¡¿POR QUÉ NO TE CALLAS?!

Texto escrito por el lector Álvaro Valenzuela

Esto va dedicado a ti “hincha de la selección” que ayer fuiste tan caradura como para gritar ‘ole’ cuando iban apenas 10′ de partido, ganabamos por la mínima con un mezquino gol de pelota parada y en frente tenías a una de las delanteras más letales del mundo… y con sangre en el ojo (incluso tu estúpido gesto pudo ser un mayor aliciente para esto).

Tu gesto no solo te hace ver mal a ti. Nos haces pasar vergüenza a millones para los que esto de la pelotita es más que un jueguito. Nos hace ver como una especie de Kiko de la vecindad, que se burla de todos con su hermosa pelota inflable pero solo hace falta un pelotazo del Chavo -o dos goles en contra en15 minutos- para que corras llorando a acusarle a tu mamá -en este caso, putear al DT o al jugador de turno.

No te culpo por el resultado de ayer. Pero creo que gente como tú necesita darse cuenta que un título de Copa América no nos hace ser el Barcelona ni el Real Madrid. No recuerdo haber escuchado un ‘ole’ cuando ganábamos por uno, incluso jugando mejor, contra este mismo rival en tiempos de Bielsa ni menos cuando lo hacíamos contra Brasil con el Pelao Acosta en la banca. No creo que en el Monumental de River ni en el Maracaná ni en el Centenario se escuche algo similar en el mismo contexto. Y eso que ellos sí que tienen con que vanagloriarse… Sí, hay que creerse el cuento. Sí, por fin tenemos la copita ahí en la vitrina. Sí, podemos ganar, tenemos un equipo con la categoría y el coraje para hacerlo… Pero lo tuyo resta.

Nosotros somos de esfuerzo, de coraje, valientes en ls malas pero siempre humildes en la victoria. Porque a Chile nunca le sobró nada ni se le regalo nada. Tu abono carísimo comprado por internet no te da el derecho de hacernos quedar mal a todo el resto. A los que creemos que esto es más que un panorama de feriado y que probablemente estemos ahí cuando el mito del “tigre de sudamérica” y la generación de oro sea cosa del pasado.

Álvaro Valenzuela, experto sacador de vuelta.

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Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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4 comentarios en ¡¿POR QUÉ NO TE CALLAS?!

  1. No me gustó tu columna…No tienes el derecho de criticar el aliento y entusiasmo de la hinchada..muchos de ellos qie se enduedan para poder alentar..Además en ese momento Chile tenía el control total del partido…y si el gol vino de pelota muerta…fue porque Argentina ya se defendía bien…Si Marcelo Díaz no se hubiera lesionado estoy segura que Chile hubiera ganado. Argentina solo estaba preparada para el contra ataque…

  2. Concuerdo con la columna 100%. Es irritante el público que de un tiempo a esta parte asiste a los partidos de la selección. Entienden poco del juego y no acompañan lo que está pasando en la cancha. Otras disciplinas humanas tan bellas como el fútbol hablan de la “formación de audiencias” o “escuela de espectadores” (teatro, cine, danza, etc). Para que esas disciplinas crezcan es necesario que la gente que las sigue crezca con ellas.
    Acá se ha producido un fenómeno inverso… Aquellos que mantienen vivo el fútbol chileno domingo a domingo (heredando la costumbre de ir al estadio -no de verlo por la tele- de sus papás o mamás, tíos, hermanos, abuelos, amigos del barrio más grandes, nos son los que van a ver a la selección). Sin duda que a ver a Chile puede el que quiera, no se trata de cerrarle la puerta a nadie, pero ¿por qué no se dan más posibilidades a aquellos que sostienen el fútbol local? ¿por qué no hay -como había antes- un carné que te acredite como socio del fútbol chileno?. Para los que no sepan y crean que esto se inventó ayer, antes tu carné de socio de cualquier club te convertía automáticamente en socio de la ANFP y podías ir con descuento al partido que quisieras (al final del partido se anunciaba el público total, los hinchas del local, los hinchas de la visita y los socios de “otros clubes”).
    Eran otros tiempos, sí, y aquí no hay nostalgia ni pena, solo un deseo de recuperar algunas buenas costumbres que hacían más democrático nuestro fútbol.
    Ni hablar de la posibilidad de comprar la entrada en ventanilla (para los que juntaban peso a peso toda la semana y hoy no tienen la plata para el abono) ni de los maravillosos “últimos 20”, donde entraban aquellos que no lograban hacerse del dinero.
    Ir a ver a la selección, o la Copa América, es equivalente a asistir a un espectáculo de clase mundial a la altura de Roger Waters o U2 (no me gusta ninguno de los dos, pero supongo que el ejemplo se entiende). Pero para que haya un Messi o un Alexis en la cancha hizo falta que miles de niños (sí, miles) quedaran en el camino. Y para que esos niños anhelaran ser estrellas hicieron falta canchas de barrio (¿de dónde viene Vidal, Vargas, Gary, Aránguiz?, por nombrar a algunos: de equipos amateur que hoy casi no existen, que han tenido que entregar sus canchas para que la ciudad “crezca” para beneficio de proyectos inmobiliarios con muy poca planificación. Para que esos niños tengan la posibilidad de ser estrellas hace falta un torneo local con gente en las galerías, jugado en horarios apropiados, con entradas al alcance de los que quieran ir.
    Los que vamos al estadio desde tiempos remotos, o no tan remotos, sabemos que el público juega un rol en un partido. Lo aprendimos de otros que nos llevaron. Aprendimos que no hay que prender antorchas (antes se hacían cucuruchos de diario) cuando todavía queda para que te amarguen la fiesta. Aprendimos a poner nervioso a un rival (sin violencia, con un coro masivo). Aprendimos a no putear a un jugador propio, por mal que este jugando. Aprendimos a no gritar “ole” cuando queda un partido entero por delante y frente a ti están los mejores del mundo. Aprendimos a no jactarnos de nada hasta que se acabe el partido, menos cuando tu rival tiene las vitrinas llenas de copas. Aprendimos a disfrutar del fútbol, a sentarnos en tablones comunes, a llevar el cocaví para la espera, a cantar sin que medie un locutor animador de eventos.
    Creo que la violencia en los estadios ha sido una muy buena excusa para que el fútbol se gentrifique (un concepto que se usa en urbanismo pero que bien le cae a este deporte) y unos pocos lucren con un fenómeno construido por personas comunes y corrientes durante más de 100 años. ¿Les parece normal que un cliente de un banco auspiciador tenga más derechos de asistir a un partido de la selección que los cabros que semana a semana sueñan con ser profesionales en las divisiones menores de los clubes chilenos. A mí no.
    Me resisto a creer que no queda otra y que la “industria del fútbol” tiene permiso para lo que se le ocurra.
    Saludos a todos y gracias a los que se dieron el tiempo de leer un texto tan grande.
    Diego

    • Hola Diego. Yo escribí la columna y justamente era a eso a lo que iba. Agradezco tu largo comentario porque al menos me hace darme cuenta que al menos alguien entendió mi punto.

      Saludos!

  3. El público de la selección, que paga toda esa plata, no es el público del fútbol.
    PD: Eso de gritar “1puuuuto…!” al saque del arquero contrario, una verguenza total,, no pasa en ninguna cancha de fútbol de Chile.

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