Juventus – Tottenham: cuando la experiencia confunde

El himno de la Champions encontró murmullos en todos los asientos, casetas de prensa e incluso escalinatas: no cabía ni un alfiler en la cancha de Turín. El local llegaba a este encuentro con la sólida tendencia de no haber recibido ningún gol en lo que iba de este 2018, mientras, la visita, accedió a la instancia de octavos de final ganando un grupo complicadísimo en el que se encontraban el vigente campeón de la Champions, el Real Madrid, y el siempre competitivo Borussia Dortmund alemán. Juventus versus Tottenham prometía.

Aquello se ratificó inmediatamente en el marcador: al minuto y medio de juego, en pelota detenida, Tottenham expresaba sus nervios durmiendo en la obvia, tras pase perfecto de Pjanic y el giro en volea de Higuain que, increíblemente, estaba solo en área contraria. Gol de camarín. Golazo en realidad. La distancia de experiencia entre un cuadro y otro parecía decir presente; Juventus, acostumbrado a estas instancias, no perdonaba; Tottenham, un equipo de buen pie y propuesta definida, pagaba de inmediato su falta de concentración.

Siete minutos más tarde, y luego de dos llegadas en que unos offside´s milimétricos salvaron a la retaguardia visitante, Higuain ponía el segundo gol cruzando el tiro desde el punto penal. Un penal clarísimo que ratificaba los nervios de unos y la convicción de otros. Juventus 2-0 en ocho minutos. Tottenham llegaba tarde, la pelota rebotaba y el aire lo sentían escaso. Juventus, acelerando, quizás podría haber definido la serie rápidamente. Sin embargo, Allegri y sus muchachos hicieron todo lo contrario, retrocediendo en el campo, creyendo que la desesperación consumiría a su rival y de contra todo se definiría. El viejo manual italiano. Aquella especulación la pagarían caro.

Tottenham no es un producto ni de los petrodólares ni de una historia maciza que haga de su camiseta un peso específico, no, este Tottenham es la construcción del proyecto de Mauricio Pochettino. El técnico argentino ha sabido materializar la capacidad de un grupo de jóvenes en un estilo moderno y atractivo de fútbol. Con ripios defensivos dada la ambición de la propuesta y a la falta de recorrido internacional que sus dirigidos todavía tienen en instancias como estas, pero si se les regala la cancha y la pelota, aparece el hábitat del equipo y la calma. Tottenham tuvo el tiempo y el espacio para avanzar, para tomar confianza, y jugar a la pelota, que es lo que al hincha le gusta. Juventus ganaba dos a cero, en su cancha, y con los once en campo propio. Tottenham perdía dos a cero, no obstante, poco a poco, ganaba todas las segundas pelotas, las divididas, y bajo la batuta de Eriksen y con el peligrosísimo Harry Kane cerca de Buffon, la presión se hizo sentir.

El fútbol es un deporte curioso, que pasa de héroes a villanos en cosa de minutos. Del gol o la tapada que se roban la información de la semana, a la cagada que sella el marco de una temporada. Y las buenas pasan, las malas se quedan. A los 30 minutos, en una contra velocísima, el remate de Higuain rozó el palo de Lloris. Era el 3-0 y el chau de la serie. De vuelta, el experimentado Chiellini cayó en la salida, nadie apoyó la cobertura, y tras pase de un hasta ahí desapercibido Dele Alí, Harry Kane, mano a mano, se sacó a Buffon y de zurda puso el descuento. Había partido.

Tottenham continúo buscando y dominando la cancha, pero, nuevamente en una contra aceleradísima, esta vez de Douglas Costa, Higuain tendría la chance de medirse a once metros del arquero rival. Otro penal. Higuain, la figura de Juventus el día de hoy, le dio con todo al travesaño. A Lloris durante el primer tiempo le llegaron cuatro veces: dos goles, un casi gol y un travesaño. Todas de Higuain. A lo mejor la estrategia de Juventus no era tan mala idea. Quizás. Pero el que salió con cara de muerto ese primer tiempo, a pesar de ir ganando, fue el local.

El segundo tiempo, si bien fue más parejo en posesión y llegadas, mantuvo la inercia de un cuadro que sabía y entendía perfectamente lo que buscaba, y otro que más bien empujaba a ratos. De esa manera llegó una falta cerca del área que Eriksen, con un remate fuerte y rasante al palo del arquero, tradujo en el empate. 2-2 y el silencio en el estadio. Y no hubo reacción frente a ese silencio: el local había renunciado a jugar y ya era tarde, y eso contagia al hincha, por supuesto.

Al final del partido, Allegri se fue rápido, casi que escondido, presumiendo un posible enojo. No podría ser más cara de raja. Bueno, ese también es un manual habitual. Tal vez demasiada experiencia. Higuain, en tanto, se llevaba las frívolas cámaras, recibiendo el peso del empate. Por el otro lado, el joven equipo de Pochettino festejó con mesura: no han ganado nada, lo saben, pero escaparon del infierno con un poquito de suerte, como hay que tener; mucha convicción; y jugando pa adelante. Fue un partidazo; y esta vez, la juventud de la propuesta, dejó en silencio a la experiencia. En Wembley se decide todo. #BB

Acerca de Roberto Meléndez 413 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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