La vigencia de Garín

Ríos, González y Massú nos acostumbraron a que todo fuera luces y en un constante ahora. No hubo que aguardar tanto tiempo para que se instalaran en la elite del tenis y comenzaran a partir de su nombre a guiar la bandera del país. Y se generaba ese vinculo: en todas las canchas aparecía un ceachí, la tele daba sus encuentros, llenaban las portadas de los diarios, nos sabíamos el ranking. Los partidos y sus carreras se vivieron, con el permiso de los protagonistas, como propias.

El primer “1” que me saqué en la Universidad fue al llegar tarde a una prueba por quedarme viendo un partido de González en Roland Garros contra Juan Carlos Ferrero. Es que se alargó, y aunque el bombardero perdió, no me arrepiento; nunca me voy antes del estadio.

Durante estos últimos años los tenistas chilenos no han tenido el mismo éxito que esos tres monstruos, y no es algo para quemar las calles, está dentro de la dificultad propia de un circuito enormemente competitivo, el costo para solventar una carrera con la raqueta, y la distancia de infraestructura, apoyo y cultura deportiva en la que se sitúa Chile frente a las potencias de siempre. Pero ahí está el bicho metido; porque ya lo vimos, porque antes de esos tres también hubo otros, y porque el tenis es un lenguaje que nos resulta común, casi patrio. Pueden haber millones de chilenos que nunca han entrado a una cancha de arcilla, pero todos sabemos que es un drop shot y quien es Roger Federer.

Christian Garín es de esos jugadores que hoy está tratando de reconstruir el camino hacia los grandes torneos. El iquiqueño desde bien joven pintó bien, ganando un partido ATP con apenas 16 años, siendo campeón juvenil de Roland Garros, y con un talento más que interesante; la derecha le corría y su revés a dos manos presentaba picante. Se erguía, sin buscarlo de esa manera, en el símbolo del famoso “recambio”. Pero el trayecto no fue tan acelerado, como muchos pensaban, incluido el propio Garín, quien ha batallado duramente con lesiones, frustraciones y confianzas que se diluyen al no encontrar el definitivo despegue. Sin embargo, tiene claro una cosa, quizás lo más importante: él es tenista, esa es su vida y la va pelear.

Ayer se coronó campeón de su primer challenger, en Lima, el titulo más importante que ha conseguido en su incipiente carrera. Es que debe aclararse una cosa: actualmente, con 20 años, está recién en su primera etapa, pues ya no es como antes, y basta mirar el ranking para darse cuenta que los jugadores de hoy encuentran su punto más alto a partir de los 25 años. Pero eso no es consuelo, ni tampoco una excusa para relajarse, la intención es progresar, solventar los gastos, competir con los mejores, cumplir los anhelos que construyen los segundos de la cabeza.

Venció 3-6 7-5 y 7-6 al argentino Guido Andreozzi, 127 ATP, en 2 horas y 26 minutos de partido. Con esto trepará al puesto 201 de la ATP, el mejor que ha tenido, y de paso es el nuevo número 1 de Chile. También el mejor latinoamericano de su edad. Tremenda manera de ir cerrando el año, es un gran espaldarazo a las horas de trabajo, al sacarse la chucha, a la convicción que su técnico y familia han tenido en él, a aguantarse los comentarios irónicos y su propia ansiedad, a la presión del medio y toda la fatiga mental por la que atraviesa un deportista. Bonita alegría se da, es una muestra de que puede y que el camino está más vigente que nunca.

A seguir progresando y muchas felicitaciones. Espero tener pronto que sacar la vuelta por verte en un Grand Slam. #BB

Acerca de Roberto Meléndez 414 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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