El relato de Arturo Salah

Es momento de frenar el hueveo, para ello tan importante como los hechos, es la implementación de un discurso. Sí, parece un planteamiento de derrame invertido, pero es algo que la opinión publica necesita, guiarse por directrices claras, que se sometan al cuestionamiento, al debate y por qué no, a la siempre urgente necesidad de renovar las expectativas; expectativas que hoy viven hundidas y escondidas debajo de mucha mierda.

Arturo Salah, más allá de objetivos generales, no ha envuelto ni a su figura ni a su mandato, al menos hasta ahora, de eso que en política se llama ‘el relato’. La vara cayó al piso y desde ahí, la mera insinuación de una relación permanente con el fútbol lo ha apropiado de relativa aceptación popular, pero en ningún caso esta se ha revestido de entusiasmo. Y mientras las testeras de poder en el fútbol nacional recorren estrechos pasillos que sólo vinculan mediocres ganancias para las instituciones afines, la avenida popular desconfía de todo, sospecha de todo y lo que es peor, saca la mirada de algo que le pertenece por derecho propio, mal que mal quien alimenta al final de este camino el negocio es el hincha, es él quien desarrolla el lenguaje y financia con su atención y pasión la actividad. Si Salah pretende tener éxito en su gestión y a la postre números azules, reencantar a la fanaticada y restablecer las confianzas se torna esencial. La pregunta que queda es saber hasta qué punto esa idea tiene sustancia en el proyecto. Si el nuevo presidente cree que su gestión simplemente radica en monitorear la transparencia, enarbolar un discurso políticamente correcto, imitar estrategias deportivas europeas y luego mostrar un balance positivo a los asociados, sin duda, no logrará dar el salto hacía no sólo una directiva cercana y empoderada, sino que principalmente legitima.

Hoy el fútbol chileno se implica básicamente cuando juega la selección y también en la natural evangelización sociocultural y familiar que han generado apegos con ciertos equipos profesionales, pero no es desconocido para nadie la progresiva lejanía con que los jóvenes e incluso los adultos se relacionan con el día a día del fútbol local. Goles y compactos a la velocidad de la luz en los noticieros, abreviando en el ridículo; partidos que sólo llegan a quienes pueden pagar; horarios criminales y sin ningún incentivo para que la gente asista a los estadios; nulo control de la violencia en los recintos deportivos; involución, desorden y desorientación en el formato de campeonato; ausencia completa de regulación para agentes que compran barato y venden un poco menos barato, desabasteciendo de calidad, exigiendo importaciones de dudosa jerarquía y para colmo mutilando carreras promisorias por el apuro de una ganancia de corto plazo alrededor de palabras llenas de humo.

Hoy la atención está puesta en la continuidad de Sampaoli, algo de suyo importante, pero recaer el saneamiento y tranquilidad del balompié chileno en el de Casilda y la selección sería no entender realmente el problema.

Arturo Salah fue jugador, fue técnico, también directivo; ahora es presidente, pero seguramente nunca ha dejado de ser hincha y ese pantalón es el que debe asumir como hombre de fútbol que dice ser. Pensar en el fútbol joven, pensar en la calidad del campeonato local, pensar en cómo abordar de manera seria el tema de las barras bravas, pensar en los chilenos que amamos la pelota y queremos sentir orgullo e identificación con el fútbol que vemos. Si en cambio, Salah sólo va ser un funcionario que deje contentos a los 32 que están en el consejo, su futuro como presidente será inadvertido pese a la roja, aunque logre mantener a Sampaoli en su puesto e incluso aunque traiga Guardiola en reemplazo de este.

Arturo Salah debe tener algo claro, que quienes le dan pantalla, migajas de poder y razón de ser a esos 32 del consejo, somos los hinchas; que el fútbol sin hinchas, no existe; y que en un mundo globalizado como el de hoy, ser del Barcelona no es descabellado, sólo basta darse una vuelta por cualquier playa del litoral central o por el paseo Ahumada y ver qué camiseta es la que domina en los cabros chicos, y ahí el CDF no tiene los derechos y según entiendo, ese equipo no vota en Quilín. Si no quieren un fútbol vacío y encaminado a la pobreza, no sólo materia también cultura; el discurso exige que lo esencial sea esencial, y como bien dijo Bielsa, en el fútbol pueden faltar todos, menos los hinchas. Arturo Salah, ¿tendrá en cuenta aquello a la hora de elaborar un relato?, y acaso algo tan importante como eso, ¿tendrá la personalidad para plantearlo desde la tribuna destinataria y popular de este deporte? #BB

Acerca de Roberto Meléndez 385 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
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