Jugadora y cruzada, siempre

Espero todos puedan tener el vínculo que te da el fútbol con un Club. Ese vínculo inquebrantable, que persiste, que incluso se hace más fuerte, hasta en las situaciones más duras. Que ya se transforma en “tu club”. Y te da ilusión, alegrías, euforias. A veces, irracional. . Gracias Católica por ser mi club, por haber formado parte de mi vida tantos años, por todo lo que vivimos y, tal vez, creer volver a ser parte en algún futuro.

Habían pasado varias semanas sin jugar; tenía que volver bien y ver si así lograba cerrar la temporada con una buena imagen. La meta era poder jugar todo el partido. Casi 6 semanas sin continuidad, sin patear al arco en un juego en serio, sin 90 minutos. Y al frente, más encima, había que tratar de contener a uno de los mejores mediocampos del torneo chileno. Pero a pesar de mis dudas, ganas no faltaban. Si estaba verde por jugar, más contra las chunchas, el clásico rival, en el último partido del campeonato…, y aunque no lo sabía en ese momento, para mi sería el último por la UC.

Fue un partido especial. Terminó 3-3 y yo había terminado dentro de la cancha. No sabría decirlo, las ganas, adrenalina, el fútbol, los colores. Si definitivamente una mezcla de todo eso, inclinada por la franja. A los 20 minutos del primer tiempo ya estaba ahogada, fatigada, sentía que me derrumbaría en el pasto. Yo me animaba: dale, hueona, vos podís. Y así sobreviví el primer tiempo.

Llegó el segundo y sentía que me fallaban las piernas, como si quisieran dejar de correr. Dolía. Quemaba en realidad. Sentía que sólo me sujetaba el ¿espíritu?. Espíritu, sí, eso es. Mi espíritu no pensaba rendirse. Y vino un tiro libre de casi la mitad de cancha, sabía que era mío. No hay cosa que me guste más que patear con fuerza el balón. Y los tiros libres son mi debilidad, tenía que intentarlo. ¿Llegaría? Tenía que llegar. No había nada más en mi mente. ¡De verdad estaba terrible lejos! Pero no importó: le di con todo lo que tenía y se clavó en el ángulo. No recuerdo bien si con ese gol lo pasábamos a empatar o ganar, pero sí me acuerdo que me desfiguré celebrando. Y en qué partido. El gol fue un empujón grande para continuar y así terminé haciendo el segundo con un poco de suerte: en verdad era un busca pie, pero se terminó colando. Besé el escudo, abracé a mis compañeras y…ufff… Fue mi tarde. Fue un gran partido para despedirme.

Ya no voy a estar en cancha defendiendo la camiseta cruzada, pero siempre me sentiré dentro de este club.

Iona Rotfheld, jugadora por siempre; cruzada para siempre.

Iona Rothfeld, 21 de abril de 2017

Acerca de Roberto Meléndez 357 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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