Natalia, te ganaste sonreír

Partamos con un chilenismo: puta que le ha costado a la Natalia. Y no porque le falte capacidad, al contrario, desde muy chica supo destacarse en su especialidad, el lanzamiento de la bala; incluso fue campeona mundial juvenil. Pero a pesar de tener el talento, el recorrido ha sido sumamente difícil. El complejo financiamiento a su carrera es un denominador común del deporte chileno del que ella no escapa, pero también a la superficial mirada social con que se distingue la vida de un deportista. Para muchos, quizás no dentro del discurso corriente pero si bajo un inconsciente colectivo difícil de cambiar, el deporte es sólo una actividad física, el hobbie de algunos, una simple dinámica juvenil. Pero no, también es un trabajo, y reconocerlo es el primer grado de respeto que merecen quienes lo practican. Y créanlo, es más complicado que llenar una planilla de Excel.

Asumirse deportista es una odisea romántica impropia de estos tiempos, esa es la primera gran batalla. Luego acceder a los recursos que nunca sobran, o que nunca hay. La exigencia es indispensable y por cierto resultados sobre la mesa es necesario tener, no obstante la verdad es que fuera del decorado dentro de un discurso, la política respecto a la promoción del deporte es mínima, lateral, aislada. Y mientras la cultura asociada no le entregue un lugar valioso, seguirá siendo la valentía de unos pocos, curiosos quizás, los que lleven adelante la dinámica. La dificultad de obtener resultados no nace de la ausencia de condiciones, más bien del desarrollo que se tiene desde la infancia. Los deportistas chilenos llegan a competir internacionalmente en pañales.

Natalia Duco es un caso de rebeldía. Ella no se dejó amedrentar y perseveró. Estuvo mucho tiempo estancada, sin poder pagarle a su entrenadora cubana, comiendo tallarines sin salsa. Pero no aflojó. Siempre creyó en ella. Y lo más ingenuamente admirable, es que tampoco renunció a sus raíces, porque se asumía fielmente chilena, y aunque mejores opciones tuvo, no declinó a competir bajo los colores de la bandera. Parece tan absurdo, criminalmente absurdo si se piensa individualmente, pero fascinante cuando buscamos apreciar las causas de nuestras acciones, las motivaciones que nos llevan adelante y la identidad que nunca se comprende estando solo. Y aunque no podemos decir que siempre estuvo vivamente acompañada, el afecto no es algo que necesite retribución ni utilidad, y ese afecto sincero, más la explosión que siente cuando compite defendiendo a Chile es algo verdadero y honesto.

Cuando fue tercera en el último torneo Panamericano, se desplomó un momento y lloró. Seguramente estaba tan cansada de todo, de todos, del camino. Y exquisitamente adorable le dedicó la medalla a Chile, ese país que sin esa medalla dejaba de apoyarla. Con esa angustia en la espalda compite. Sin embargo ha continuado, porque ella es una deportista, una atleta, y una mujer con los ovarios gigantes.
Esta noche compite en la final de los Juegos Olímpicos de la Bala. El resultado de por sí es extraordinario. O mejor dicho, ha hecho un trabajo extraordinario. Lo que venga, que venga. Ahora Natalia, te ganaste sonreír. ‪#‎BB‬

Acerca de Roberto Meléndez 414 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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