Ida y Vuelta (Martín Caparrós & Juan Villoro)

Bien de chico, recuerdo que existía la costumbre esa de intercambiar banderines antes de cada partido, no sólo en el fútbol profesional, sino también en el amateur e incluso el escolar. Ese romántico rito –que hoy pocas veces se realiza–, junto a ver árbitros y zapatos de absoluto negro, arcos con los postes cuadrados en vez de redondeados y a mi viejo jugando su liga de los domingos en un equipo de pésima categoría (pero gran amistad), formaron en mí un ideario personal; un espacio atemporal donde conceptos que aunque parecen idos, olvidados, no pueden partir del todo, por cuanto en ellos recae una idea original y personal de aquello que conocí como fútbol.

Ida y vuelta, una correspondencia sobre fútbol”, es un libro que, sólo con su prólogo, en el cual se explica por qué Caparrós y Villoro (dos de las mentes latinoamericanas vivas más brillantes que andan dando vuelta por ahí) intercambian correspondencia a propósito del Mundial de Sudáfrica siguiendo los destinos del torneo mismo, pero también de sus respectivos equipos (Argentina, el primero; México, el segundo), logra encantar al lector y, como aquellos intercambios de banderines míticos de la infancia, nos hace volver ese fútbol de amigos que siguen equipos distintos, ese deporte de gestos sencillos y sinceros como aquellas camisetas con número pero sin apellido, que daban cuenta que lo importante era el deporte y no el jugador.

En un libro donde las frases para subrayar sobran (“El gol es una irregularidad, una excepción extrema –porque el futbol es fracaso casi siempre. El fútbol ofrece una moraleja que, por suerte, no solemos leer: el 98 por ciento de un partido consiste en intentonas: tentativas fracasadas de aproximación a la única meta decisiva”, dice Caparrós), el diálogo amistoso entre intelectuales nos hace viajar al pasado reciente pero borroso, aquel donde la verdadera tragedia -como el suicidio del arquero alemán Robert Enke antes del Mundial- se confunde con la propia de la cancha de pasto -esa huidiza Jabulani diseñada por Adidas- y, entre cambios de juego por Internet, pasando por muchos temas y partidos, se conversa de todo, llegándose incluso a escudriñar qué es lo propiamente nacional: “Nuestro fútbol sería estupendo si no existieran los resultados. La selección domina, achica los espacios, muestra motivación y gana balones divididos. Pero se desentiende de anotar y marcar a los rivales en los momentos clave. ¿Qué dice esto de nuestra relación con el cosmos? Que nos gusta estar con los demás sin diferenciarnos de ellos (…) Empatar es una manera de repudiar extremos y rehuir las inclementes decisiones. Hay países que tienen el alma dividida. Nosotros la tenemos empatada.”

No puedo dejar de imaginarme a Villoro y Caparrós participando de uno de mis recuerdos favoritos. Es la sala del Cuarto Medio B, y atrás, junto al clásico grupo más desordenado, hablamos de fútbol por horas. Fútbol de selecciones, fútbol de clubes, fútbol de colegio, fútbol de recreos. Nadie pone atención a esa clase de Química: obviamente aquella fecha de eliminatorias habría sido más importante que la global de fin de semestre y, además, se venía la final del campeonato de los recreos. Villoro y Caparrós de seguro habrían sido titulares.

Acerca de Guillermo García 3 Articles
Lateral sin llegada, mañoso y de pierna fuerte. Pese a ello, ocupo la 14 de Matías. De profesión abogado, dedicado a los temas ambientales. En el resto, de Sufjan Stevens a Marvin Gaye y de Juan Rulfo a Karl Ove Knausgard.
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