«El presi»

Y ahí estaba el Presi, engulléndose unos churros con manjar, con los ojos bien abiertos y la cajita de puchos esperándolo una vez se saciara. Era buen tipo el Presi, de esos que se ponía la mano en su bolsillo para lavar las camisetas, los pasajes de la micro o simplemente poner la cara para que fiaran las bebidas pal equipo. Sí, el Presi era de esos dirigentes de verdad que hacía las cosas por gusto, por buena voluntad; no se trataba de reconocimiento, ni de tibia fama, ni menos de acomodarse en una miserable cuota de poder en el barrio, eso lo tenía ganado por arrojo y deseo honesto.

Tampoco es que fuese un ángel y un manojo de virtudes, más de una vez le fue infiel a la señora Carmen, más de una vez se gastó las lucas de la familia en copete y más de una vez pegó un puñete injusto, pero que es vivir sin tragar el barro, y por ‘Torre de arena’, la institución de su vida, se la jugó entera. 2 meses tuvo a sus cabros chicos comiendo arroz con jurel por asumir la deuda con el Palitroque Guzmán, un ’11’ de primera que no llegó de flojo, pero que en la tierra del barrio le sacaba jugo hasta a las piedras. Y ahí, mientras el palitroque invertía los morlacos en putas y cervezas que le pagaba el Presi por jugar los domingos en el ‘Torre de arena’, él y los suyos al arroz con jurel y el vaso de agua. ¡2 meses! Sobra decir que la señora Carmen le cortó el agua durante todo ese tiempo. Es que para el Presi, el compromiso con el club estaba por encima de todo, incluso de la responsabilidad hacía su familia, porque era una persona que no dudaba en abusar y estrujar el cariño de su gente, lastimando las confianzas en función de una pasión personal. Esa cosa egoísta pero a la vez sincera, que reúne el amor alrededor de una identidad que no cede.

El Presi fue nacido y criado en el barrio, ahí se hizo y vivió, siempre rondando la sede del ‘Torre de arena’, el equipo donde jugó su viejo, uno que no volvió más después de un accidente en la mina. Se abrazó a la calle, a su pelota y a los consejos del flaco Raúl, un poeta bohemio y de cuneta, su amigo del alma.

En el ‘Torre de arena’ jugó desde la infantil, y sin ser destacado, la de titular nunca la soltó; primero como puntero, luego como lateral, finalmente como volante. Rápido no era, pero técnica siempre tuvo, mal que mal gambeteó de chico al tiempo, sus problemas y un terreno siempre disparejo, que como la vida de muchos, no queda más que encarar y ganarle. Nunca pudo sacarle una mirada de orgullo a su padre, no alcanzó, pero sí fue la chochera de su vieja, una ama de casa que tras el fallecimiento de su esposo, no tuvo más que emprenderlas de nana y así alimentar a sus tres críos’. Ya no los vería crecer, pero al menos había algo que comer y los domingos, sagradamente, ella estaba ahí viendo jugar al Presi, conteniendo las lagrimas que impone el carácter adquirido.

Ya más grande, la idea era impresionar a una joven Carmen, una muchacha robusta que no le devolvía la mirada. La persiguió por años, incluso tras un piropo se ganó flor de cachetada; más la quiso. Es que la Carmen era de esas mujeres fuertes, independientes, que no le temía ni a su lengua ni a su cabeza, y ese es un encanto persuasivo, de difícil comprensión para un hombre, pero exquisitamente atractivo. Cuando el Presi se cansó de tanto rebote, se alejó, ahí ella al fin se sintió aliviada y ya más libre, fue quien lo buscó. El primer beso fue tras una pésima cita en la que casi los asaltan; a la cama se fueron luego de una fiesta bien ebria en que el flaco Raúl les presentó el ‘soul’ de Otis Redding; un año después, con la panza ya hecha, se casaron en la sede y con todo el barrio invitado.
Acumuló frustraciones y pegas diversas, se mandó cagadas y no todas por accidente, pero así también fue creciendo. Ya con dos hijos, se forzó a ser serio y junto al flaco pusieron la panadería. Al principio no hubo más que perdidas y sobrepeso, pero ahí estuvo la Carmen para poner orden, y mientras el flaco amasaba, el Presi con el furgón volaba, compraba y repartía. ¡Cuánta risa, garabato y llanto hubo en esa panadería!

El club estaba sin un peso, la sede hipotecada y el equipo perdía sin freno, y ahí apareció el Presi, cuando todos se escapaban y se culpaban en murmullos y de espaldas. El Presi no hizo inquisición ni mayores meollos, hizo lo que podía y fue suficiente para salvar a la institución que le brindaba buena parte de su pasado, de su presente y de su identidad, es decir, eso que apelamos como futuro. Quedó más pobre y con la conciencia hueviada después de tanta artimaña, pero qué era tener menos para alguien que nació en menos y qué era un par de papeleos truchos en comparación al club que le daba reunión y lenguaje a una comunidad completa. Y cuando veía llegar a las nuevas generaciones, llenos de ilusión con la pelota salpicando, haberle mentido al banco no era más que heroísmo. Y cuando veía la camiseta del ‘Torre de arena’ con el nombre de su panadería en el estomago, por supuesto que había orgullo y una sana vanidad. ¡Qué bonitos esos tiempos del Torre de arena! Y en el fútbol, todas las divisiones bien arriba en la tabla, más de una copa a una vitrina de origen escuálida y 2 de los pollos llegaron a profesionales.

De repente, sin previo aviso, el Presi cayó en la cancha y no se paró más. No llegaba ni a los 45 años. Nunca hubo un día más triste en esa cancha, el luto aún persiste en el barrio y la sede del ‘Torre de arena’ ahora se llama como él, Juan Urzúa. Hay una foto de Juan Urzúa en la entrada de la sede, sale riendo, con la camisa abierta, engulléndose unos churros con manjar, con los ojos bien abiertos y la cajita de puchos esperándolo una vez se saciara. Dicen que lo mató el dulce, también dicen que fumaba mucho, al menos lo que duró, valió la pena.

Todavía lo extrañan, extrañan ese caminar simple, con la vista en la cuadra; es que eso era él, un tipo que no necesitaba mirar más allá de lo suyo para reconocerse, y todo ese paisaje era suyo, o eso creía, que es casi lo mismo. Y cayó, cayó en su cancha, con la camiseta del club amado, adornado con el nombre de su panadería.

La panadería sigue funcionando y la señora Carmen abre sagradamente a las 7 de la mañana, con pena pero valiente; los hijos del Presi por supuesto fueron evangelizados en el amor hacía el club. El menor es el arquero de la infantil.

El flaco Raúl ya no sigue allá, se dio cuenta que la vida es breve y fue en búsqueda del poema que todavía no escribe. Lo conocí hace poco, apostando en un teletrak y entremedio de las carreras, me contó esta historia. ‪#‎BB‬

Acerca de Roberto Meléndez 414 Articles
Creador de Barrio Bravo. 30 años. Viviendo en la playa y escribiendo. Delantero con poco compromiso defensivo. Galán de rachas... esperando que llegue la racha. Convencido de la validez y fuerza de esta idea. Agradecido de todos quienes le dan el aguante a este espacio. Salud.
Contacto: Twitter

1 comentario en «El presi»

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*