La industria

El vocero de la ANFP lo planteó sin mayor rubor, por el contrario, con rostro sereno y determinado, explicaba las principales razones de la desafiliación de Deportes Concepción del fútbol profesional chileno. Habló de “patrimonio”, de “viabilidad”, de “ejemplo”, de “seriedad”, y supo resumir la idea -aunque sin buscarlo- en la expresión “la industria del fútbol”. Mientras decía todo eso, una institución con historia en el fútbol chileno, con miles de hinchas que reproducen el relato de su existencia y que a esa hora tenía la practica de sus divisiones inferiores, quedaba al margen de dicha industria. Los flashes se comían los ternos desde Quilín, mientras cada uno de los pijes salía con rostro de paradigma, esperando que la presunta reivindicación de limpieza fuera valorada socialmente, no sin antes, señalar la tristeza por lo ocurrido, especialmente, por los fanáticos del club de la octava región. Dicho eso, miraban su celular y ya perseguían otras ocupaciones. Al mismo tiempo, la furia de los forofos lilas explotaba, al igual que el llanto de los muchachos de la sub16, que comprendían que a su club lo habían enterrado vivo.

Arturo Salah fue el gestor de la ley actual, por supuesto no de manera intelectual, pero mientras fue un burócrata del gobierno de Lagos, picoteó ideas, se le subieron a lapa, y salió lo que salió. La característica más alabada es que sería una ley que perseguiría a los responsables de los permanentes desastres financieros que brinda la actividad. No se miró demasiado lejos, simplemente se reprodujo un sentir de la época, y abrazando la esperanza del dinero y la supuesta llegada de empresarios responsables, se entregó el fútbol del país a unos pocos, como pasa con todo lo demás. Llegaron las sociedad anónimas con alfombra roja y pompa, entre el aplauso mayoritario de la critica del momento, y en tono arrogante, despreciaron el pasado, el entorno y al fútbol mismo, que fue visto como un espacio económico más. La ley, además, si bien consignó la existencia de las antiguas corporaciones, generó trabas para las mismas, y estímulos para las nuevas sociedades que aportarían capital y, supuestamente, buenas practicas. Fue una ley de intenciones, algunas de ellas ingenuamente nobles, otras, especulativas y abiertamente ideologizadas, remarcando el arribismo que compone buena parte de los lugares comunes y juicios predeterminados que tenemos como sociedad. De pronto un club no estuvo lejos de ser un remate de caballos de carrera.

Para colmo, la legislación no comprendió el detalle, no exigió participación única -varios pillines tienen acciones en más de un equipo-, ni supo observar ni distinguir la sustantivo, que el fútbol corresponde a una actividad social, anclada en una historia común, movida por afectos. La presencia del CDF y sus valiosos recursos, como también el activo de una selección nacional magnética y millonaria, resultó atractivo para varios, que han comprendido que jugando a quedar en cero, ya es ganancia. La inmovilidad de ideas y de proyectos interesantes está a la vista: la evolución -salvo por los nuevos estadios construidos por el estado y un par de clubes distintivos- son puntos suspensivos. Pero mientras se rascan la guata y con mondadiente en mano se florean con sus amigos del chiche que tienen en sus bolsillos, cada día el CDF tiene menos rating, la gente va menos a los estadios y los niños usan la polera del Barcelona. El dinero no implica genialidad, y lamentablemente en la cancha se gana con gambeta y sudor diario, no en los recovecos legales de los que estaban acostumbrados.

Paralelamente, a diario, vemos la desatención con los muchachos de cadetes, que son vistos como meras mercancías, quedando expuestos al agente de moda y al copete del fin de semana. Como llegan extranjeros restas, que patean al arco y se ganan una portada. Como nuestros técnicos siguen jugando a lo Carvallo, existiendo Klopp. El fútbol en Chile está detenido en el tiempo, y la ley que lo estructura nutre aquello, porque no está concebida con el espíritu de reunión y competencia deportiva, está simplemente ligada a que el pago se haga a tiempo, y el resto maní: si la transferencia se hace en el tiempo debido, el dirigente gana premio. La exigente e indispensable relación con quienes finalmente le dan sentido a todo esto, los hinchas, que son quienes viven, o para que se entienda a día de hoy, consumen este juego, no califican, no importan.

A Deportes Concepción se lo robaron, delante de ellos, pero sin plancha, al percatarse de los libros y sin autocuestionamiento alguno, simplemente lo borran. Quieren dar una señal, lavar la imagen pública, y usan este caso, que se ha visto tantas otras veces con otros equipos, como medio de fuerza. Una fuerza lánguida, rebuscada, al montón. Y mientras los responsables huyen por ahí, el club pierde sus piernas. Algo anda mal, pero parte desde dentro, desde la propia constitución de esto que llaman industria.

El fútbol chileno es sospechoso, pero lo peor, intelectualmente mediocre, porque no tiene proyecto, es simplemente llegar a fin de mes. Y es excluyente al no contemplar que la base del mismo es de quienes le brindan la atmosfera y la posibilidad de ser un negocio. Sin dudas hay casos de sociedades anónimas valiosas, que agrupan un líder responsable y el sentir unido de una comunidad, como el caso de Salas y Temuco, pero se hace indispensable configurar una actividad que exprese y empuje con el aporte de sus involucrados. La ley se sometió al pelafustán con más lucas, nunca creyó en el indispensable espacio colaborativo. La Bundesliga alemana es un buen ejemplo.

Arturo Salah mostró la cara, lo de ayer es el fútbol chileno y su industria. Demás está decirlo, están atrasados y se van a quedar atrás.

Seguramente el hincha de Concepción ahora la sufre, porque esto no se trata de hacer barra, es apego, es identidad, es movimiento diario. Mientras el hincha persista, el futuro es obligatorio. El futuro del fútbol chileno no está en lo que pasa hoy día. Como industria, al menos, no generan el afecto de nadie. #BB

Acerca de Roberto Meléndez 414 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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