¿Por qué amo el fútbol?

Texto escrito por el lector Matías Ortiz

¿Que por qué amo el fútbol me dices?:

Año 2016 y el deporte del que me enamoré ya no es lo que era. Las luces de los flash, los contratos millonarios y la enfermiza necesidad de agrandar la estadística, el dato duro, parecen haberle ganado hace rato la batalla al niño que soñó convertir un gol a estadio lleno, eludiendo al portero. Siguen preguntándome ¿por qué amo el futbol? A cualquiera que no ame a la redondita le costaría entender. Sin embargo el fútbol es más que luces, es más que dolares, es más que récords, el fútbol yace en las entrañas de las poblaciones, en los pies del niño inquieto del pasaje que rompe los vidrios del vecino, desde ahí empiezo a responder.

“El fútbol no es una cuestión de vida o muerte, es más importante que eso” dijo alguna vez el legendario técnico británico Bill Shankly, y tu me sigues preguntando ¿por qué amo el fútbol?. El fútbol es más que un negocio, el fútbol es esperanza, es el terreno de la neutralidad dentro de un mundo de injusticias, es la posibilidad de burlar la inexpugnable fuerza del destino, ese que te condena desde que naciste a ser explotado. A la hora de entrar a la cancha no importan los millones ni los contratos, durante 90 minutos son once contra once. En un mundo recalcitrantemente individualista el fútbol es comunión, poco vale el talento individual sin un compañero dispuesto a dar la vida por el del lado. El fútbol es ese amigo que no falla, aquel que te acompaña en tus mayores alegrías y mas profundas tristezas ¿hay algo más sincero que el fraterno abrazo de gol? Es la perfecta sintonía de la mente y el cuerpo, como la más artística de las danzas, la imaginación es el único límite al echar a rodar el esférico. Y tu te atreves a preguntarme que ¿por qué me gusta el futbol? Ese es el verdadero fútbol, el que habita en el corazón de cada uno de los que se emociona con un gol, ese que vive de lo imprevisible, el que es capaz de evitar lo inevitable, donde David contra Goliat se hace realidad, cual Leicester, cual Cobresal, cual Once Caldas, cual Chapecoense.

Por eso amo el fútbol, porque en un mundo a la medida de unos pocos, en donde las puertas están cerradas incluso antes de nacer, la redonda nunca te dirá que no, tal vez una banal vía de escape ante las miserias que tuvo que soportar ese niño que creció pateando una botella en una lejana cancha de tierra en Tocopilla o en un olvidado terreno en el corazón de San Joaquín. Esas mismas penurias que probablemente vivió ese muchacho que el miércoles jugaba la final de su vida, ese mismo que hace ya varios años le prometió a su vieja sacarla de la favela a base de gambetas y goles.

El fútbol, pero por sobre todo los oprimidos, hoy están de luto. Con la tragedia del Chapecoense no sólo murieron “un grupo de jugadores”, con ellos se fue uno como tú, como yo, uno destinado a ser olvidado por el cruel paso del tiempo y que sin embargo de forma prematura hoy se llenó de gloria.

Matías Ortiz

Acerca de Roberto Meléndez 414 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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