Palestino: sensacional

Alan Patrick está frente al balón; nadie lo interrumpe, mientras la expectativa de la multitud carioca es una sola: desahogar el nudo que tienen en la garganta con el gol. Van 64 minutos de partido y Flamengo tiene la gran oportunidad de descontar a través del punto penal. El gigante brasileño cae en su tierra inesperadamente 0-2 ante el humilde Palestino de Chile. Pero si convierte el volante quedarán todavía 25 minutos más, suficientes para inclinar la cancha y luego conseguir el empate; eso es todo lo que necesita el ‘mengao’ para avanzar a los cuartos de final de la Copa Sudamericana. El equipo más popular de Brasil ya ganó en Santiago (0-1), todo parecía estar encaminado, un tramite del tiempo, la conducta regular de la historia, el prejuicio envuelto en soberbia. Sin embargo, Palestino le dio dos cachetadas al orgullo y lo vence justamente. Primero Cereceda a los ’32, rescatando el rebote en el poste de un tiro libre de Valencia. Ahí estaba el lateral izquierdo, en plena área, presionando la oportunidad, como casi todo el equipo que merodeaba el área con personalidad. Cuando se acababa la primera parte y Palestino se llevaba los aplausos, no hubo relajo, y Valencia nuevamente desde afuera del área soltó la derecha, esta vez con un latigazo sorpresivo, rasante y ajustado al primer palo: 0-2 y la locura visitante. Fue un primer tiempo de equipo bravo, copero en serio, de ducho guapo. Pero el fútbol y esa vestimenta emocional que lo sostiene. Todo es tan fragil y quizás si llega el descuento las cosas cambien. Eso piensa la torcida, eso creen convencidos los futbolistas locales, esos son los fantasmas que siempre han aquejado, además, la gran mayoría de los casi hitos del fútbol chileno. Lo sabe Alan Patrick: no falla. El ambiente ruge desatado, espoleando a un conjunto millonario que ya respira encima; no sería extraño que las piernas del equipo visitante tiemblen. Los muchachos de Palestino ya han hecho bastante, nadie podría criticarles nada. La sensación colectiva es que logren aguantar.

El joven técnico chileno Nico Córdova desde afuera comienza a aplaudir, gesticula con los brazos hacia arriba, interponiéndose entre el mazazo del descuento y la realidad. “¡Vamos, hueón, que lo estamos ganando! ¡Juguemos como sabemos! ¡Esto no fue nada! ¡Ataquemos a estos hueoenes!”, arenga convencido, mientras con los dedos señala posiciones y con la mirada movimientos: es el lenguaje del trabajo, de respirar fútbol, de transmitir algo más que palabras. Adentro le entienden de inmediato.

La pequeña barra de Palestino que se apuesta en un rinconcito del estadio no ha dejando de cantar. Probablemente no se escuchan, pero aquello no importa, el hincha es hincha sin necesidad de ecos y el apego es tan sincero que no necesita sonar; ahí están, desgarrando la voz, desde un sonido que viene del pecho.

Palestino sale desde el medio y Flamengo comienza la cacería del balón, mas no lo pillan y el desbordante entusiasmo inicial comienza a situarse en desesperación. El Tino la hace rodar, para allá, para acá, y la defensa se adelanta. El modesto conjunto chileno no se acojona, al contrario, mira de frente, y va por el tercero. El carácter de la visita engancha, con las piernas sueltas para jugar y sin doblarse en el pasto. Palestino no tiembla. Al contrario, cruza el campo, rota, usa la banda y ya hay 5 en el área rival. Nada de partido inteligente y echarse para atrás; nada de colgarse al palo del arco propio. El equipo de Córdova atesora, agrede y también pega patadas. Palestino juega como equipo grande, sin ser perfecto pero sumamente valiente: está ganando en Brasil, falta poco y el momento no lo intimida, más bien sale a reclamarlo como propio, con sus argumentos, con su idea. Jugadores sencillos, de hipotecas a 30 años, anteojos en cuotas y la polola del barrio. Y están ganando en Brasil.

Los segundos se aplastan con el final del encuentro. Flamengo empuja con más ganas que fútbol; Palestino aguanta y sale cada vez que puede. Queda poco y Nico Córdova sigue jugando el partido desde la banca: “¡Vamos que queda poco!” ¡La cobertura, ojo a la cobertura!”. El portero González, que ha hecho partido, ahora hace un poquito de tiempo, agregando pimienta y folclor al libro de siempre. Son sólo unos pasos más lentos, dando un respiro y acariciando desde el presente ese heroico futuro inmediato.

Pitazo final y Palestino gana con épica en Brasil. Llegó con desventaja y en el país del fútbol fue a ganarle al equipo más grande de todos; jugando bien, decididamente, sin flaquear. La celebración en la cancha es justa, los abrazos vuelan, las sonrisas no se contraen, la pequeña fiel barra sigue cantando. Las emociones del fútbol, ante el posible constante que se sujeta en la pasión y la confianza. No aguantaron, lo ganaron. Nunca hubo miedo, tampoco en esos 25 minutos en que un gol dejaba en nada el esfuerzo. Menos en esos 25 minutos: ahí hubo escupo al entorno e indiferencia al pasado. Se trataba de ser equipo y de jugar. Con coraje, dándole orgullo al fútbol chileno y una alegría al poderoso significado de la camiseta que defienden. Palestino timbró su nombre para siempre anoche, de manera sensacional, y ya están en cuartos de final, y van por más. #BB

Acerca de Roberto Meléndez 414 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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