Gol en los descuentos

El pobre Jota no tenía ningún panorama esa noche de año nuevo. Ni un mal centro del Huaso Isla pa ir a fantasmear el rebote al área. Absolutamente nada. Había sido un año solitario, de mucha pega, y mala racha en el amor. Un año de mierda. Y esas rachas, el lector promedio lo comprenderá, te atrapan, no te sueltan y abucheado te fuiste a mirar a la banca. Chesumadre, pobre Jota. Además, es justo decirlo, hay personas que merecen el bien más que otras. Sí, sí no vengan con cuentos zen acá: está lleno de hijos de puta; el Jota, en cambio, es un buen muchacho. Respetuoso con sus padres, hermano atento, buen empleado, va al estadio, toma piscola con Coca Cola normal, cambia el canal cuando empiezan las noticias. Un tipo confiable para los tiempos que se viven. Pero con las chiquillas ese año, na ni na, ni un misero topón.

El Jota, eso sí, se hacía el hueón y trataba de restarle importancia. Pero el cuerpo habla: su piel se había vuelto más pálida, su mirada como que se perdía, y sus manos, inexorablemente, estaban más anchas y callosas. Uffff, pobre Jota. Y ni a la pelota estaba jugando. Tampoco es que el Jota se peine, pero cumple. Pega lo que hay que pegar, se la toca a los que saben y es el primero en soltar las monedas pa la cuota del tercer tiempo. Un seis serio. Sin embargo, el inicio de temporada lo pilló lesionado, llegó otro desgraciado que era un crack y nuestro Jota cagó. Nadie le dijo que no fuera, muy por el contrario, el Jota es querido, pero cuando la confianza no sobra, uno se miente a sí mismo, y si hay algo en este mundo fácil de hacer es buscar excusas. Ni su querida pichanga ahora tenía.

Dieron las doce, con los abrazos y el brindis. La única copa con menos uvas era la de nuestro héroe. Hasta septiembre nomás le llegaron los deseos al Jota. “Empezamos como el pico”, pensó con honestidad, mientras la Míriam, la única soltera y mujer fuera de la familia que había en ese momento en la casa, conversaba con el Diego, el primo médico de la familia. Todo parecía indicar que sería un inicio de año aciago, en la tónica del anterior.
Cuando la inercia indicaba un pronto destino de durma, sonó su celular: era el Guatón Nelson, un amigo weno pal mambo al que hace rato no veía y con el que compartía historias trágicas del corazón. No sabía si contestarle. “Es que este hueón es muy lanzao”, se justificaba mientras el celular seguía metiendo ruido. Hasta que dejó de sonar. No obstante, el Guatón es nueve de área mañoso, no se da por vencido, menos si se trata de carrete, y le escribió con la elegancia propia de la amistad: “Oeee conchetumadre, contesta”. Visto el visto, sagaz, con kilómetros de noche y desamor, el Guatón lo llamó de nuevo. El Jota contestó.

Eran las cuatro de la mañana y el Jota encabezaba el trencito, bronceado de tanto libertinaje, pinchando con una chiquilla a la que le dijo, a lo galán clásico, un par de mentiras masculinas. Ella, por su parte, simplemente quería pasarlo bien. La cosa se fue dando e inconscientemente secuestraron una de las piezas de la casa: se acabó la mufa, fue un gol en los descuentos. #BB

Acerca de Roberto Meléndez 413 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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