La cancha de Sampaoli

Su imitación, reconocida por él mismo, llamaba a la suspicacia. No es común aceptarlo, pero en ello el de Casilda no encontraba vergüenza ni vejamen alguno. Con sorna se le llamó incluso ‘El Bielsa de los pobres’, lo que seguramente el personaje en cuestión lo relacionaba en su fuero interno más como un halago que otra cosa. De loco a loco y medio.

Fiel a un método y convencido en la propuesta, desarrolló una revolución futbolística en la Universidad de Chile, transformando el destino de los jugadores, de la institución y de si mismo. De pronto, los que jugaban mal pasaban a ser eficientes y los eficientes a exponer habilidad. Los hábiles, pasaron a entender el juego y ser determinantes. En un año, un equipo chileno jugaba sin complejos y daba un espectáculo vibrante en todas las canchas.

La selección había perdido su electricidad, anticipaba poco y se arrastraba en ráfagas individuales o paredes birladas de la propia personalidad de los futbolistas. de un sistema se decayó a un mero conjunto.

Un hombre inteligente lo es en dos ocasiones: cuando controla sus impulsos delante de la mujer que pretende y cuando flexibiliza sus ideas dependiendo del contexto. Sampaoli comprendió en la final de la sudamericana que la estrategia está al servicio de la propuesta y no se consume en si misma. Acevedo taponeó a Lequi González y media copa en el bolsillo. No hizo lo mismo en la bombonera 6 meses después y caería. Acierto y error, proceso consumado y el buzo de la roja lo reclamaba.

Chile en breve recuperó la memoria, el arte de competir tomaba dinámica y el equipo nuevamente era objeto de culto táctico y simpatía visual. Se clasificó al mundial y se le ganó a España en el mismo, pero aún faltaba por hacer. Igualmente su escuadra ya agarraba carácter especial jugando con centrales que en realidad eran volantes, volantes llenos de talento y delanteros directos, veloces y gambeteadores. Y ya de conjunto nada, sistema y sin dejar de moverse.

Tras la eliminación del mundial, no hubo conformismo, pero se obtuvieron lecciones. La prensa, en tanto, con más miedos internos y morbo financiero, en el desgaste de las dudas. y el barullo tuvo efecto: mucho hincha, mucho, ya le había quitado el respaldo al técnico antes de la Copa América.

Menos riesgos, mayor posesión y ductilidad táctica en todo momento. Faltaba el gol, pero este llegó cuando tenía que llegar, en los juegos oficiales. Es que para que la dinámica tenga sentido, necesita coherencia y para ello, la concentración debe estar al limite. Un amistoso, contra Irán, tal vez no te lo dé. Había que confiar, porque a la mecanización y valentía dejada por Bielsa, Sampaoli le regalaba una cuota de paciencia y versatilidad. No nos olvidemos de Sulantay, que astutamente confeccionó una generación de sobresaliente capacidad física. Había equipo, había precedente y había cabeza para continuar con el progreso. Las estrellas siguieron al alza, individualidades que aumentaron el margen de crecimiento de una selección que pasaba de temible a equipo grande de verdad.

Los temores de la altura en defensa, siempre presentes, pero el equipo juega adelante, rápido y con buena entrega; y digan lo que digan, Enzo Roco apurado te regala sólo melones con vino. Una cosa es que te peloteen en España con todo el equipo atrás, otra es tener que jugar al medio con 50 metros a la espalda. El drama es que en Chile no se analiza fútbol, sólo se plantean hipótesis. Todos queremos un central espigado, pero consideremos la calidad técnica, que es primario para tener opciones en un equipo de ataque, aunque ahora lo haga, a veces, algo más lento. Díaz se desdobla, los laterales tienen fuelle y Aránguiz quiebra por todos lados. Vidal llegaba mejorado, Alexis de figura internacional y Vargas siempre le salva el pellejo. Porque también hay que tener un amuleto. Bravo liderando con sobriedad y Medel anclándose en el pueblo.

Optó por el triunfo y no sacó a Vidal. Discutible, pero hizo historia. Para ganar hay que soslayar algunas cosas, no parece ideal decirlo, pero sí necesario. Me gusta tener un sujeto así en la banca, tal vez porque Barry Lyndon o Jake La Motta (Toro Salvaje) me caen bien.

Chile ya de equipo grande y los demás que se quejaban. Fantasmas que llamaban. Chile se veía convencido, incluso eludiendo sus propios chascarros. El DT parecía tener inconsistencias, pero cada partido tenía su plan. A veces sale, otras no. Casi siempre le sale. Y cuando no, aparecieron los que tienen que aparecer. Al final en la cancha resuelve el jugador y los nuestros estaban llamados a ser de verdad.
C
apacidad técnica y física, al servicio de un engranaje inquieto y agresivo, con un orden disponible al caos y al arrebato de la creatividad. Sampaoli, además, siempre atento, advirtiendo el desarrollo, moviendo piezas y directrices.

A Uruguay, con juego y a lo guapo; a Perú, con la chapa; contra Argentina, de tú a tú y ganándolo por penales, la máxima del carácter pelotero.

El talento viene precedido de la originalidad, la cual no existe más que en uno mismo. De imitador, el más apto, pero el tiempo consideró la ambición en el proyecto y con ello una nueva realidad, la propia identidad. Con paciencia y sin darse cuenta, el argentino obtuvo su teoría y hoy ya es tiempo de hablar, simplemente y en concreto de la cancha de Sampaoli. #BB

Acerca de Roberto Meléndez 414 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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