Pan de azúcar

Buscamos junto a mis amigos el camping con minas y ahí estabas, no fue casualidad, se puede decir que fui por ti. Te lancé la pelota de adrede, quería hablar contigo, cualquier cosa. La pateaste, dijiste que estaba dura, frotaste tu pie y ya desde ese primer momento, me retabas. No te tomé en cuenta y esta vez te di un pase a tres dedos; trataste de imitarlo y tras el papelón, te diste la media vuelta, aplastando garabatos en unos labios que se cerraban. La escena me pareció divertida, ya estaba tocado.

Más tarde me acerqué con la vieja excusa de la sal, nunca habíamos estado tan cerca. Un rubor idiota apareció en mi rostro, que lo sentí caliente y me corté. Creí tener doce años. Mandamos al Lucas por ti y tus amigas, ese siempre ha tenido verso y le gustan tanto las mujeres que se inmola voluntariamente, un lujo de partner.

Usé pobres tretas para acercarme, te dabas cuenta, te corrías, pero la piscola es una institución noble y no aflojé. Habían estrellas por todos lados, hablaste de ellas, conectando destinos a través de extrañas figuras; por supuesto me hice el místico y acompañé cada segundo de tu discurso.

Seguías esquivando mi mirada y me contaste un pésimo diagnostico sicológico que te hizo una amiga; es que ella se quedaba en tus palabras y en lo que conoció de ti, no buscó en lo que ocultabas ni las trancas que regala el tiempo.

Tu boca rosada, ese pelo castaño que no iba más allá de tus hombros, ojos miel que le daban el tono definitivo a la oscuridad y un cuerpo que ya de primera vista se acomodaba perfectamente al mío.

Ellos jugaban una loca pirámide que derribaba los muros e incendiaba las risas; nosotros construíamos el nosotros y apareció tu compañía de teatro, el viaje a Francia y Dogville de Nicole Kidman.

Cómplices escapamos de nuestro grupo, nos perdimos en la amplitud de la playa, junto a una manta que llevé mostrando el oficio que dan los años y las mañas. Esperaba la luz verde, pero Cortázar te tenía embalada; al igual que Yayo y la carcajada contagiosa. También la idea de Chile y su incomprensión del arte, el temor a lo nuevo, la distancia con lo inesperado.

No coincidimos en el equipo de fútbol, aunque sí en que el chino Ríos fue un grande y que nunca va pasar de moda. A lo lejos sentíamos un guitarreo fogatero, con las mismas canciones de siempre; cantaste Sui Generis y más en serio de lo que crees, una de Supernova.

Me puse un poco nervioso, te toqué apurado, más suave de lo conveniente, pero me calmaste con besos. Tu cuello era un imán, la agitación un suspiro permanente. No había apuro, tampoco calma.

Cuando volvimos no pudimos despedirnos y tras una breve negociación, la carpa quedó para los dos. Encerrados no pudimos frenarnos, aunque conteníamos los gemidos en caricatura civilizada. Pusiste música de tu celular para aislar el contexto: me mataste con ‘Crazy love’ de Van Morrison. Despertaste en la mañana, no te moviste de mi lado. En la tarde nosotros íbamos al sur, de regreso; ustedes al norte, empezando. Nos despedimos con un beso largo, intenso; quedamos en vernos nuevamente.

Los días y las semanas, la calma y la inexpresividad de mensajes de texto confundieron la fantasía con insignificancia. Hasta que nos vimos nuevamente, porque ahí está el fuego.

Hice el ridículo en patines, tuvimos un pic nic, el recital de los Fabulosos Cadillacs y me fuiste a ver a la pichanga. Por acá lo tuyo no avanzaba y hasta el gobierno te debía plata. Armaste las maletas y no tuve otra que apoyarte. Una vez te fuiste, no volvimos a hablar. Tuve que alejarme, aunque secretamente busqué las monedas para ir a verte, pero no lo logré.

He sabido que vas bien, que aún no llegas, pero tienes claro el camino; acá han habido otras faldas, aunque nada importante. Ahora iba apretado en el metro, atrasado y con sed, pero justo apareció en mis audífonos ‘Crazy Love’: y vuelvo a Pan de Azúcar…y sigues ahí. #BB

Acerca de Roberto Meléndez 385 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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