Matías Fernández y su llegada al Milán

No era necesario ser de Colo Colo para disfrutarlo, si te gustaba el fútbol, te gustaba Matías Fernández y punto. Nunca ha sido un jugador de descollante personalidad pero sobrellevaba el liderazgo a partir de su capacidad: “que la tenga el Mati que algo puede pasar”, era un rumor vivo en los labios de todos.

Las primeras luces fueron en el sudamericano sub20 del 2005, cuando hacía migas con el Chapa Fuenzalida y arriba Lorca o Canales luchaban en el área. Por ese entonces Fernández era un media punta con harto gol, buena gambeta y remate de cualquier lado. Claro que fue el 2006, cuando Valdivia partió a Palmeiras y Borghi le dijo “diviértete y se el amo del equipo”, que el 14 blanco se transformó en mito, un periodo de meses que parecen siglos, porque adentro de la cancha fue inmenso y eso en los recuerdos peloteros sacuden la normalidad de eso que conocemos como tiempo.

Tiro libre dado, tire libre adentro. En la Sudamericana rompió el molde y repuso la vanidad de un fútbol chileno sumergido en la nada: de pronto un futbolista nacional eclipsaba a todos. Y en la pichanga de cualquier lado renacía la rabona, como un truco bonito, como un lujo útil. Fernández llenaba los bares, agitaba los aplausos. Con ello llegó la transferencia y el deseo ansioso de que conquistara Europa. Pero no fue así.

En la selección siempre se ha sentido cómodo, para Bielsa fue un elemento importante y las veces que se pone la Roja suele estar a tono. Sin embargo la expectativa era otra, era el llamado a revolucionar la posición del futbolista chileno en el extranjero. Eso nos hizo creer, eso quisimos ansiosa y honestamente creer. No obstante su semblante se tornó serio, regulado; ya no tenía el descaro atrevido de la adolescencia.

Los más obsecuentes dirán que ha cumplido, los más críticos que ha fracasado. Lo cierto es que en Europa ha tenido altos, bajos y espacios indiferentes; quizás esto último es lo que más irrita. Si tan sólo jugara con un poco más de rabia, si quizás mirara para atrás y dijera “por la cresta”, si dejara de estar agradecido de lo que tiene y saciara la vil ambición humana, si fuera menos adulto correcto y más muchacho canalla.

Hoy a sus 30 años llegó al Milán, un club que contemporáneamente es mirado de reojo pero para quienes conocemos la historia de esto es el cielo. Una gran temporada en el cuadro Rossonero sería suficiente para cambiar la balanza de todo. Es su gran oportunidad, pero debe exigirla, no esperar que simplemente ocurra. Y si no pasa, siempre estará ese recuerdo, cuando fue el mejor de todos y paralizaba a un país desde ese fútbol fresco, imaginativo, juvenil… y se divertía descaradamente. #BB

Acerca de Roberto Meléndez 414 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
Contacto: Twitter

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*