Elías extinguió la culpa

A Elías Pereyra le diagnosticaron leucemia a los trece años. Sus padres creyeron que se trataba de un crudo castigo divino: era la respuesta que mandaba el de arriba a los años en que ambos, durante su juventud, lo perdieron todo producto de las drogas. Parecía no importar la rehabilitación conseguida, el peso de esa culpa maniataba y sacudia la vida de su hijo: a Elías, el más pequeño del clan, el destino le cortaba las piernas. Sí, la culpa, en el juego adulto de los equilibrios, encajaba como respuesta a casi todo.

“¿Voy a poder seguir jugando a la pelota?”, fue la primera pregunta que les hizo el muchacho a sus viejos apenas supo del nombre de la enfermedad que lo hacía sentir cansado y sin hambre. Estos, encogiéndose de hombros, no supieron ni pudieron contestar. Claro, tenían respuestas para ellos, no para Elías. El silencio, cruel como una cancha vacía, retrataba un pedazo del infierno. Elías, al no oír nada, entendió que la situación era grave. Sin embargo, la lógica de las consecuencias no tenía mucho sentido para alguien que solo había cargado con la acusación delictiva de quedarse con algún vuelto o el lápiz de una compañera. Para él, lo único divino en todo esto era sanarse, pues comprendió que para volver a jugar nuevamente al fútbol, debía superar a la enfermedad. Se trataba de un fanático, pero en buena leche, un soñador como tantos. Quiso hacerlo con aplomo pero no pudo; y lloró muchas tardes porque la reputamadre que dolía; y mientras la quimioterapia avanzaba los compañeros del Cole iban a sus primeras fiestas; y sus amigos de San Lorenzo, el club al que llegó con ocho años, subían fotos de los partidos y eso sí que lo mataba.

Elías hacía todo lo que los médicos le pedían, salvo una cosa: quedarse quieto. El chico salía un rato al patio y jugaba con una pelota de goma junto a otro de su misma edad. El regaño no importaba, ese era el mejor momento del día. Fueron dos años en los descuentos. Hasta que Elías Pereyra se recuperó y volvió a los entrenamientos. Sus propios latidos quebraron el silencio de la cancha y la llenaron.

Ayer, con 18 años, después de remarla con todo en contra, firmó su primer contrato profesional. El abrazo con sus padres fue estremecedor. La culpa se había extinguido: el fútbol le metió un golazo. #BB

Acerca de Roberto Meléndez 401 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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