La cita que Bielsa le pagó al loco Carlos

Al loco Carlos lo conocí hace algunos años en un viejo bar del centro de Santiago; de esos con estilo, sin velitas hueonas, con rock de fondo y un barman corrupto. Un bar para beber, en la sombra, con presunción de dimensión paralela. ¿El loco Carlos? Un personaje. Carismático, extrovertido, un conversador. De esos bohemios que se sienten cómodos en una noche brumosa, perfumando el vicio, bajando a la cara frases corrientes pero sabias, caminando por caminar, con semblante delictivo. Fueron varios vasos, uno tras otro, primero desde el perfil de la barra, luego en una mesa junto a una botella que pidió él, no se preocupe, amigo, yo invito, fue lo que dijo. Sus historias parecían no acabar nunca. Para él en la vida existen tres grandes pasiones que ni aunque su mamita se lo pida en lecho de muerte dejaría: el fútbol, viajar y comer carne. De hecho no pasó mucho desde esa afirmación hasta que se pidió un tremendo churrasco que se zampó en medio minuto. Aunque al conocerlo me parece que a esa autodefinición bien le vendría agregar un par más: las minas y Bielsa.

El loco debe andar por los 45 años y ni asomo de amarre, al contrario, su licencia de vida es encarar cancha nueva. Llamarlo galán puede resultar un exceso pero el cuento que sale de su boca claro que emboba. Moreno, alto, de rasgos toscos pero seguro de sí mismo, versa en caballero, sin sobrepasarse pero jamás dejando de insistir. Y a ratos le resulta, generalmente le resulta. Lo de Bielsa es admiración sincera, un apego al juego que el rosarino impuso en Chile y que expulsa sin presión, «a mí me dicen loco por el profe, ¡ese sí que es honor!», reconoció mientras me relataba como hizo para armar los billetes y acompañar a la Roja en Sudáfrica. Qué historia. Bielsa para el loco Carlos había sido un descubrimiento, casi como el aprendizaje de un nuevo idioma. Y hablamos de wines, de fracasos y aquella noche triste de las poleras negras. Dos lucas al barman que nos rellenó los vasos y así dio no sé que hora pero tan tarde como para emprender nueva ruta y lo suficiente como para haber encontrado un nuevo amigo.

Era 8 de marzo del año 2012 y recibí un llamado del loco Carlos preguntándome en qué estaba. La verdad es que yo estaba en nada, cesante y con el diario cerrado. ¿Tenís cable?, me preguntó inmediatamente y efectivamente era la única cuenta que tenía pagada, así que tras mi respuesta cortó con un voy pa allá. Para mí era bastante claro su objetivo: ver el partido que esa tarde jugarían en Old Trafford, el local, Manchester United y el Athletic Bilbao, que en ese momento era dirigido por Marcelo Bielsa, por los octavos de final de la Europe League. Partidazo.
El loco llegó sobre la hora, excitado por el apuro, también por el partido, pero además porque el hueón se había gastado las últimas 30 lucas que le quedaban -y quizás cuándo tendría plata nuevamente- en una apuesta: que los muchachos de Bielsa le ganaban en Inglaterra al poderoso equipo de sir Alexis Ferguson. Y para agregarle drama, en el primer tiempo debían quedar empatados, si no, aún cuando el equipo Vasco venciera, la apuesta quedaba en nada. Extraordinario, fue lo primero que pensé y me cagué de la risa. El Athletic venía en alza, de a poco le tomaban la mano atrevida a Bielsa pero todavía presentaba inconsistencias defensivas y perdía el ritmo a la hora de atacar. En definitiva, prometía pero no era del todo confiable. Y al frente tenía a un rival peso pesado. Pero el loco creía en su loco, según él sintió un palpito la noche anterior y necesitaba el dinero para invitar a salir a la Maquita, una trigueña que trabajaba en una librería cerca del Forestal y que lo tenía comprando libros como nunca…hasta la Divina Comedia se llevó el fantasma con tal de ir a hacerse el lindo. Y el loco es a la antigua: si invita a una dama, le gusta pagar. ¡¡¡Vamos bielsita!!!, repetía y le daba besos al boleto de la apuesta.

