Pasión Nacional

Caminan por las calles bajo el anonimato, como una más de su edad. Fernanda tiene 19 años y se prepara en un preuniversitario para dar la PSU, Catalina tiene 18 y está en el colegio. La Feña gusta de pasar el rato tocando canciones fogateras con su guitarra, también ama comer pizza: no deja NINGÚN pedazo suelto; la Cata adora a sus tres perros, mimarlos, les habla, les cuenta cosas…y dice que le responden. Son chicas normales. También especiales: son seleccionadas chilenas de fútbol. Eso las llena de orgullo, más haciendo algo que tanto aman.

Fernanda Cárdenas cuenta que lo suyo empezó desde antes de los registros de su memoria y sin una razón familiar; simplemente la atrapó el balón y sus movimientos, y persiguiéndolo entendió el diseño de su imaginación. Hoy lo persigue, pero desde el arco. Llegó a ser guardameta luego de sufrir una grave lesión jugando por la sub17 de la Católica que la dejó mucho tiempo sin pisar una cancha. Al volver la pusieron de portera para ir de a poco con el regreso, sin embargo, no salió más. Lo tapaba todo. La pelota se había transformado en un pedazo de pizza y los guantes en su boca. Lo pasaba bien. Del puesto dice que «te pegas, te pegan, te llegan pelotazos…hay que estar un poco loca». Y la locura ha valido la pena, hoy es titular de Universidad de Chile y nominada por la Roja. Y en la U, además, cual Chilavert, patea los penales. Lleva seis pateados, todos convertidos. Y el último en la semifinal contra Colo Colo, fue el 2-1 y el paso a la final: para morirse tranquila.

Catalina Carrillo contaba con 14 años y su pasatiempo favorito era jugar a la pelota, por lenguaje del cuerpo. No habían muchas niñas con las que jugar así que aprendió a hacerlo con ellos. El primer pase era lo más difícil, pero una vez visto que la pisaba bien y que tenía remate, los pases llegaban solos, y no pocos. En esa rutina fue una tarde a jugar a las canchas del Parque de los Reyes. De pronto unos guardias se acercaron a ella, mientras se ponía las ‘tillas’ peloteras, y quisieron sacarla del lugar, «porque es mujer y las mujeres no juegan fútbol, menos con hombres». Fue una discriminación arbitraria, perturbadora y violenta para la cabeza de cualquiera; no para ella que jugó igual e hizo un par de goles. Ladró con rabia. Catalina hoy es delantera, cuenta con mucha proyección y se tiene fe. Y la misma que esos guardias no querían dejar jugar, ahora es seleccionada de Chile.

Este domingo ocurrirá un hecho histórico en el balompié criollo: será la primera vez que una selección femenina de fútbol juegue en el estadio Nacional. Sí, como leen, las mujeres de la Roja nunca antes han tenido la oportunidad de representar al país en el coloso de Ñuñoa, una extensa deuda que será parte del pasado en cuatro días más. No sólo eso, ya transcurrió más de un año desde que las chilenas vieron acción por última vez en un partido internacional. Las piernas se mueven solas, el cosquilleo por el cuerpo en estos días previos es intenso, los nervios de a poco asoman, las ganas desbordan los pensamientos. No hay dinero entremedio, pero no por eso se trata de un simple juego. La pasión es así, el fútbol es así.

El rival no podía ser más oportuno e idóneo: Uruguay. Morbo inmediato. Y las charrúas ya avisan que no vienen de paseo, porque la garra no es cuento, es algo que nace de la panza, viene con ellas. Sin embargo las nacionales no se achican -aunque deban afirmarse más que nunca las canilleras-, porque ahora la pelota es de ellas y aseguran que saben tratarla, además juegan en casa y eso es especial, muy especial.

El encuentro de este domingo es un hito, es simbólico. Desde el punto de vista organizativo, la iniciativa y el peso se lo ha llevado prácticamente con exclusividad la corporación de fomento por el fútbol femenino, una organización sin fines de lucro que ha remado desde abajo, al ritmo de subastas, rifas y completadas bailables para conseguir los fondos necesarios para cubrir los gastos del evento (como por ejemplo el viaje y hospedaje del equipo rival). La ANFP, nariz respingada, está preocupada de otras cosas. Ese aspecto ya adhiere épica. Pero es un esfuerzo que sienten y saben vale la pena, pues la visibilidad popular que arrastra el fútbol es una fuente definitiva a la hora de mutar ciertos estereotipos pretéritos y normalizar el trato entre hombres y mujeres. Por eso el hecho de volver a jugar es indispensable y por lo mismo hacerlo en el Nacional cobra relevancia.

Al preguntarle a Fernanda por un partido que recuerde en el Nacional, dijo sin dudar «el partido con Uruguay, cuando el Huaso se sacó la mufa». Partidazo. Curiosa coincidencia, tendrá a la celeste al frente. Catalina dice que se refleja en Eduardo Vargas, uno que lleva muchos goles en ese mismo pasto. Ambas estarán este domingo. Quieren jugar, quieren ganar y para eso se han preparado intensamente junto al técnico José Letelier. Han sido horas y esperan que el 4-3-3 y el trabajo colectivo rinda frutos y sea un bonito espectáculo. Pero lo que más quieren, sin dudas, es que este sea un inicio para que el fútbol femenino en Chile crezca y sea respetado.

Los entendidos señalan que esta es una gran generación de jugadoras, que tienen mucho por dar y conseguir. Quizás varias de las que jueguen el domingo en un tiempo más lleguen a grandes equipos de Europa. Ellas se lo toman en serio, y si eso pasa, sumada a la pasión sincera, se puede lograr lo que sea.
El domingo en el Nacional, desde las 16 horas. La entrada es GRATUITA. A los que nos gusta el fútbol y la épica, de allá somos. Vamos Chile. #BB

Acerca de Roberto Meléndez 414 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
Contacto: Twitter

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*