Matt Busby

Matt Busby procedía del legado obrero de la revolución industrial que seguían viviendo Europa y Gran Bretaña a inicios del siglo XX. Su padre murió en la primera guerra mundial y a partir de entonces, a la edad ocho años, comenzó a trabajar en su natal Escocia. Los restos de tiempo que le quedaban iban dirigidos en dos direcciones: a una vecina pecosa y a un trapo redondo que, en cualquier lugar, se convertía en un juego y llamaban fútbol.

La vecina pecosa, lastimosamente, no le dio ninguna chance; pero el fútbol, esa redención diaria tras largas horas de explotación, sí se la dio y se convertiría con los años en un destacado lateral derecho que brilló en el Manchester City y en el Liverpool, donde incluso llegó a ser capitán.
Pero al destino le gusta jugar a las piruetas, y justo cuando Matt estaba iniciando su carrera como técnico, el Manchester United, clásico rival de los dos equipos en los que destacó como futbolista, necesitaba con urgencia a un nuevo estratega. El United era un equipo obrero y familiar, pero ambicioso. Bien parecido a Matt, quien tomó la oportunidad y a punta de buen ojo, disciplina y sapiencia estratégica, posicionó a un club de resultados discretos, a la élite tanto de Inglaterra como de Europa.

Los “Busby Babes” -así eran llamados por entonces-, habían clasificado un día como hoy, hace 60 años, a semifinales de la Copa de Europa, tras eliminar al equipo yugoslavo Estrella Roja. El próximo objetivo sería el Milán. Para muchos ese fue el mejor equipo que alguna vez tuvo el United: jugaban de memoria, a talento de potrero y eficiencia grupal. Sin embargo, un accidente aéreo después de cargar combustible en Münich, lo pudrió todo. Murieron ocho de sus jugadores, el grueso de la plantilla, y a todos ellos los fue a buscar Matt Busby; algunos estaban en perdidos en la banca de otros clubes; otros en bares gastando las pocas monedas conseguidas en las fábricas que trabajaban; y barrios en los que miró y captó talentos infantiles como espectador en la cuneta. Con todos ellos compartía un sueño: de la nada volverse inmortales, quizás no para los libros de historia, esos que se envuelven en políticos burgueses y matanzas de poder, pero sí en el afecto de la calle y en el murmullo popular. Caminar y que te saluden con aprecio, porque en esos tiempos los futbolistas caminaban y no se encerraban. Luego de darle la espalda a dos extremaunciones de un cura cobrador, Matt apenas sobrevivió.

Ese pudo ser el fin de todo. Pero no quiso deprimirse, su vida no había sido para nada sencilla y la remó; y aunque costó,
junto a Charlton (que también sobrevivió), Law y Best, reconstruyeron piedra a piedra, gambeta a gambeta, al club. Diez años después batieron al Benfica de Eusebio en Wembley, coronándose campeones de Europa. Y entre lágrimas, sin olvido, y como despertando de una pesadilla, ese mismo día se retiraría.

Caminó por las calles hasta 1994, año que en murió, y siempre fue saludado con cariño y respeto. #BB

Acerca de Roberto Meléndez 413 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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