Jugando en el rico vacío de adelante

Iban camino a Paraguay en esa quimera tan infantil de vivir el presente como si se tratara de proyecciones del futuro; sin las cadenas que a veces construye el pasado, obviando las angustias de lo inmediato, simplemente jugando en el rico vacío de adelante. Para ellos algo tan normal a una edad en que todo se ve posible, incluso eterno. Con los años nos ponemos más pragmáticos, calculando no tener heridas, y arropados casi que no vivimos. De esa manera la nostalgia se brinda emotiva, a esos tiempos en que uno era feliz solo corriendo, y que a veces, tantas veces, recordamos al patear una pelota, en noventa minutos o los que sean. Quizás por esa ingenuidad nos gusta tanto esto, porque nos retira del cansado trabajo de ser adultos y esa esquizofrenia evaluativa, y soñamos un rato con lo simple, del lindo absurdo, junto a ídolos imperfectos llenos de piel.

El bus, mágico y esplendoroso a la primera vista humilde, lo era porque los llevaría fuera del país, probablemente a muchos por primera vez, y como serios futbolistas llenos de risa iniciaron la gira que más anhelaron. Seguro esa gira la pensaron diariamente, imaginando paisajes, la charla, el juego, un gol de chilena. Ese bus, sin embargo, en macabro encuentro adulto, pisó los apuros oscuros y cayó en Mendoza, recién partiendo, apagando los ojos de algunos, lesionando el cuerpo de varios, torturando la estabilidad de todos; también de nosotros, que estamos lejos y no los conocemos, pero fuimos ellos y a veces, tantas veces en la rebeldía de jugar un poco, seguimos siendo. Y vamos ahí, conversando animadamente, cantando a ratos, compartiendo audífonos, comiendo chocolates. En lo personal recuerdo a la Paloma, una micro blanca que nos llevaba a entrenar del colegio a la cancha, nunca en silencio, casi siempre riendo. Ese era el mejor pago de la semana, ir arriba de la Paloma y pelotear por gusto, soñar por gusto; la necesidad de ser y no de simplemente sobrevivir o llenarse de símbolos materiales en un alma agotada. Por eso duele y agrede que el vesánico destino nos aclare que muchas veces calcula sin dominio, casi en frío y en silencio.

Los jóvenes muchachos de Quilicura, representando a Colo Colo, en realidad llevan la camiseta de todos, esa que desprende compromiso e ilusión por sentir como el corazón habla en una cancha, y mucho antes de entrar a esa cancha, en un dialogo honesto, instintivo, lleno de ilusión, sin temor a las heridas. Habrá amigos que no volverán a verse, familias que ya no serán las mismas, y todo parecerá injusto, porque lo es; canalla, porque así se siente; pero nadie podrá dudar nunca de la honestidad de esos corazones hablando, volviendo sus firmes e infantiles ilusiones en un juego sin tiempo. Los que ya no están quedaran como titulares y estrellas de la memoria, jugando en el rico vacío de adelante. Los demás, con seguridad, volverán a la cancha, rindiendo a tributo a los que se quedaron, continuando el viaje inacabado, y nosotros, esos de noventa minutos o lo que sea, testarudamente, iremos con ellos. #BB

Acerca de Roberto Meléndez 413 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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