Cuando Lucho Fuentes frenó a Ronaldo con «La Culebra»

Petorca es una comuna en el norte de la región de Valparaíso, tierra minera, de limones y paltos. Ahí nació el presidente Manuel Montt, también Lucho Fuentes. Luis Fuentes tiene 32 años y sin ser un personaje carismático para los medios, más bien quitado de bulla como se dice, ha labrado una rigurosa y disciplinada carrera como futbolista. A paso lento pero seguro, su juego confirma un progreso sostenido, armónico, sin las grietas de las diagonales económicas que tanta carrera deportiva mutilan.

Debutó y se hizo pilar de Coquimbo, para luego pasar a ser el líder de la defensa del equipo más en forma de Chile, Cobreloa. Esas han sido sus dos estaciones, y ambas instituciones dan fe ciega de su humilde y determinado profesionalismo. El muchacho que callejeaba con sal en los bolsillos por si se encontraba una palta en el camino, finalmente será titular en la selección chilena, y nada menos que contra Brasil. «Un partido que verán más de 100 millones de personas en todo el mundo», se lee en los diarios. El chiquillo de piernas hilachudas, con cara de gallo, que aprendió a barrerse en las tierras polvorientas del club amateur «Unión El Bajo» de Chincolco, tiene ante si la gran oportunidad de su vida.

Lucho Fuentes hace metódicamente su bolso, revisa una foto de su familia, se encomienda secretamente a ellos, vaciando su espacio humano. Imagina el partido, se ve anticipando a Ronaldo y sonríe nerviosamente. Cuántas veces lo soñó, en breve pisará el mismo césped, comienza a agitarse, pero no es un problema, son años de experiencia; sin tantos flashes, pero sus poros son los de un futbolista. Cuántas veces creyó su destino estático, sin el viento favorable que otros con menos méritos a veces tienen, pero fue paciente y apasionadamente tozudo. Finalmente es la rebelión del ser, eso que es más bien inconsciente.

Cuarenta minutos de juego, Brasil vence 0-1 a Chile, una noche de junio del año 2004. Hace frío, el Nacional está repleto, con el público implicado. «La Roja» tiene al frente al puntero de las eliminatorias, a la mejor selección del momento y al actual campeón del mundo. Chile asoma con buen puntaje, un juego irregular y esperando el destape de sus figuras porteñas, David Pizarro y Reinaldo Navia. El «Enano» poco a poco se consolida como un jugador importante en el Calcio italiano, mientras el «Choro» tiene una probada carrera goleadora en México. El partido del volante es lucido, con regates elegantes, pero excesivamente tentado al pelotazo. Muchas referencias ofensivas no tiene, salvo la permanente de Navia, que hostiga, fastidia y ha tenido dos claras; en la primera se apuró, en la segunda Dida hizo una tapada de portada de revista. Brasil lo gana por un descuido, una merma de intensidad del local y el Scratch que sin apuro avanzó limpio por la frontal: Junino Pernambucano, Ronaldo, taco de Kaká, Luis Fabiano se sacó a Nelson Tapia y adentro. ¿Luis Fabiano medio metro adelantado? A la FIFA, Ricardo Rojas venía en cámara lenta. Chile muestra bonitos destellos, ratos de anticipo, algunos arranques de Mark González. La actuación tiene al hincha expectante, metido. Y con nervios, porque cada avance de la visita es a zancadas y en tres toques traen arena al pasto.

Lucho está jugando bien, leyendo las coberturas, preciso con el pase, salió de taco en la cara de Luis Fabiano y tiene cortito a Ronaldo. El 9 brasileño no ha podido conectarse con el juego, e incluso chantajea al bueno de Luis: «El Fenómeno» le promete su camiseta si lo deja pasar para hacer un gol. Fuentes, un tipo correcto, igual la pensó. Un segundito, un sueño ingenuo, un necesario instante villano. Pero el instinto del jugador es jugar, tener al frente a Ronaldo motiva, y el sabio y viejo inconsciente le sugiere que será eterno.

Cuarenta minutos con 11 segundos, Kaká profundiza largo por la izquierda, recibe Ronaldo en posición de extremo izquierdo, el control se mima con el inicio de la carrera, inclina el cuerpo y se prepara para cambiar de marcha. Lucho Fuentes lo tiene visto y sale a achicarle la cancha, un tú a tú, la propuesta que ha hecho millonario al brasileño. La posibilidad de quedar enganchado y en ridículo es alta, los mejores tragaron pasto. Ronaldo ya es leyenda, el crack sabe aprovecharlo y quien lo marca, generalmente lo marca a él junto a sus piruetas del pasado. Pero Lucho no ha perdido el paso de la respiración, está vivamente concentrado, y disfrutando de un momento único por el que se fatigó toda la vida. El Nacional lleno, con la camiseta de la selección, frente a Brasil, compitiendo con Ronaldo. Fuentes sabe lo que viene al frente, no es tiempo para tener miedo, ni fijarse en la cuenta corriente, tampoco para ideas convencionales; no espera el amague del delantero, es él quien amaga. El zaguero despista yendo a buscar hacia afuera, Ronaldo con agilidad engancha hacia al área, se va ir para el arco, el estadio enmudece, Olarra es la siguiente vaya y entre Ronaldo y el «Flaco»… pero Ronaldo avanza sin la pelota y enredado mira sus pies sin veneno. Lucho Fuentes se estiró en el suelo, lleno de personalidad, y simulando una caída, una vez en el suelo, bloqueó con las piernas el trayecto y le robó el balón. El Nacional expulsa un suspiro transformado en ovación, mientras el jugador de Cobreloa se levanta rápido y pecho paloma sale tocando, como si fuera una pichanga de colegio. 40 minutos con 18 segundos, la jugada nunca más terminó: se exponía al mundo «La Culebra», un rebote más de imaginación callejera en el universo del fútbol.

Brasil mantuvo el pánico de Chile durante el resto del compromiso, pero Ronaldo nunca tuvo una clara. Chile inquietó, encerró a ratos a Brasil e hizo un partido serio, una cualidad irregular por esos años. No alcanzó para superar al campeón del mundo, pero al menos para llevarse un empate sobre la hora tras un penal de Cafú al lateral Rodrigo Pérez. Reinaldo Navia, que batalló y la mojó, se sacó las ganas fusilando a Dida. El partido terminó 1-1. Pizarro mostró potrero y condujo al equipo; Navia se hermanó con el gol; Luis Fuentes fue la figura material y espiritual del encuentro.

Lucho Fuentes se acostó repasando el partido en su cabeza, se emocionó y esbozó una sonrisa al pensar en «La Culebra». En el velador no estaba la camiseta de Ronaldo, sí un pan con palta. Hizo un resumen del esfuerzo, del rigor en cada entrenamiento y sintió el nervio de darse cuenta que efectivamente había avanzado. Quizás ya no con la edad para firmar un contrato en Europa, pero sí para observar una sacrificada y honesta evolución. Suspiró, un poco avergonzando de sentir orgullo de si mismo, y luego durmió tranquilo. El sabio y viejo inconsciente no había fallado. #BB

Acerca de Roberto Meléndez 414 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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