La pichanga del guatón Nelson

Foto:Fernando Pilatos/Gazeta Press

Tengo un amigo que se llama Nelson, aunque le decimos el guatón Nelson, básicamente porque es gordo. Un personaje. Su mayor virtud es tomar chela, lejos. No conozco a un hueón más seco para tomar cerveza. Dice que le gusta el fútbol pero la verdad es que siempre he sentido que es más bien una excusa pa’ empinar el codo. Aunque conceptos tiene, y no come vidrio con eso del fútbol ofensivo: para él nada es más precioso que un 4-4-2 arropadito. Sí, es un desengañado de la vida, de esos que no cree en el 10 clásico y desconfía del valor de lo cualitativo. Pero no siempre fue así, todo cambió el día que lo patearon, hace cinco años. Incluso antes leía cuentos y novelas, ahora en cambio lee El Mercurio. Su vida se ha ido a la mierda. Aunque a veces le vuelve el alma al cuerpo, se suelta, relata anécdotas y se caga de la risa. Todo depende de cómo lo pillen los recuerdos. Igualmente su historia tiene épica, y así fue todo:

“Nelson, tenemos que terminar”, fueron las concisas y directas palabras de quien hasta ahí era su gran amor y la única polola que ha tenido en la vida. El rostro sereno de la muchacha no dejaba margen para la acción, la sutil pero efectiva distancia de un cuello erguido y la mirada decidida planteaban el fatal abismo. No quedaba espacio para un contragolpe, definitivamente el guatón Nelson estaba ‘off side’. Con voz tranquila, sin cambiar la tonalidad ni hacer mayores énfasis, la morena continuó e hizo un repaso a los múltiples argumentos que tenía para echar mano; cada uno cierto, cuál de todos peor. Cerró con el último detalle que colmó su paciencia: dos días atrás, nuestro héroe había sido detenido en la vía pública por estar meando en la calle en evidente estado de ebriedad. La vieja excusa “es que no comí ná”, ya no funcionaba. Él la observó detenida y apasionadamente, pareciéndole imponente, adulta, más rica incluso que con tres piscolas en el cuerpo; la miraba y ya no veía a una chiquilla, estaba frente a una verdadera mujer. Aguantó el llanto por resistencia cultural a lo que llamamos masculinidad, pidió la cuenta al comprender que cualquier defensa suya se vería como una estúpida negación y bajo la vieja promesa de un “me la voy a jugar”, se marchó, aferrado a la siempre vigente idea de que el tiempo lo cura todo.

Pasarían las semanas pero el plan de reconquista quedó en nada. Ella, a modo de terapia, se inscribió en un gimnasio: bajaría algunos kilos y pronto encontraría a otro galán. Para el dolor de todos nosotros, mucho más mino que el guatón Nelson. No pasó mucho para que la chiquilla explotara su amor por las redes sociales, mostrando toda su felicidad, devastando al pobre gordo, a quien ni siquiera tuvo la delicadeza de eliminar. No nos quedó otra que hacer la investigación pertinente para ver cómo cresta generar alguna posibilidad de competencia, o al menos algo que lo demostrara como un hueón más bacán y llenar el vacío de nuestro amigo con algo de alivio. Sin embargo el hijo de puta era exitoso y popular. Además iba a museos, tocaba guitarra, ponía bien todos los puntos y las comas. El guatón Nelson estaba hasta el pico.

Una tarde nos llamó por teléfono Ricardo, un amigo en común quien tiene el sello incalculable de haber ido a ese programa de televisión llamado Cachureos cuando tenía 7 años y ser devorado por el Tiburón. Y se lo tragó enterito, mientras Ricardo lloraba y aleteaba las piernas. ¡Fue maravilloso! Sí, efectivamente, Ricardo es una de las personas en Chile al que se lo comió el Tiburón de Cachureos. Después de eso, siempre pasan situaciones extrañas alrededor suyo, y esta vez no sería la excepción. El llamado fue para invitarnos a una pichanga esa misma noche. Fuimos. Al llegar a la pequeña cancha de baby, la escena no pudo ser más cruel: estaba la ex del guatón Nelson con el hijo de puta. Las malditas coincidencias.

Nunca vi al guatón tan concentrado como en ese partido. Y no es que él creyera que a partir de ese juego se iba a definir el amor de la muchacha, nunca tan película gringa, nunca tan ahueonado, pero se trataba de orgullo, de honor. El pinturita podía ser el típico chabón que en este siglo saca las ventajas del aprecio femenino, gastando humo con sus fotos estilizadas, de pseudo arte, y comentarios sensibleros y frutales. El conchasumadre era un experto en llamar la atención. Y si no era así, esa era nuestra convicción y nos dio fuego. Entramos a la cancha con odio. Yo no tenía nada que ver, pero como buen amigo, me sumé al sentir.

Jugamos un partidazo, les dimos boleta. ¡El guatón Nelson le mandó un hoyito al pelmazo! Se escuchó el olé desde el infierno. Jugamos por todos los caídos en desgracia del mundo. Toques, cambios de frente, patadas a las canillas sin asco. El bonito era puras zapatillas, además quejón y bueno para la chuchada cuando no se la pasaban. Pero el careraja no tenía gambeta, ni control, y le pegaba a la pelota con el diario. ¡El Guatón Nelson parecía Ronaldo al lado suyo! Puta que fue bonito. Y ella vio todo eso. Y el guatón Nelson se fue realizado, más feliz que la chucha. Casi en camilla, porque corrió como nunca, con la camiseta noblemente empapada.

A veces cuando está algo borracho cuenta esta historia; de ese día en que el fútbol le dio una pequeña revancha, y jugó a lo Ronaldo, en su propia pichanga. #BB

Acerca de Roberto Meléndez 376 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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16 comentarios en La pichanga del guatón Nelson

  1. Por un amigo que la leyó y la compartió llegué a esto, como amante del fútbol, las chelas y ahora, fan del Gordo.
    Qué ganas de poder jugar algún día al lado del Guatón Nelson.
    Por todos los caídos, 🍻 desde Puerto Varas

  2. La genialidad está en tomar pala y pluma con la misma firmeza.
    Acá se nota de lejos que tienes talento para las letras del fútbol… y por como publicas con constancia y originalidad, sin caer en la repetición tortuosa ni el típico negativismo periodistico deportivo, se nota tambien la constancia en tu trabajo!
    espero de corazón salgan mas historias como éstas, claro que como el guatón Nelson, no habrá ninguna

  3. Estimado, me gusutaría contactarte , mi Nombre es Alfonso Contreras y soy representante de actores , estoy en busca de un Guionista y la verdad gustan mucho tus relatos.

    Quedo atento

  4. Muy atractivo y emocionante el relato, claramente nos sentimos identificados aquellos que jugamos con ponchera y camisetas de Paine. Excelente historia.

  5. Gracias a mi hermana llegué hasta acá. Y de verdad que encuentro maravilloso este texto. Me siento identificado, tanto con el Guatón Nelson como con sus amigos. He estado en las dos situaciones. Es simplemente hermoso el relato. El olé desde el infierno siempre se escucha. Felicidades.

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