La noche en que dormimos diferente

CLAUDIO DIAZ/PHOTOSPORT.

Fue el despegue, la noche en que la idea se materializó. Necesitábamos creer, sí, después de tantos años, era una necesidad vehemente. Igualmente, ese día la fe podía estar envuelta en dudas: el rival era Argentina, selección a la que Chile nunca había derrotado de manera oficial. Nunca. Con esa confianza, adherida al paso obvio de la realidad de siempre, entraba el equipo de Alfio Basile al Nacional. Además, ya habían derrotado días atrás a Uruguay, y Messi, poco a poco, se adueñaba de las miradas.

Por contrapartida, el equipo entrenado por Marcelo Bielsa aún no conseguía la estabilidad; las señales prendían el entusiasmo, así como el aterrizaje concreto de la cancha promovía el eco escéptico. La última estación, Ecuador en Quito, la fiel muestra de un camino todavía lleno de tierra. Fue una derrota sin apelaciones, sin llegadas al arco rival. Incluso había quienes comenzaban a cuestionar la continuidad del técnico; los menos, pero con micrófonos y columnas. Sin embargo, a Bielsa lo sostenía el repudio popular al estilo cansino, el magnetismo de esa ansiedad ofensiva, inmediata, que hacía migas con el vuelo de los días contemporáneos de un país que de a poco dejaba de ser isla y se integraba al mundo. La fuerte personalidad del nuevo grupo de futbolistas enganchaba con la del técnico, quien con la mirada incendiaba la pedagogía.

Con todo, la formación chilena generó ruido colectivo: Bravo; Medel, Ponce, Contreras; Carmona, Estrada, Beausejour; Fernández; Orellana, Suazo, Mark González. El famoso e intrépido 3-3-1-3 de Bielsa; generando la batalla normal entre el recelo y el interés. No había renuncia, al contrario, se reafirmaba ante el fantasma de toda la vida, la consecuencia. No era una apuesta, era una metodología, era trabajo. Así quería jugar Bielsa, así se dio cuenta que quería jugar el hincha, y lo más importante, así quisieron hacerlo los jugadores. Es cierto que hay diferentes maneras de ganar, y adentro de una cancha, el objetivo es ese, pero el fútbol no es una consecución de hechos que luego se valoren en la taquilla de una caja pagadora. El fútbol es una expresión, y proyecta. 5-10 minutos defender y reventar es parte de lo que ocurre, pero el ánimo de dominio inicial, ese atrevimiento no estaba, y comenzó a mostrarse como sello de identidad. Chile no era el mejor equipo del mundo, no tenía cómo: esa misma noche se medían jugadores del Inter de Milán, del Real Madrid, del Liverpool, frente a otros de O’higgins, Audax Italiano, PAOK de Grecia. Pero comenzaba a labrar un estilo. Y Chile corría, perseguía infantilmente ese objetivo. Por ese camino de tierra. Como un cuento adorablemente imperfecto.

«MUCHACHOS, ESTE ES EL DÍA EN QUE USTEDES VAN A CAMBIAR LAS COSAS. LA TIERRA NO SE VA PARAR, NI SERÁN LOS MEJORES, PERO NUNCA MÁS DORMIRÁN IGUAL»

Chile de entrada salió sin freno, Beasejour a los 2 minutos avanzaba por su zona y un centro suyo desde tres cuartos casi se cuela al ángulo de Carrizo. Fue el primero «Uuuuhhhh» del estadio que reconoció en la aventura inicial el preludio de algo diferente. Claro que no sería sencillo ni unilateral. Argentina planteó los duelos y arriba Messi, Agüero y Milito estiraban al equipo. Ledesma encima de Fernández, Mascherano de Beasejour, Cambiasso de Carmona, quien osadamente estaba siendo improvisado como volante por derecha. Pero no habían improvisaciones, todo estaba estudiado, y cada jugador cumplía el rol previamente señalado. Orellana correteando por su perfil, Suazo retrocediendo y jugando hacia las bandas. Los tres de atrás mano a mano con los monstruos, aunque nunca tan solos porque el equipo confirmaba solidaridad en cada metro. Estrada, con ajo en la boca, persiguiendo a Messi.