En Old Trafford, mientras tanto, 8 mil hinchas que viajaron de Bilbao presentaban un atmósfera increíble. Obvio, qué importaba no haber ganado jamás en la isla, era el teatro de los sueños, y como nunca en su puta vida el equipo jugaba a destajo bravo, saliendo atrevido, de tú a tú donde fuese. Y así fue desde el primer minuto de juego.
Es cierto que sus equipos no han ganado tanto pero el sello que tienen…ese sello, tan su sello. Y te conmueve, porque es equipo, es sistema, y es abiertamente insolente. Te transmite la épica de un desarrollo intenso, y trabajo dedicado, no al lote, y un plan firme y protagónico que no cede al miedo. Sí, junto al loco y esos 8 mil vascos, yo también me puse a gritar. Y el loco Carlos…es que ustedes lo hubiesen visto…¡se le salía la garganta por los ojos! Y yo no sé porque tanto si ese 0-0 en ese momento era lo que le servía…tal vez, probablemente, se dejó llevar por el fútbol.

El Athletic dominaba, dominaba y ¡pum! de vuelva gol de Rooney en la primera que tuvieron. Nos queríamos morir. ¡PERO CÓMO CHUCHA! El loco Carlos pateaba el suelo, le pegó un combo a la silla y puteó la mejor ráfaga de garabatos de la tarde. Sin embargo, el Bilbao insistía, y rotaba por un lado, por el otro, todos se movían por todas partes, y aparecía el central de punta izquierdo y el lateral derecho de 9 y el 9 de 10 y los britanicos se salvaban una y otra, y otra vez, y De Gea que sacaba TODO.

No quedaba nada de ese primer tiempo, minuto 43, el loco Carlos estaba hasta el hoyo, perdiendo, sin plata y sin Maquita; hasta que hilaron increíble, Susaeta por el costado derecho centró y Llorente se metió como un tren chantando el cabezazo y a la malla ¡¡¡GOOOOOOOL!!! ¡¡¡GOOOOOOL!!! Nos quedamos sin oídos. Lo más increíble es que en el edificio se escuchó retumbar el mismo grito en casi todos los pisos. 1-1, el loco Carlos seguía en carrera.

El segundo tiempo fue alucinante: dominio unilateral de los de Bielsa, mientras Ferguson no entendía nada. ¡El Athletic llegaba por todas partes! Achicaba la cancha, circulaba el balón y de pronto aceleraba. Tanta fue la insistencia que De Marcos puso el 1-2 bien entrada la segunda etapa. Esa fue otra explosión. El loco Carlos ya estaba que lloraba.

Minuto 88, en Old Trafford, cualquier equipo cuida el 1-2; no uno de Bielsa que perseguía más, con siete buscando y así llegó el 1-3 de Muniaín. Qué gusto daba, qué lindo así. Los 8 mil que colmaban el tramo visitante estaban eufóricos, existiendo de nuevo. El loco Carlos se arrodillaba y se persignaba paganamente en nombre del profe. Un espectáculo. Rooney descontó de penal a los 92 pero ya estaba hecho: el Athletic de Bielsa había ganado, a lo grande, en Old Trafford. No sé cuánta plata fue la que ganó el loco pero sí sé que la suficiente como para regalarme un librito de Maupassant.

Después de un par de negativas logró invitarla a salir, quizás la convenció porque la Maquita también era bielsista, eso sí, ella no dejó que pagara su parte. A día de hoy van y vienen, el loco sigue siendo el loco y ella tampoco se presta pal rebote; es un amor irregular, aunque poéticamente cachondo. #BB

Acerca de Roberto Meléndez 414 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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