La lucha de Valdivia

La gente de Iberia podría quejarse, y con razón, de que un gol mal anulado los privó de quedarse en la primera B. Pero eso es parte de lo posible, de lo que sucede cancha a cancha, partido a partido. Tragedia aparte, así es el fútbol.
Por su lado y en paralelo, Deportes Valdvivia obró su propio milagro; porque sí hubo un club con cara de entierro, este fue
el Torreón, incluso desde antes que la competencia empezara.

25 años pasaron para que Valdivia pudiese volver a la B. Durante esos años ocurrió de todo, tanto que hasta las reglas cambiaron: los arqueros ya no podían recibir con la mano el pase de un compañero; los triunfos comenzaron a valer tres y no dos puntos; y los dirigentes en Chile, increíble e insuperablemente, se pusieron más pillos. Al pobre Valdivia le querían cobrar hasta las molestias por subir de categoría, pasando de liga deportiva a club de gerentes. El monto, ridículo e inaccesible (50 mil UF), fue defendido con uñas y dientes, porque de esa forma se mantiene la salud del negocio, afirmaron los mismos que tienen a sus equipos con números en rojo. Sin embargo, eso no acojonó el entusiasmo de Valdivia, que, a diferencia de lo que puede pasar en cualquier otro lugar de Chile, el fútbol es apenas un actor de reparto. Allá la estrella es el basquetbol, y se llena el gimnasio y el triple es la portada. Con un promedio de edad de 23 años se confeccionó el equipo: lo que había que pagar a la ANFP impedía mayores ambiciones, además, la base ya estaba, había que echarle pa adelante con los más cabros. El inicio fue esperanzador, pero prontamente abortado una vez el técnico de turno decidió mandarse a cambiar. Y se lesionó el goleador del equipo. Y problemas, problemas, y más problemas.

Me tocó ir a Valdivia este año por la presentación de mi libro. La primera actividad de la mañana fue, precisamente, visitar a los muchachos de Deportes Valdivia. Fue un encuentro breve, pero para mí sumamente significativo. Les leí un cuento, uno de Vardy, y sentí el silencio. Sentí respeto. No sé cuántas veces he escuchado cosas malas hacia los futbolistas, pero en el arte de tirar mierda, el futbolista es un blanco fácil. Esa vez no había cumbia, ni modelos, ni risas por un corte de pelo; solo jóvenes luchando por ganarle a la vida. Y es que así es todavía, en la mayoría de las partes.

Hoy, contra todo pronóstico, cuando el descenso era la palabra obvia, y luego de ir desventaja en La Serena, los mismos de esa mañana fueron capaces de darlo vuelta. Gracias a un gol de Currimilla, un valdiviano con currículum que llegó de chiripa a mitad de año, dirán algunos, y verdad tienen. Sin embargo, probablemente se mantuvieron porque no quisieron rendirse, porque son futbolistas, y épica aparte, así también es el fútbol. #BB

Acerca de Roberto Meléndez 414 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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