Jean Beausejour Coliqueo

No era necesario ser cercano a él para saber que su segundo apellido era mapuche; no lo escondía. De hecho, al pasar la lista en el colegio, respondía “Coliqueo” para que ni la profesora olvidara su origen. Porque el apellido materno, que siempre queda para otros efectos, era el signo de algo más profundo que sabía jamás le podía ser arrebatado ni insultado y que indefectiblemente lo unían a Alto Huilío en La Araucanía, la comunidad de donde provenía su familia.

Jean Beausejour nació y creció en Estación Central. Vivía en un pequeño block en Los Carmelos junto a sus abuelos y su madre donde las conversaciones no tenían márgenes ni errores porque se hablaba y debatía de todo. De la dictadura, del pueblo mapuche y, cómo no, de fútbol. Un entorno opinante que marcaría la impronta del joven de origen haitiano-mapuche con la convicción de que nadie tenía permitido vivir en una isla.

Con pocos recuerdos de su padre y una cancha a pocas cuadras de casa, Bose comenzó a jugar a la pelota como lo hace cualquier niño de su edad; no por la promesa de una vida distinta, sino por los amigos, la vida de barrio, el arco y los minutos que se hacen segundos. Entre su abuelo Andrés como piedra angular de los torneos de las comunidades mapuches –donde siempre brilló su nieto- y el antecedente de tener un tío que jugó en las inferiores de Audax Italiano, era casi imposible que Jean no sólo heredara el ímpetu, sino también el talento que pronto lo convertirían en el orgullo de las dos imágenes masculinas presentes en su vida.

Sin embargo, no fue un hombre sino una mujer quien lo llevaría a probarse a las inferiores de la Universidad de Chile. Se memorizó los datos que aparecían en el cartel de la convocatoria pegado en su colegio para correr a casa. “Tía, ¿y si me lleva usted?”, preguntó ansioso, y con esa sola intención bastó para movilizarse hasta Quinta Normal donde las pruebas se iban a ejecutar. Pero al ver que los candidatos son más del número que tenía considerado y el escaso tiempo destinado a derrochar gambetas, Beausejour lo único que quiere es salir de esto rápido. Rápido para que pase el dolor. Rápido para olvidarse de todas la veces que discutió con sus abuelos al argumentar que el fútbol era más importante que los estudios, más importante que todo lo demás porque, nuevamente era la representación de su origen múltiple y diverso.

De los 1.000 niños que se probaron aquel día, Jean es uno de los 100 que recibe la citación al complejo deportivo El Sauzal. El resto fueron pruebas y más pruebas que al poco tiempo lo tenían en las inferiores de la Universidad de Chile. Pero para el equipo, Jean está atrás no solo en lo físico, sino mentalidad y la tarjeta roja es inminente. Cerca del semiprofesionalismo, con un pie encima de la pelota y la mano arriba de los cuadernos, hay que barajar opciones: buscar un equipo más pequeño, con otro funcionamiento interno, o en definitiva optar por una carrera universitaria; Historia porque era lo que había vivido con su abuelo en las marchas de la CUT, al ver a su madre esconder los libros que les usurpaban cuando entraban a allanar y saber que su hogar había sido construido por Allende.

A Universidad Católica llegó por recomendación y no por un cartel en su colegio. Esa vez no lo acompañó su tía aunque el tránsito fue el mismo, quemar etapas hasta llegar a las inferiores del club precordillerano cuyo sello era el del jugador integral: colegio, valores y pelota. Debutó con Juvenal Olmos el 2002 y sale campeón con pocos partidos en el cuerpo, pero con una verdad: nunca le gustó jugar en el primer equipo. Porque cuando se sube de categoría, los compañeros se quedan atrás y se rompe el sueño de debutar juntos, como un bloque y con la promesa de que el éxito solo se cumple en equipo. Por eso, cada vez que tocaban la puerta de su pieza para entrenar con los adultos, Bose se escondía debajo de la cama con la esperanza de que pronto se olvidaran de él para que se acordaran de todos.

El préstamo a Universidad de Concepción no se ve como una derrota, sino un nuevo comienzo, con un ritmo que le acomoda más: que lo deja fluir sin forzar un crecimiento futbolístico que le podría ser perjudicial. Pero el salto llegó y con apenas 18 años migra a Suiza a jugar por el Servette. De ahí en adelante a Brasil con Gremio y a Bélgica con el Gent. Sin embargo, hay algo que no calza del todo, ni en su físico ni es su cabeza que no tiene que ver con la lejanía, ni con el choque cultural que significó ver desde afuera los problemas sociales de su país y su gente. Tampoco con el nivel futbolístico de las ligas donde jugaba. Algo le falta a Jean Beausejour para convertirse en el único jugador chileno que ha anotado en dos mundiales; vocación por y con la pelota. Pero para eso no se necesitan clubes más grandes, sino técnicos grandes.

Bose dice que antes de conocer a Bielsa era un pájaro en la cancha. Se movía con responsabilidad pero sin mucha conciencia de qué podía estar haciendo mal. Hasta que el Loco sin mucho habla pero mucho gesto, le mostró otro fútbol. Un fútbol que no es resultado ni tampoco títulos, es un fútbol colectivo que busca la intensidad pero fundamentalmente un tramado colectivo. No hay individualidades sino un equipo que pretende funcionar como un reloj a la vanguardia. El fútbol como un estudio que lo subsume todo, tal como Jean lo consideró en sus inicios.

Para el mundial de Sudáfrica, el gol contra Honduras fue felicidad contenida por y para otros. La felicidad ajena siempre ha sido más importante que la personal, porque el éxito lo vive de la misma forma que se tomó su carrera: pausado, con tranquilidad. Quizás porque siempre vuelve a Alto Huilío a ver sus tíos y pasado, presente y futuro. Un lugar donde no entra como un héroe, sino como un peñi: el otro hermano de la comunidad que juega a la pelota para ganarse la vida.

Jean André Emanuel Beausejour Coliqueo demoró en crecer en lo futbolístico. Pero con la promesa de que la individualidad sólo significa en lo colectivo, tal como sucede en su participación en el Consejo Ciudadano de Observadores y en su deseo de conforma una selección Wallmapu. Palmatoria es historia para hoy y para mañana.

Acerca de Juana Gonzalez 32 Articles
Columnista de Barrio Bravo. Estudió una de las carreras menos rentables del área humanista -y con eso se puede ver de qué va- pero, con mucha suerte, trabaja en lo que le gusta. Se retiró de las canchas a temprana edad por el bien del fútbol y hace poco, por primera vez en su vida, se abonó a un equipo: Palestino.

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