La noche en que Valdivia conoció a Riquelme

SANTIAGO, CHILE: Argentine midfielder Juan Roman Riquelme (R) vies for the ball with Chilean midfielder Jorge Valdivia during their FIFA World Cup South American Qualifying match at the Nacional stadium in Santiago, 13 October 2004. AFP PHOTO/Daniel GARCIA (Photo credit should read DANIEL GARCIA/AFP/Getty Images)

¿Y este es Riquelme?, se pregunta con insolente decepción, mientras camina a un metro del crack argentino por la cancha del Nacional. Está al lado de una referencia sudamericana de la época, de un jugador al cual ha observado con baba sin freno desde la tele. Pero la cancha es la cancha y los buenos se transforman; ahora lo mira con desdén, bajo el escepticismo de la arrogancia. El ’10’ trasandino no logra influir en el juego de su selección. Todo lo contrario al joven engreído chileno, que mastica chicle, levanta el mentón con descaro y en breves minutos se ha hecho cargo de mover el estadio. Porque es eso: la pelota en sus pies y ese juego escondido en la mente de todos, en el inconsciente del barrio, vuelve a aparecer con la fuerza de un eco improbable, excitando.

El balón busca adictivo a Valdivia, quien está de espaldas con la marca de Mascherano. El «jefecito» entró por Lucho González al inicio del segundo tiempo simplemente a marcar al talentoso chileno. Pero Valdivia lo mueve sin moverse, quebrando caderas, y sale por el lado obvio, con la pelota bajo el pasto. El público delira y se despega del asiento. El campo se abre, los laterales pasan, las líneas se estiran. Sorín viene con la patada al tobillo, Valdivia se frena, sus ojos van para un lado y el pase ya corre preciso para el otro, entremedio de la multitud; Rodrigo Valenzuela llega con tiempo, manda el centro, pero atento está Walter Samuel para despejar con la punta del pie cuando se metía el «Choro» Navia. La galería se enciende, comienzan a cantar. Pékerman desde la banca albiceleste le grita a Cambiasso ¡Bájalo! ¡Bájalo!, señalando al ’14’ rojo, que lo tiene sacado de quicio.

Días antes, viajando en el vuelo más económico que encontró la ANFP, venía desde Suiza Jorge Valdivia. Lo hace junto a su compadre, Jean Beausejour. Ambos juegan por el Servette, un modesto club del país helvético. El llamado los pilló de sorpresa, pues hasta ahí no habían sido considerados para el proceso a Alemania 2006. El Mago es un pedido popular: la Roja carece de descaro y de ese dribling que despeja. Además, tiene último pase y hambre. Juvenal Olmos se le resiste, como varios más; es que tiene lagunas, una personalidad extravagante, y en la eterna reducción, esperan que el enganche lo haga todo, en todo momento. A Olmos no le gusta depender de un «diez», pero está urgido, su puesto corre peligro y busca un salvavidas.

Valdivia es muy bueno, pero así como se ilumina, se apaga. Este 13 de octubre del año 2004, está encendido, dando luz al juego.

Chile es más y con Salas hace migas: los dos van antes que el resto. Y aunque el Matador ya no tiene la velocidad de antes, Valdivia lo espera: la pisa, se ríe y se la larga. Salas de primera fulmina: casi. Hay electricidad, hay inventiva callejera, hay fútbol espectáculo. Y lo hace un desconocido para el mundo, mientras, Riquelme sufre por la marca incansable de Lucho Fuentes y las mañas de libro del «kalule» Meléndez. Los reclamos al siempre saquero Caros Amarilla no cesan, pero hasta el paraguayo está pasándolo bien con el Mago, que va, viene, la esconde y saca el aplauso. Amarilla no hace caso a los reclamos. El fútbol fluye, Chile puede ganar.

Pero Juvenal ve lo que nadie más ve, acreditando su título como técnico: va a cambiar a Valdivia en el minuto ’72 por el Nacho Quinteros. El Mago pregunta si de verdad es él, mientras Olmos pone cara de intelectual. En la tribuna se crea una atmósfera de desconcierto, al igual que en la cancha. Se acabó la diversión, los asientos fueron asientos y el cero a cero inmutable. Salas lo tuvo de tiro libre pero Abbondanzieri estuvo soberbio. Riquelme seguiría pasando inadvertido.

Tras una actuación sobresaliente, no volvería a tener protagonismo con Juvenal, quien tres partidos después sería despedido. Pero Jorge Valdivia esa noche demostró lo que podía rendir. Y también, que nunca está del todo claro qué puede pasar con ese altanero en la cancha. #BB

Acerca de Roberto Meléndez 414 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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