Nos vemos en el metro

‘Gracias a la vida que me tocó vivir’. Con esas palabras, José Luis Villanueva, delantero chileno, concluye la carta en la que anuncia su retiro del fútbol profesional. El resto es más bien confuso, pero el final es elocuente, dramático y apasionado, como somos los hombres, al menos de esos que vale la pena escribir.

Soñar es jugar, y jugar es vivir. Un anhelo y todo por ello, mientras la ficción de la soledad arrastra los miedos del tiempo. Nunca estamos solos, siempre tendremos al menos a nuestro otro yo, ese que se pregunta quienes somos y determina, finalmente, nuestro camino.
Esto de la civilización y su dominio, mientras nuestros cuerpos salvajes buscan la salida para existir. Peleas a besos con la mujer que quieres, el abrazo de un amigo, la canción en el momento perfecto, la risa desatada, una idea insospechada, un texto atrapante, una película inteligente, el sol junto al mar, el viento que rebota en la cara, las estrellas en la oscuridad de un cielo infinito, un helado de chocolate y la de cuero buscando la red: de otra forma, la vida no vale la pena.

El fútbol, ese lenguaje heredado pero activo, que reclama el vinculo indómito, acelerando el pulso, ausentado el delirio de los problemas diarios, adelantándose a lo siguiente, corriendo, danzando y pegando. Un eco cultural que brinda la ilusión de libertad, la ilusión más reclamada. No se hizo millonario, la prensa no fue a buscarlo y seguramente, como él mismo lo mencionó en su misiva de despedida, nos lo encontraremos en el metro o comprando el pan, porque de eso se trata este encanto de la redonda, se anida en la costumbre barrial, de calle, plaza y peatón. Sí, manoseado y travestido en la cúpula visible del negocio se olvida que esto de la pelota son pasos de gente común, y esa es su fuerza, su valor.

Estuvo en la Católica, se puso la roja de la selección, recorrió el mundo y el cilindro de avellaneda, ritual del aguante, le coreó a todo pulmón: ‘chileno, chileno’. Con esto último, te puedes morir tranquilo, es gloria para el alma. Hacer lo que amas, cómo no respetar eso, cómo no admirar a quienes desafían y luchan, luchan complacer su verdad, el destello de sangre que viene del pecho, del corazón.

La paradoja de lo valioso es que caduca. y aunque pretendamos desconocerlo, lo sabemos. Las piernas ya se agotan y el fastidio te juega un pie a pie más seguido y ya te gana. Sin embargo, el destino siempre te ofrece nuevas oportunidades y el ser humano se adapta, debemos hacerlo, así sobrevivimos, y nos reconstruimos. En la reconstrucción está la fortaleza. No será fácil, pero vaya experiencia de vida que te diste.

Mucha suerte Beckham chileno, cuelgas los botines rentados, tu trabajo, tu vida, pero el fútbol sigue y además te queda la pichanga, y esa va durar hasta que el mundo sea mundo. Nos vemos en el metro. #BB

Acerca de Roberto Meléndez 414 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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