El valor de Pirlo

El valor de Pirlo no radica en la cantidad de títulos que haya obtenido; ese resumen tan cierto como insípido con el que trata de dividirse la historia deportiva de un futbolista. Aunque en su caso lo ganó todo, y no como mero actor de reparto; Pirlo tiene la vitrina llena y en rol principal.

El valor de Pirlo no se entiende si el fútbol se mide solamente como una escalera de goles durante una liga; o la ejecución de vibrantes slaloms a toda velocidad entre las defensas rivales; o del esfuerzo de inigualables kilómetros recorridos durante más de noventa minutos. Porque Pirlo no fue un goleador consumado; ni un regateador de potrero sudamericano; ni salía del campo de juego sin aire y ovacionado por llevar en la cabeza un parche lleno de sangre. No, no era ese tipo de jugador.

Pero, incluso sin aquellas características, su estilismo y profundidad a la hora de dirigir el desarrollo del juego lo situaron como una referencia fundamental de la cancha, de la atracción de la cámara, y del aplauso del hincha…propio y contrario.

Pirlo de niño, entre el vino con agua que le daba su madre y las pelotas que le pinchaba el campo, soñaba con algún día jugar por el Inter de Milán. Y quienes conocían la capacidad del muchacho le reconocían opciones, aunque más de alguno ponía los paños fríos y señalaba que tal vez no tuvo mucha suerte de nacer en Italia. Es que el juego atildado y galano que mostraba, poca comunión hacía dentro de un fútbol fiero y táctico como el Calcio. No obstante, Pirlo siguió lustrando fantasía, cotejo a cotejo, sin discriminar si se trataba de entrenamiento, pichanga o partido por los puntos; creyendo en sí mismo, aunque sin exagerar. Al poco tiempo su nombre ya era descrito como promesa, y el club de su provincia, el Brescia, se frotaba las manos.

Después de cuatro temporadas desde su debut, la posibilidad de pasar a un grande como la Neroazzurra interista le llegó en 1998, con 19 años. El sueño, a temprana edad, se le cumplía. Sin embargo, de tres temporadas sería cedido en dos de ellas -una completa en el Reggina, donde destacaría; y otros seis meses al club de sus inicios, el Brescia-, dejando claro el escaso interés que provocaba en una mitad de la Lombardía el delgado y callado medio punta. Pero bastaría con los seis meses que tuvo de regreso a Brescia para perfilar con otra dimensión su carrera. Ahí compartió camarín con su ídolo, el mítico Roberto Baggio, y la presencia de este obligó al retraso en la posición de Pirlo, convirtiéndose en un interesante y promisorio volante moderno. Al natural talento de Pirlo, ahora la cancha le entregaba otros espacios, otra perspectiva, y le salía natural guiar el movimiento de sus compañeros, con los pies como extensión de su cabeza.

Carlo Ancelotti, atento y vivo, puso los ojos en él, y sería en la vereda de al frente, en el AC. Milán, donde fluiría todo su caudal futbolístico. Junto a un equipo ganador y equilibrado, Pirlo supo convertirse en referente de un nuevo concepto de volante central, desarrollando la arquitectura desde campo propio. Y junto al fiero Gatusso, su opuesto complementario, supieron dar catedra en Italia y Europa. Y más allá de tragar derrotas, en penales con Boca o el milagro de Estambul, Pirlo y el Milán supieron consolidar una época de equipo serio, con las piezas justas, poco marketing y bien intimidante.

Con los años el poderío del Milán se vio disminuido, como también la dinámica de Pirlo, a quien incluso dejaron libre el 2011, pues ya creían que su mejor momento había terminado. Pero Pirlo no era un jugador de ráfagas, ni de rachas, ni tampoco alguien que dependiera de la velocidad de sus piernas; estaba todo en su cabeza y Conte, técnico de Juventus, le recobró la memoria. El fútbol le dio una bofetada al mercado y Pirlo estiraría todavía más su recuerdo; uno que lo vincula al buen fútbol, a la técnica depurada, a una pegada exquisita.

El valor de Pirlo es que supo adaptarse y evolucionar adentro de la cancha; sudando lo necesario, pisándola lo justo, aunque al lujo nunca le temió; y pensando, e imaginando, e improvisando en colectivo.

El valor de Pirlo es que parecía un aristócrata, pero solo porque era demasiado bueno, en el resto, fue siempre un trabajador de equipo, con esa cuerda de genio popular que no escapa de la normalidad, porque, así como fue campeón del mundo, también fue eliminado dos veces en primera ronda; y lloró de la buena y lloró de la mala, siempre tratando bien a la pelota, al juego, y a los ojos de los hinchas. #BB

Acerca de Roberto Meléndez 401 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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