“Flota como una mariposa, pica como una abeja”

Muhammad Ali fue mucho más que simplemente un boxeador, aunque eso era: un boxeador que reformó la concepción de su disciplina, que llevó estética entremedio de los puños y de la sangre…un boxeador que supo brindar más luchas que la propia, con un discurso atrevido y necesario.

Lleno de desparpajo se enfrentó a todos los rincones del camino, porque aunque a ratos pareció tenerlo todo, bajo esa sonrisa altanera se escondía el encierro de una sociedad que castiga, que apila los complejos y teme a convivir con diferencias, delatando el miserable -aunque también fascinante- misterio humano.

Cómo no luchar si esa era la respuesta para el hambre y la respiración de su cuerpo. Con el tiempo tampoco se estancó en el ocaso del acomodo y fue capaz de rebelarse; primero de si mismo, luego del contexto, finalmente del tiempo.

Se consideraba “Negro, seguro de mí y engreído”, también el mejor en lo que hacia y con la boca golpeaba tan fuerte como con los guantes, construyendo y destruyendo a través de su lenguaje y de esa personalidad desquiciante, inmanejable y exquisitamente adorable. En un planeta lleno de gente que se nutre del paso mudo, Ali cantaba, no siempre afinado pero convencido que eso era mejor que rendirse. Y no fue de cartón, supo crecer y construirse, dejando todo de lado por lo que creyó justo: así fue como en el mejor momento de su carrera renunció a la misma por convicciones que tenían que ver con la identidad y el respeto. Pero con esa misma fuerza volvería a reconquistar lo que el escenario de la época le arrebató. Así de grande fue que le hizo una finta de frente a la propia realidad, transformándola.

Sus méritos deportivos son incuestionables, además de estar lleno de frases legendarias, junto a un espíritu ingobernable que nunca podrá ser opacado ni olvidado.

Tuvo una vida que supo vivirla, con todos sus matices: despilfarrando, jodiendo, riendo, llorando…siempre luchando, bajo razones y también en el necesario suspiro inconsciente.

Su recuerdo tendrá la fuerza que supo imprimirle al cuadrilátero y al micrófono abierto de su destino, pero también la belleza poética de quien es autentico.

Su lema en el ring era “flota como una mariposa, pica como una abeja”, seguramente así será su recuerdo: quedará flotando con su sonrisa déspota y sincera, para luego picarnos, y así despertarnos del letargo cotidiano. ‪#‎BB‬

Acerca de Roberto Meléndez 414 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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