El duelo era parejo, el tú a tú en velocidad y técnica parecía equilibrado. Y tras la pausa por la lesión de Mark González a los 15 minutos (cabezazo atómico con Burdisso), el aire solidificó la confianza. Bielsa, un tipo comprometido y frenético al borde del campo, pasaría desapercibido. El equipo, después de 15 minutos, entendió la comodidad de jugar sin freno. Llegaba antes, las sociedades avanzaron con espacios, y el rival, con sus muecas, subrayaba la exasperación. Pablo Contreras al travesaño a los 17 y otro «Uuuuuhhhh». Chile llegaba, y con 5 en el área.

Contreras en mitad de cancha anticipa de cabeza y juega para Marco Estrada, quien la pisa y toca a Droguett (que había ingresado por González), este cambia de frente a Carmona, que bien mateo cede para un Suazo recogido y corre a buscar la pared como puntero, pero el pase del delantero rebota, aunque este lucha y la recupera; sigue Suazo, encara, se saca a uno, a otro, pero choca; Argentina quiere salir, sin embargo, ya apareció la presión asfixiante de Chile con Estrada que mueve a Carmona y ahora de primera va a Matías Fernández; Fernández le lleva pegada, busca el centro, no obstante, es interceptado por Cambiasso quien la recupera; Cambiasso prepara la contra, Messi ya está picando, pero desde Atrás Matías Fernández no claudica, se barre, engancha al trasandino y el balón se va al lateral. La galería celebra. Basile reclama a sus jugadores que salgan. Van 20 minutos y Chile es intenso, eléctrico, con fuego. 10 minutos más tarde, llegaría la explosión.

Gary Medel juega sobrado un mal pase para la izquierda, pero Dorguett no la deja salir y evita la presión con un giro y un pase por la línea; Estrada con Matías, Matías con Estrada, Estrada con Beasejour; el moreno corta hacia adentro y juega para Medel que ya está adelantado por la derecha; Gary pasa a Carmona y sigue corriendo; el mateo no inventa nada y persigue el recorrido de Medel con un toque fino en pared; Gary ya cruzó todo el campo; Orellana está en el área grande rival, amaga entrar a la pequeña, la defensa completa compra; Gary centro atrás; Orellana de primera y cruzado: ¡GOLAZO! Por toda la cancha, jugada de manual, con un sello diferente: el central chileno mandando un centro de 7, y el 7 de centro delantero. Notable.

Y así continúo el encuentro, con Argentina sin el balón, un Chile aguerrido, intenso, y sin miedo. Lo tuvo Droguett, Suazo varias veces, Fernández. Fue sólo 1-0, pero fue una paliza en la cancha, y una paliza a la historia.

Los últimos minutos fueron sudados, de nervios, con Medel sacando de la línea la única que tuvo Messi, agregando épica. El mismo Gary se llevó una ovación incalculable esa jornada al salir reemplazado a los 85 minutos.

El pitazo final derivó en todas las emociones, mientras la galería, aún pasmada por lo ocurrido, cantaba con la adrenalina de una catarsis. Chile vencía al fantasma trasandino, pero principalmente al propio, y jugando bien, con agresividad y ansiedad contemporánea; era tiempo de cambiar la historia.

Ese 15 de octubre de 2008, Chile no se transformó en el mejor equipo del mundo, pero su juego desde esa noche adquirió plena validez; porque ganó, pero principalmente porque expresó personalidad y todo aquello que siempre quisimos ver. Bielsa se fue callado, tranquilo. Los futbolistas durmieron diferente, y todos nosotros también. #BB

Acerca de Roberto Meléndez 414 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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