“¡Qué grande, Lucho!”

“No, ese uruguayo está enfermo; el fútbol es de puros rotos”, lo dice un tipo que lleva un reloj de esos aquilatados y respinga la nariz ante la presencia de los demás. Camina engreído, con su traje en cuotas y las uñas bien cortadas y aseadas, en plan hombre vanidoso y depurado del siglo XXI; un ‘metrosexual’ contemporáneo, ‘zorroncito’ de casta y cepa. Le hace frente orgulloso a la vida desde sus zapatos. Luego, despectivamente, se pregunta de forma irónica: “¿Qué más se le puede pedir a un ‘jurgolista’?”, cerrando con una mueca jactanciosa. Tras eso abre el “economía y negocios”, para leer ‘cosas importantes’.

Me detengo a mirar la misma foto que él, me viene una carajada y lo primero que me salta es: “¡Qué grande, Lucho!”

Su selección está quedando eliminada del torneo a manos de Venezuela, y el uruguayo que aparece en la foto, está en la banca, no puede jugar por una lesión. Lo vive, lo siente, lo sufre. Se saca el peto, lo tira al suelo; va para allá y para acá; putea, golpea el banco, se sienta, se para, grita.

Tal vez la pelota en su dinámica pervierta y sea un mundo de canallas, de brutos apasionados que no miden consecuencias y se dejan llevar por el arrebato. Quizás, en una sociedad de moral de cartulina, el apetito instintivo y salvaje vaya a contra mano. A lo mejor el fútbol sólo sirve en cuanto a negocio, rating y ese misterio llamado ‘fair play’. Sin embargo, ese entrelazamiento emocional, esa violencia frente a la derrota, ese compromiso con el vinculo de tus afectos y el devenir de tu equipo, es el movimiento que tira desde dentro, desde los primeros recuerdos, desde la sangre.

Todo adentro de una cancha es exagerado, todo lo que transmite también, y es esa exageración lo que subraya su valor, lo que nos desnuda ante tanta verso gastado que nos arropa y encadena en el liviano mundo de los modales. Además, son sólo 90 minutos, nuestros 90 minutos. Ya no nos dejan comer ni hamburguesas y nos quieren meter la academia al pasto.

Tranquilo, Lucho, no vayas a morder al niño bonito, no tiene idea de lo que habla. ‪#‎BB‬

Acerca de Roberto Meléndez 414 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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