La tarde del matador en el Centenario

Bielsa llama desde el banco al ‘Mago’ Jiménez, le da un par de instrucciones; parece ser que el momento de Salas en el partido ha llegado a su fin. El de Temuco no ha intervenido demasiado en el juego, Chile cae 1-0 frente a un Uruguay que aprovechó una engolosinada de Vidal mientras salía por el medio; fue cuando el primer tiempo se acababa, en la tercera que tuvo Suárez.
E
l matador mira la conversación entre el técnico y el futuro marido de Coté López (‘Rey León’), está preocupado, sabe que será él y no quiere abandonar ahora, menos ahora, cayendo y en deuda; alimenta su fuego, recupera la memoria, la memoria de los grandes.

Salvo los primeros 10 minutos de la etapa inicial, Chile no pasa grandes zozobras, aunque tampoco consigue ser profundo. Ya está dicho, el resultado es adverso, pero el segundo tiempo mantiene a una ‘roja’ que le saca la pelota a Uruguay y así contiene los esfuerzos de verticalidad de una ‘celeste’ que siempre, sin excepción, nos ha ganado en esa cancha. Son 3 puntos dominados por historia, por carácter, casi que culturales.

Bielsa lleva 4 meses con el buzo de la selección, aún no arma del todo su estructura ni conoce en profundidad al medio; pese a los vídeos, porque al futbolista tu lo comprendes cuando observas los desplazamientos en la cancha, con todo el panorama, al moverse en esa parte esencial que es sin la pelota. Aún así, la personalidad del grupo de jugadores ya está en línea con la agresividad del rosarino y cada vez que Chile ataca, hay 6 hombres pisando el área. Sorprendente, emocionante; locamente emocionante.

El hincha acomplejado, conservador, ese de ‘la medida de lo posible’, ese que confunde inteligencia con miedo, dice que estamos defendiendo mal; la verdad es que defendemos como siempre, al menos ahora, atacamos. Bielsa revienta al ochentero porque lo desenmascara; su mentira, sus temores esenciales. El hincha apasionado, ese que se tragó tantas, ve algo diferente; hay que apostar, hay que creer.
Salas, despierta.

Uruguay se aproxima a punta de pelotazos y melones con vino, e incomoda, huevea, pero Riffo logra rescatar una pelota y encamina el contragolpe; el que la lleva es Droguett, quien se larga a toda marcha; recibe en la posición de ‘wing’ izquierdo, Carlitos Villanueva, y el piña manda un centro medido, con botecito, al borde del área chica, entre arquero y centrales; el centro es muy bueno, pero para ganarlo hay que ser un crack, y apareció el capitán, con la 11, en una palomita de rayo y su gol 36 por la selección. Fue un golazo, en toda su gestación y una finalización de capo, porque anticipó todo y a todos, y fue a lo guapo, con los ojos abiertos. Lugano, Godín y Carini se miran; Salas sacude el grito de todo un país.

Bielsa entiende que la mirada del goleador se encendió, recula el cambio. Las voces acidas de pendejos sin recuerdos, se silencian.
Uruguay queda aturdido, Chile va por más. La instrucción es ir a ganarlo; porque todavía queda el resabio de ‘cuidar el empate’, pero esa ya no es una opción.
Matías Fernández presiona la salida, recupera y se manda; debió dar el pase, pero sigue encarando; Lugano se lo lleva por delante y Pezzotta cobra penal.
Lo pide Suazo, lo pide Vidal, pero la agarra ese ’11’ que pasó por las lesiones más dificiles, que volvió del retiro; por ese capitán que debió llegar mucho más arriba, pero así y todo, nadie duda de lo que fue; ese jugador que supuestamente fracasaría en Argentina, porque por esos años bastaba el acento ‘che’ para que las cañuelas nacionales temblaran y se les pusiera alfombra roja. No el matador, al que llamarían desde el otro lado, ‘el fenómeno’, conquistando una tierra prepotente, pero sabia admiradora del futbolista extraordinario, y Salas fue extraordinario.

El Centenario abuchea, el corazón de millones de chilenos late agitado, nervioso; el matador está feliz, en la zona que más le gusta, frente al arco. Toma poca carrera y tiene las manos en su cintura; espera como ese galán que sabe lo que vale; Carini se le mueve, pero está escrito, a paso tranquilo la abre con el interno y la malla abraza la pelota con cariño. Explotamos todos, además que de la mano del ídolo, ese inmenso en tiempos en que no teníamos nada. Y ver contento al matador… Porque puta que le costó, y puta que lo merecía, si cuántas que nos dio.

El dedo índice al cielo, el abrazo del chupete y Bielsa que le dice, ‘sigamos presionando’; Salas afirma con la cabeza.

Uruguay se fue con todo, Pezzotta compensa y nos mete atrás; al equipo le falta experiencia, manejo y Abreu lo termina empatando. Se pudo ganar con una última de Villanueva, pero a fin de cuentas, el empate valía mucho, porque era inédito y lo sigue siendo.

Fueron los últimos dos goles que hizo el matador por la roja, en el Centenario, nada menos.

Sí, fue la última gran tarde del matador; la tarde del matador en el Centenario. #BB

Acerca de Roberto Meléndez 414 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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