El retiro de Gustavo

Hace un rato lo supimos, aunque era algo que venía dando vueltas ya desde hace un par de semanas: Gustavo Canales, el Mágico, uno de los mejores delanteros que pisó pastos chilenos en la última década, cuelga los botines. En La Serena, Unión Española y Universidad de Chile supieron disfrutarlo.

Los papayeros le abrieron las puertas cuando era un completo desconocido; de arranque, en doce partidos, convirtió once goles. Tras un paso por el Once Caldas colombiano regresó a Chile, nuevamente a la Cuarta región, confirmando que romper redes era lo suyo.

Unión Española fijó los ojos en él. En poco tiempo se ganó al hincha hispano con sus goles relevantes y golazos. Aquello le dio la posibilidad de partir a River Plate. Sin embargo, las oportunidades en el equipo de la banda sangre fueron escasas, abriéndole una salida que marcaría uno de los puntos más altos en la carrera de Canales: Universidad de Chile.
En la U, Gustavo sería determinante en clásicos y finales. Imposible no recordar la noche en que con tres goles suyos el equipo de Sampaoli daba vuelta una final “imposible” ante la Católica de Pizzi. Con los azules obtendría el bicampeonato de ese año y la Copa Sudamericana.

Canales comenzó en el profesionalismo a los 22 años, una edad tardía en el fútbol, en el humilde Deportivo San Roca, de su ciudad natal. Por la ventana y a última hora decidió intentarlo. En el barrio era conocido por su talento, porque eso siempre tuvo Gustavo, y aquello se reflejaba en una técnica depurada y natural, con la que sacaba ventajas a un toque, de espaldas y frente al arco.

Recuerdo haberle escuchado en una entrevista radial, allá por el 2009, sus inicios. Él no estaba convencido, porque cuánto buen jugador hay en todas las canchas del mundo, se decía a sí mismo. Lo que es cierto, pero él, probablemente propio de su personalidad original, negaba verse como uno de ellos. Sería su esposa quien le dijo con insistencia que debía probar, que no perdía nada, que podían soportar el hambre un rato, que quería verlo contento, o, al menos, sin la carga de no saber qué hubiera pasado. En esa entrevista Gustavo se emocionó, y seguramente fue por algo tan simple de darse cuenta que él estaba ahí, en una radio, como futbolista.

Es probable que esa llegada tardía y el a quién sentía que se lo debía, lo hayan hecho observar el futuro con filtro inmediato, además, ya rondaba los treinta años. Después de ganarlo todo con Universidad de Chile, se fue a asegurar el chancho a China. Personalmente nunca compartí esa decisión, porque el nivel de Canales emergía con fuerza, pero la vida se vive desde los cuerpos, no desde las opiniones ajenas.

En China duraría apenas un semestre y regresaría a Sudamérica, al Arsenal de Sarandí, donde vivió uno de los momentos más duros como futbolista al convivir con muchas lesiones y luego ser sancionado por un extraño doping. Muchos creyeron que la carrera de Canales estaba acabada. Sin embargo, desde Chile no lo olvidaban y fue Unión Española la que confío en el jugador. Era el lugar ideal para reencontrarse consigo mismo: en un ambiente conocido, sin las presiones de los equipos más mediáticos, reconstruyéndose en silencio. Pagó con goles, asistencias claves, un campeonato y una Supercopa nacional el año 2013.

A Gustavo aún le quedaba un pendiente con la hinchada azul y regresó para, en su estilo, levantar el trofeo a fin de año. Y ganaría también otra Supercopa y una Copa Chile.

Intentaría una última aventura en el Botafogo, de Brasil, para luego terminar su carrera con la camiseta de la Unión, peleando el título hasta la última fecha.

Gustavo Canales, hijo de madre chilena y argentino del interior, supo instalar su nombre en el humilde recuerdo de nuestras épicas peloteras. Los más pendejos lo recordarán como algunos de nosotros al Beto, al Bombero, al Pelao De Luca. Guardando las proporciones en cada caso, y en cada nostalgia, que finalmente es la verdad del pasado. Y él, lo más seguro, es que cuando vaya a una entrevista en la radio se emocione, porque mirará para atrás, y más allá de atrasos, lesiones y posibles errores, verá una cancha con su imagen de joven, y no un sueño trunco. #BB

Acerca de Roberto Meléndez 407 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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