La ciudadanía del futbolero

Photo by Andreas Rentz/Bongarts/Getty Images

Llevo más mundiales sin Chile que con Chile. Y los he visto todos. El ’90 fue el primero, apoyando a Italia y a un goleador que nadie tenía en cuenta, como fue el Toto Schillacci. Tenía 5 años y me quedaba noventa minutos sentado, tranquilito, viendo los partidos. Mi vieja era feliz. Esas hueás son los milagros de la pelota.

Pal ’94 mi carrera como Scout duró una tarde, pues, al siguiente sábado no tengo idea quién jugaba (¿Romario? ¿Batigol? ¿Baggio?), pero me quedé en la casa, porque el fútbol tira y punto. Además, eso de hacer nudos nunca fue lo mío, salvo en el amor.

El ’98 me pinté la cara, estaba Chile y claro que fue distinto. Sin embargo, el 2002, cuando nos quedamos en pana en la boya, igual falté al colegio y le hice queques al gordo Ronaldo. Qué crack.

Y el 2006, también sin Chile, gané la polla que apostamos con los compas de la universidad; tele nueva, la Italia bandida con su mística y el cabezazo de Zizou.

Fue increíble estar en los últimos dos mundiales, sí; pero el luto de no estar en Rusia y el semblante de la victima, ya aburre. Y más allá de que algunos de los vecinos festinen con que no estemos, yo me quedo tranquilo sabiendo que las veces que hemos clasificado, ni me he acordado de ellos. Aguante Sudamérica, igual nomás.

Voy a ver el sorteo, voy a ver el mundial, voy a seguir viviendo -aunque la noche quizás diga lo contrario-, y de seguro, de estar con los ojos abiertos todavía, cuando pasen los años y mire para atrás, Rusia será parte de mi vida y no un triste bloqueo depresivo. Tengo la impresión de que se trata de la ciudadanía del futbolero, esa que escogí hace tiempo. #BB

Acerca de Roberto Meléndez 401 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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