizzi se lo tome en serio

Podrán relativizar, exponer distintos argumentos y la siempre valiosa nostalgia de la historia, y está bien, participa como realidad; sin embargo, desde el punto vista del juego, su visión, también la predisposición, la aproximación al mismo, cambió luego del Loco Bielsa. No se trata de una revolución del sustrato técnico del jugador, tampoco del amor hacia la actividad, más bien, de la valentía acerca del objetivo; un objetivo socialmente renegado. Salir a ganar, de tú a tú, expuestos honestamente en capacidad, audacia y trabajo. Masticando chicle, tirando escupos y puteadas, jugando fútbol, sintiendo una pasión. Chile iba, y de repente, pendejos que antes esperaban, ahora tomaban el rol principal,al servicio de un sistema, de un sistema de juego.

Sampaoli se nutrió de la base, con la experiencia que dieron los años, y por supuesto con su libro; Chile maduró los ritmos, siguió al frente y se hizo una pequeña potencia. La roja se consolidó como un equipo intenso, siempre en movimiento; le agregó desarrollo, la personalidad evolucionó de forma natural.

Se dice que el secreto del éxito fue su forma de juego, y aunque con distancias, la línea no era ajena. Sí, el estilo brindó carácter y una identidad siempre complicada de asumir, claro que en este caso esa personalidad se deseaba. Aun así, la presión, las bandas y el forraje ofensivo no hubiesen sido determinantes; la idea sin trabajo son sólo palabras. Bielsa impuso un método a punta de horas; Sampaoli se ganó el respeto insistiendo con esas horas. La admiración, el apego, se sustentó en la rebeldía de las formas y en una dedicación fanática por el juego.

El jugador se sintió convencido, arropado en una identidad; el hincha se sintió interpretado, finalmente transportado. Chile ya no jugaba a lo Chile, y el complejo podía ser el final, nunca el trayecto. Cara a cara, fajando. Se aplastaba una actitud pretérita, y se jugaba más rápido, más pa’ adelante; y se vibraba igual que antes, pero se pasaba mejor, porque el protagonista es el protagonista. Curiosamente se ganó más.

La fidelidad se adquiere con el tiempo, también con lo que funciona. La selección, pese a lomos de toro y pajas mentales, tuvo su tiempo, y funcionó.

Juan Antonio Pizzi tiene tres desafíos, cada uno complejo, pero claramente realizable. Le dicen ‘Macanudo’, jugó en Barcelona y de taimado se hizo español (quería pelearle el puesto a Batistuta, qué pena); conoce el paño y perso tiene: quiso ser DT de Rosario por votación popular, llegó al chago morning y se agrandó con el cotillón el 2011. Vive fútbol, no esconde el carácter y sabe lo que está pisando. Forma de juego presenta, nada muy vanguardista, pero tampoco al raspado de la olla.

Para Pizzi es fundamental consolidar en primer lugar la legitimidad en el camarín. Lo anterior no se trata de imponer dictadura y miedo, qué absurdo hacerlo delante de burgueses que ya lo tienen todo, o de jóvenes que aspiran a ello. La legitimidad se logra convenciendo; Bielsa lo consiguió por impronta y estela personal; Sampaoli ahondando las formas, con un discurso publicitario pero al hueso – como Guardiola-; Pizzi sólo lo puede sostener con trabajo, sin dejar nada al azar, sorprendiendo con la pulcritud impropia de la actividad.

En segundo lugar, perfilando un ambiente positivo que contagie; ese contagio es la contracorriente vigente: ‘no se tiene, no esperemos’. Por cierto que la planificación puede ser más prudente, pero amarrar la frecuencia llamaría al murmullo, de la galería, también en la cancha. Ya estamos enamorados de ir en la osada, recular quizás saca el beso, pero no engancha. Que Pizzi toque, pero ya entendimos que esto a lo Guatón Vega no sirve (por muy talentoso que sea), hay que correr, bucar la pared, y tirarse al suelo.

Finalmente, en tercer lugar, Pizzi debe implicarse. Hoy, llegar a Rusia no es un imposible y ese deseo no se detenta ni en los Sa-Za, ni en Bielsa, ni en la calculadora; aquello que brinda peso radica en la inmensa calidad de un grupo de futbolistas que no necesitan mayor presentación. Es cierto, ese mismo grupo ha dado muestras de displicencia. pero la consistencia no se avala sólo por la automatización de movimientos, también existe -y vaya que sí- la calidad. Pizzi agarra un fierro caliente, pero un fierro con filo que corta a cualquiera. Bien trabajados, sí, pero no es azar. Hoy Chile carece de un proyecto; un proyecto amateur, juvenil y técnico. Tomarse en serio el futuro, desde la pelota de cuero y la cancha de tierra, hasta el técnico que forma y el que tira el garabato indispensable.

El desafío de Pizzi no es revestir de conceptualización maciza como Bielsa, ni ser un atrevido estratégico como Sampaoli, es llegar a Rusia, qué duda cabe; pero también los 3 desafíos anteriores -darse legitimidad, contagiar y vincularse-, de lo contrario, sería insistir en la banalidad, y no tomarse al fútbol chileno, ni al hincha, en serio. #BB

Acerca de Roberto Meléndez 414 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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