El verano de Fernando González

Mañana parte el abierto de Australia, un torneo pulento, que además se juega en verano, horarios de noche y amanecidas; bordea mucho, acompaña situaciones y ahí está sagradamente, año a año, con el mejor tenis del mundo. La pista es rápida, hace calor y el ambiente tiene onda. Partidos bravos han salido de ahí, hay uno de Safín el 2005 en semis contra Federer; el ruso prendido era el mejor, o eso creen algunos. El maratón de Djokovic con Nadal el 2012, y también esa vez que el chino estuvo cerca y canal 13 lograba ratings extravagantes para la hora. Esa cosa de transportarse en el bueno, ese que puede lograrlo, y también en ese afecto de sentirlo cercano, porque es de acá, y cacha que ‘hueón’ no es lo mismo que ‘aweonao’. Y ahora que estoy en el mismo lugar que ese 2007, obvio que aparece Fernando González.

Pasó a Korolev y a del Potro sin arrollar, pero mostrando chapa; luego vino Hewitt, un capo de siempre y el ídolo local, en la Rod Lever, la cancha joya. Llegamos tarde con el Anderson a la casa, tratamos de no hacer mucho ruido, pero no se pudo. Despertamos a todos y qué tanto. De repente el revés paralelo no le fallaba y de derecha lo tenía loco. El otro es corajudo, carismático; gesticula, grita, se cree mino. Le sacó un set dándolo todo, pero González los primeros dos lo paseó y el cuarto lo jugó concentrado. Seria y llamando la atención pasó a octavos; el moreno Blake debía ser la próxima victima.

El gringo tenía un juego agresivo, proponía, pero la velocidad del chileno era mayor, y también la versatilidad. González siempre pintó alto, pero se quedaba en el monótono de su potencia; porque claro, ganaba, también forzaba, pero faltaba el paso, una estación de regularidad. Su saque comenzó a ser más estable y el slice fue un arma no tenida en cuenta hasta ahí en el desarrollo de sus partidos, y funcionó y se convirtió en una pausa clave a la hora de buscar el ataque adecuado; porque ese era su esencia, ir a fajar.A Blake lo despachó en 3 sets, el último con la perso de un tie break. Ya pal miércoles la cosa venía hueviada, Rafa Nadal.

Me acuerdo que en la playa la conversación no pasaba ni por el vende humo de Salvador Capitano, ni el fichaje de Giovanni, ni que al Roro la mina no lo estuviera pescando, eso daba lo mismo, a Nadal se le odiaba y había que ganar; hinchas, comprometidos. El asado fue piola, esperando el partido, no había que tomar tanto, un sacrificio en ciertos momentos de la vida. Llegamos y con fe; desde un principio Fernando González dominó, su fuerza habitual estaba en onda y además improvisaba con el potrero que da tanta murallita. Al rey de la arcilla le ganó de fondo, en espectacularidad y todas las nets. Brutal, Nadal iba de un lado a otro, ¡y por fin se la ganaban!

Llegó la semis, Haas parecía abordable, pero ya le había ganando a Nalbandian y Davydenko. Además, el alemán jugaba en la línea y el revés paralelo a una mano le pagaba. González lo hizo pico. Hay quienes dicen que fue su mejor partido; tal vez la instancia y el resultado así lo presentan: semifinales de un Grand Slam y 61 63 61. En el juego, infalible; apurado pero estable. Se lo llevó por delante y el dialogo constante era más bien el ‘oohhh’ de la grada llena. Por supuesto, en la Rod Laver, la misma donde acabó con Hewitt, Blake, Nadal y ahora Haas. Y el magnetismo no era sólo con esa cancha, en el mundo del tenis su nombre retumbaba con intensidad y en Chile derramaba la expectativa. Ya nadie discutía cuál era la mejor derecha del mundo. A nosotros nos tenía atrapados, prendíamos las noticias sólo pa’ ver eso. Y la final, puta madre, Federer. Aun así, el nivel de González no parecía tener que temer; había que ir, de frente y dar cara.

Y así lo hizo, lo tuvo, sobre todo en el primer set. Ya no éramos Anderson y yo, la sala estaba llena y todos con los ojos bien abiertos a las 5 de la mañana, nerviosos, jugando paralelamente el mismo destino que nuestro jugador. Cada buen punto se gritó, se hizo salud y hasta un beso robado apareció. Las malas, obvio que las chuchadas y el cambio de posición al lugar donde la cosa estaba bien. Porque puta que saca cábalas y mañas el tenis. Es interminablemente inmediato, imposible que no te guste. Punto, punto y de pronto, otro partido. Y también estaba el suizo, que te lleva a otra parte con lo que hace, y esa presión que genera no saber que viene de vuelta. En el primero estuvo, después siguió siendo un partido parejo en que hubo premura del nuestro y una determinación sin dobleces de Federer, quien ganó el torneo sin perder un sólo set. González fue quien estuvo más cerca de sacarle uno; también de jugarle de tú a tú, y hacerlo retroceder y defenderse. Era Roger, no cualquiera; el mejor de siempre.

Este año nuevamente vuelve Federer a la carga, Djokovic es el favorito y Nadal quiere revancha; parte el abierto de Australia, el mismo del año 2007, cuando González desplegó lo mejor que se le vio, y se le aplaudió, y se le gritó sin pensar en la garganta. Ese torneo que se juega en verano, como ese verano de Fernando González. #BB

Acerca de Roberto Meléndez 414 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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