Qué cagada…

Hoy anunció su retiro Frank Lampard e inmediatamente se acercan a mí recuerdos que parecen de ayer, sin embargo, ya son años… La noticia refrescó momentos perdidos; no necesité ver algún vídeo suyo ni tampoco nutrirme del currículum estadístico del bueno de Franky, para qué, si bien sé lo que juega; perdón, jugaba. Y, en paralelo, el espejo propio mostrándome como algunas cosas cambian, o peor, ya no son.

Con el tiempo los matices pierden relevancia frente a la resistencia épica de la nostalgia. El extremo emocional inmediato, en ese circuito sin pausa que es el presente, de pronto, evoca desde el pasado el curso del viaje vivido, y se entiende la compañía. No, Frank Lampard no fue el mejor volante de la última década, pero sí un muy buen jugador, un excelente futbolista. Con la timidez propia de un inglés con la blanca británica, pero por el contrario, lleno de desenfado y descaro jugando con la azul del Chelsea. Con el equipo de Londres se hizo leyenda. Porque lo ganó todo, pero también porque lo dejó todo. En la primera época de Mourinho en Stamford Bridge podía faltar cualquiera, menos Lampard. Todos rotaban, menos el volante. Era el eje. Y no se cansaba jamás.
Fueron movimientos técnicos, arrojos de ira, asistencias de 30 metros, goles y golazos. Un espacio con arco al frente ¡y pum!, remate de “Francisco”. Así lo conocíamos por estos lados, durante las mañanas de Premier League bautizado por los relatos del Bambino Pons. Tras las temporadas, el 8 del Chelsea mutaría a el “Rey Francisco”.

Hablar de Lampard ahora es fruto del cable, la interconexión global y todas esas referencias que dañan la identidad de tribu. Pero es fútbol y ese lenguaje traspasa el recelo de lo propio. Y sí, su nombre y figura una presencia corriente, cercana. Además tiene detalles biográficos especiales que lo unen a nosotros: debutó por su selección un 11 de febrero de 1998, jugando por la selección B de Inglaterra contra nuestra Roja B. Ganó Chile 1-2 en Birmingham, con dos pepas de Manuel Neira y Carlos Tejas en el arco. Un día antes de la gloria de Marcelo Salas en Wembley. Ahí estaba el muchacho que mostraba sus primeras armas en el West Ham United.

Y mientras Lampard se va del fútbol tras 21 años, reviso mis propios retiros. Ya los viernes no son como alguna vez fueron: ahora hay cansancio y si no hay cuento, cama es cama. Shakira hoy cumplió 40 años. El Laucha, un amigo, lleva meses sin irse detenido y desde que se puso a pololear usa camisas y no toma los domingos. Lo perdimos. Los cabros chicos no saben quién fue el guatón Vega, ni compraron el centella a gamba, ni tuvieron que ir a la casa de la chiquilla que les gustaba a gritar “alo” rezando que no saliera el viejo. Otros tiempos que se van. Cuando se retira un futbolista no sólo se va él, es una medida de tiempo personal y social que avanza. Y el avance es sin vuelta y sin salida. No quiero ni pensar cuando se vaya Totti, o Federer. El dìa que Alexis diga adiós espero estar brutalmente drogado con una concubina en alguna isla lejana o sentiré el peso de mis huesos por el simple hecho de respirar. Qué cagada…

¡Y pum!, remate de Lampard… al menos ese instante, por un rato, sigue intacto. Gracias, épica nostalgia. #BB

Acerca de Roberto Meléndez 414 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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