En la cuerda de Alexis

En la cuerda de Alexis

¿Habrá sido este el último partido de Alexis en el Arsenal? De haberlo sido, se va campeón y una vez más determinante en la cancha, su lugar favorito, en una final extraordinaria. Conocemos al tocopillano; cómo disfruta y vibra el juego, no es cuento ni pose, le surge natural. Y lo da todo. Pocos atacantes tienen su solidaridad defensiva, principalmente por apetito innato. Persigue la pelota con las piernas, con la vista, con la sangre. Por eso es que durante estas tres temporadas, mientras desde Chile empujamos como hinchas su camino, quedamos abrumados frente a la indolencia con que varios de sus compañeros de equipo parecen tomarse este juego, que para muchos y para Alexis, es más que mera diversión, y es ese el resto de actitud que hace la distancia.

Llegó al norte de Londres para explotar su inmenso potencial, consiguiéndolo, sin embargo, cada vez que tocaba dar el salto a través del toque y el carácter, la compañía no aparecía. Cuántas mañanas de chuchadas con acento a hueón se ganaron esos muñecos. Paradójicamente, a pesar del martirio, a Alexis no podíamos darle la espalda; es que verlo es mirar las pichangas de la cuadra, es verse en el último gol gana todo, es apreciar los últimos cinco minutos de luz del día, es hacerse el loco con la once y seguir chuteando. No sentir eso con Alexis es no haber jugado nunca. Además, es de los nuestros, lo conocemos de pendejo, desde los tiempos en que el Chiqui Chavarría le tiraba chuletas en nuestros pastos disparejos, y hablaba más rápido que galán conociendo al suegro, y se le entendía menos que clase de química en la última hora del viernes. “¡A Alexis, culiao!”, le hemos gritado cuántas veces al asesino de Ramsey; “Tírate al piso pos, Ozil, cagón!”, escupimos exaltados cuando el Alemán se chupa en la orilla de un duelo clave; “¡NO, KOSCIENLY!”, nos paramos frente a la tele cuando vemos al defensor barrerse estúpidamente adentro del área, con el posterior penal y la roja. Ay, Arsenal, ya te llevamos en la cultura de nuestros descargos. Pero más atentos miramos todo, absolutamente todo lo que hace el 7: lo evaluamos, lo sufrimos, lo aplaudimos,…, el enganche lo hacemos juntos.

La FA Cup es un torneo especial, el más antiguo del planeta, con una connotación afectiva diferente, ya que todos -o casi todos- los clubes asociados participan. Equipos pequeños, de quinta o sexta división, con instalaciones de barrio, recibiendo a gigantes que muchas veces son derrumbados. La final, en Wembley, el máximo escenario posible, detiene a un país. Poco importa quienes jueguen, tradiciones son tradiciones.

Ahí estaba Chelsea, el reciente y arrollador campeón de la Premier League, y el fantasma con el que han debido lidiar los de Wenger en los últimos años. El favoritismo era claro. Aunque estando Alexis algo podía pasar, pero ¿sería suficiente? Probablemente no.

A los tres minutos el chileno subrayó que estaba en el campo de juego, y encendido. Rodeado por tres en la raya, no tuvo empacho en buscar un túnel de taco y mandarse de cara al arco. Consiguió un rebote, el tiro de esquina y que la hinchada gunner comenzara a ganar con el aliento. El rostro de Alexis era de profunda concentración, pero también de deseo. Estaba en Wembley, no era tiempo de dudas, tocaba demostrar su valía, como cada vez que ha pisado la catedral. Qué Kanté, qué Hazard, qué blablablá…el chileno no necesita de tácticas para mover a la masa. Acto seguido, tras la ejecución del tiro de esquina, anticipó el rebote, jugó de globo un autopase, y pese a que Ramsey -adelantado- quiso intervenir, el delantero ya estaba encima del balón y definiendo suave y cruzado en las barbas de Cortouis. Los durmió a todos. Y aunque el juez de línea en primera instancia invalidó el gol, en breve llegó el orden y la celebración del 1-0. De inicio, el crack enseñaba la ruta.

Claro que todo era aún prematuro y los miedos al autocomplot de Arsenal permanecían sumamente latentes. No obstante, como pocas veces vimos y como siempre lo quisimos, la escuadra de Alexis jugó como se juega si se quiere trascender: metió intensamente, no bajó revoluciones, buscó arco contrario y hasta Ozil se barrió. Se sentía la final en esas caras y un orgullo con sabor a adrenalina. Lo de Monreal hoy día fue descomunal. ¡Pero qué primer tiempo del Arsenal! Dominó y maniató a Chelsea que no encontraba la pelota, ni la cabeza, ni la pausa. Alexis, la figura de esos primeros 45.

El segundo tiempo se sabía que sería más parejo. Chelsea fue con todo por el empate, pero Arsenal aguantó bien y quedó con un hombre más tras la doble amarilla a Moses por simular un falta penal. Sin embargo, la fatalidad se hizo carne cuando Diego Costa puso el empate a pura fibra. Una vez más flaqueaban en la importante, pensamos muchos. Alexis no dio tiempo para eso y de vuelta asistió una joya en profundidad para el recién ingresado Giroud; este entendió la dirección del pique y al contacto levantó el centro al medio para un destapado Ramsey que arremetió solo por el centro del área para de cabeza embocar el 2-1 y liquidar las esperanzas de su rival. Arsenal, un equipo acostumbrado a venirse abajo, ahora lo ganaba de guapo y de vivo. En los descuentos, un adolorido Alexis dejaba la cancha, sin querer dejarla, bajo una estremecedora ovación. Quizás la última.

Arsenal hoy tumbó a sus fantasmas, en la Copa que inspira barrio, jugando en la cuerda de Alexis. Si esta fue la despedida, fue con cara de último gol gana todo, con la luz yéndose y la pelota sin intenciones de frenarse. #BB

Acerca de Roberto Meléndez 414 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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