La espera de Gareca

Es 30 de junio de 1985. Buenos Aires respira entre el nervio y el silencio, al igual que el resto del país. Apenas quedan algunos minutos de partido y Argentina, en cancha de River, se está quedando sin mundial; México, una vez más, parece querer birlar la presencia albiceleste. Tal cual ocurrió 16 años antes, aquella vez en cancha de Boca, pero frente al mismo rival de esta noche, Perú. El capítulo parece conocido, agitando el pánico local. Mientras, desde el costado izquierdo, Diego Armando Maradona, el ’10’ que monopoliza los ruegos de la multitud, sin saberlo, se está quedando sin su destino.

Rezagado de la atención popular y del primer plano de la cámara, el delantero Ricardo Gareca no deja de moverse. El “Tigre”, como es apodado, es un artillero ágil, astuto y luchador, sin embargo, reconoce su deuda con la Selección, sabe que no rindió contra Venezuela en el primer partido, quedando al margen de la cabeza de Bilardo hasta ahora; estos minutos son vitales, quizás los más importantes de su vida.
Argentina es enredo, es desesperación. Maradona está muy atrás, o adelante encerrado por varios que no lo pierden de vista, y el tiempo juega y corre rápido. Bilardo se toma los pelos, no tiene ningún plan. De Gareca ni se acuerda.

El “Tigre” observa tenso el paso del juego, buscando un espacio que no encuentra, aunque se sigue moviendo. Perú resiste bien, y trata pulcro el balón cuando sale jugando. Gana 1-2 y el tercer mundial consecutivo para los del Rimac está a segundos.

Burruchaga desciende, rebuscando alternativas; Pasarella, el defensa central, se olvida de la prudencia y toma las banderas del ataque metiéndose en el área; a él va el pase llovido de Burruchaga; Pasarella controla de pecho, remata cruzado…¡PALO! … La historia sigue pasando de largo… No obstante, atento a la jugada, sin dejar de moverse, bien metido en el área, está Ricardo Gareca persiguiendo el rebote que viaja entre la línea y los soplidos agónicos de la galería; y veloz, logra anticiparse al portero y los defensas; luego acaricia, la pelota se abraza a la malla y Gareca, ya sin camiseta, abraza el estruendo del estadio, y quizás a su Selección con la historia, y a sí mismo con la oportunidad de ser uno más en el mundial. “Mi gol más importante”, piensa y confiesa.
El partido terminaría empatado a dos goles y Argentina clasificaría a México ’86, mundial que finalmente ganaría. Bilardo, sin embargo, de Gareca no se acordó. El delantero recibió el golpe y declararía aquello como el momento más duro de su carrera como jugador. Del cielo al olvido. Nunca más estaría cerca de Ezeiza. Tal como Perú no volvería a estar tan cerca de asistir a una Copa del mundo.

Ricardo Gareca hoy tiene 60 años, y luego de una larga ruta como entrenador que inició en el modesto San Martín de Tucumán en segunda división en 1995, sí irá a un mundial; y las vueltas de la vida no pudieron ser más futboleras, ya que lo hará dirigiendo a la Selección de Perú, a la misma que con su gol eliminó una vez, pero a la que ahora, luego de 36 años de frustraciones, como técnico supo clasificar. Lima anoche fue un carnaval.
Gareca, un director técnico de bajo perfil pero trabajador, de discurso positivo y planteo equilibrado, sacudió sus propios recuerdos y ayer, aunque no fue un gol propio, sí gritó el más importante de su vida. Y fueron dos. Valió la pena la espera. #BB

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Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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1 comentario en La espera de Gareca

  1. Un aplauso a los dirigentes peruanos, que a pesar de las derrotas supieron ver una línea de trabajo y mantuvieron a Gareca. El tiempo es fundamental si se quieren logros.

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