La pared del destino; una de las tantas historias de Martín de Palermo

Martín Palermo brilló e hizo historia como pocos jugadores en la ofensiva de Boca Juniors. Justiciero en los momentos importantes, con los xeneixes alcanzó la idolatría. Eran finales, clásicos, instantes de apremio; ahí aparecía Martín. Sin embargo la delicia de sentirse bendecido en el popular club bonaerense contrastaba con su experiencia en la selección. Una experiencia que sin tregua, apenas en sus inicios, generó un momento traumático.

El 4 de julio de 1999, con el mítico número ‘nueve’ de Batistuta en la espalda, el zurdo vivió el mayor complot del destino. Se jugaba la Copa América de Paraguay y el fuerte delantero de Boca comandaba el ataque del primer gran ensayo de Marcelo Bielsa al mando de la selección trasandina. Palermo se presentaba como el artillero de moda de la liga argentina y lucía la personalidad necesaria para confirmar las expectativas puestas en él. Dos goles contra Ecuador en el debut del torneo continental lo encumbraban a través de los elogios, con portadas luminosas. Sin embargo ese 4 de julio transformaría su relación con la albiceleste: ese día ante Colombia fallaría tres penales. Sí, tres penales. El primero lo pateó al travesaño, el segundo lo mandó a la galería del pequeño estadio de Luque, el tercero lo contuvo el portero Calero. Erró uno y quedó como una eventualidad; falló el segundo y dejó de ser algo curioso; con el último alrededor de sus oídos habitó el silencio. Colombia ganaría, para colmo, 3-0.

Si bien no dejó de ser titular y fue clave en el triunfo frente a Uruguay días después, anotando un gol, la mancha y el murmullo habían quedado ahí, como un rumor de pueblo entre los labios. Tras la eliminación de ese equipo en cuartos de final a manos del Brasil de Ronaldo y Rivaldo, Palermo, sin decirse, se convertiría en exiliado de su bandera.

La vida de Palermo es fantasiosa, abrupta, majaderamente paradógica. Del cielo al infierno en instantes. Pero la selección quedó como un punto suspensivo sombrío, enterrado en ese maldito recuerdo.

Hasta que pasaron 10 años.

Palermo estaba próximo a cumplir la edad de 36; más cerca del retiro que de seguir añadiendo palabras en una carrera destacada. Pero era tiempo que el destino le devolviera la pared de una pichanga que se pensaba acabada. Y se puso a trabajar como quinceañero deseoso.

Argentina, con Diego Maradona en el banco, se jugaba increíblemente sus últimas chances de clasificar al mundial de Sudáfrica 2010. La escuadra del Diego asomaba desorientada, encomendada al arrebato de un milagro. En ese contexto, con carencia de ideas, junto al olfato del ciclo y la revancha, la imagen de Martín Palermo se posicionó espiritual.

El monumental de River Plate resistía apenas el aliento, debajo de barriles de agua que caían con rabia. Era la última jugada del partido, y el 1-1 con Perú prácticamente enterraba la esperanza del local. La galería exteriorizaba angustia, el banco anfitrión todo de pie, Maradona con el corazón estático, todo el equipo peruano rodeando su área, y los futbolistas argentinos desesperados viendo el paseo de un balón sin camino. El tiro de esquina del Pocho Insúa recorrió el aire, desde el otro lado Di María rescató al muerto y la mandó de vuelta, y nuevamente Insúa despojó el compromiso con un tiro-centroshot-cualquiercosa…no quedaba nada, el árbitro se llevaba el silbato a la boca, la pelota cruzaba el mundo, pero atrás de todos, solo, como un fantasma, olvidado, en la esquina del área chica, puso el pie y la pelota adentro. Fue una explosión. El Estadio colapso, Maradona se tiró un mitico guatazo, y Martín Palermo corrió al pasado, le dio la mano y grito con fuerza el gol de su gran revancha. Se sacó la camiseta, se limpió el cuerpo con la lluvia, y lleno de barro en los pies consumaba el milagro; el suyo, y el de su selección. El destino devolvió la pared, fútbol en estado épico.

Argentina fue al mundial, él también, e incluso convirtió. Está retirado, es técnico de Unión Española, y cumple hoy 43 años. #BB

Acerca de Roberto Meléndez 414 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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2 comentarios en La pared del destino; una de las tantas historias de Martín de Palermo

  1. Me gusta tu prosa Roberto. Me recuerda mis años de lector del Boom. Y mas me gusta porque escribes de futbol, es bueno escribirle a esos hinchas que poco se acercan al idioma. Eso si es un aporte. Un pequeño tiron de orejas, cariñoso, el usar argentinismos te quita lo tuyo. El “aguante” dice lo correcto, pero el “apoyo” o el “respaldo” esta bien para nosotros.
    Otra cosa que me gusta es que eres muy joven, 40 años menos que yo. Quizas en este medio tan snob, ocurra lo que deseas, que venga la racha. Ojala.

    • Gracias, Guillermo. Igualmente creo que aunque es cierta la raíz argentina de la palabra, hoy en día tiene un uso muy común, no la siento lejana; será el cable, los viajes, la modernidad, la interconexión. No veo la necesidad de escindirme. Pero se recibe bien la crítica y estaré atento a los momentos de su empleo. Saludos.

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